Capítulo 38

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Se quedaron en Irlanda un par de días, disfrutando de la felicidad que les produjo la proposición de matrimonio de Lena y sabiendo que todo había encajado por fin. Era pura felicidad, y ambas podrían haberse quedado allí para siempre, pero finalmente se marcharon, listas para volver a casa y dar la noticia a su familia y amigos. Kara había decidido no avisar a nadie hasta que volvieran, para que las dos pudieran disfrutar del momento por sí mismas durante un tiempo. Sin embargo, no harían público su compromiso hasta dentro de un tiempo, porque no querían la atención añadida de más reporteros merodeando a su alrededor, así que cuando aterrizaron en Ciudad Argo, Kara se quitó el anillo y lo guardó cuidadosamente en el bolsillo de su abrigo. Lena le dedicó una sonrisa secreta, recogió su mano y besó el lugar donde había estado el anillo, antes de unir sus manos y caminar hacia la puerta que se abría al cielo soleado del exterior. Sintiéndose nerviosa, como si todo el mundo pudiera ver lo que había sucedido escrito en su rostro, Kara le devolvió la sonrisa, dándole un rápido apretón en la mano, antes de salir del avión y bajar las escaleras, yendo directamente al coche aparcado mientras sus guardaespaldas salían del avión detrás de ellas.

        El trayecto hasta el palacio no fue demasiado largo, y ninguna pudo evitar mirarse de vez en cuando, sonriendo tímidamente cuando se descubrían observándose. Para sorpresa de Kara, en cuanto puso un pie en el ala oeste del palacio, Eliza salió de una de las salas más pequeñas, justo al lado de la puerta, y fue directamente por la mano izquierda de Kara mientras sonreía alegremente. Su sonrisa se desvaneció cuando no encontró un anillo allí, y levantó la cabeza para encontrarse con las cejas levantadas de Kara.

        —¡No!

        Riendo, Kara sacó el anillo del bolsillo y se lo puso en el dedo anular, y Eliza soltó una exclamación de sorpresa, envolviendo a su hija adoptiva en un abrazo. Lena la observó con una mirada divertida, que se convirtió en sorpresa cuando Eliza la envolvió también en un abrazo, mientras las felicitaba a ambas.

        —Gracias —dijo Kara, entrelazando sus dedos con los de Lena y siguiendo a Eliza al salón.

        —¡Oh, Alex, Maggie! —dijo Kara sorprendida—. No esperaba que estuvieran aquí también.

        —Mamá dijo que íbamos a cenar esta noche —Alex se encogió de hombros con indiferencia.

        Kara se giró para dedicarle una sonrisa a Eliza, antes de volver a mirar a Alex, y respirar entrecortadamente. Su mano izquierda estaba en el bolsillo, y podía sentir el peso del anillo, que empezaba a ser familiar. Sabía que tenía que decírselo a su hermana, porque parecía que Eliza no lo había hecho

        —Así que, um, una historia divertida mientras estábamos fuera —comenzó Kara, arreglando nerviosamente sus gafas.

        —¿Su Alteza te arrastró a alguna fiesta salvaje en medio de Dios sabe dónde en Irlanda? —se rio Alex.

        Mirando a Lena, Kara enarcó una ceja y Lena reprimió una sonrisa.

        —No —respondió Lena con frialdad—. Le he propuesto matrimonio.

        Alex palideció, y ella y Maggie se quedaron con la boca abierta por la sorpresa. Kara sonrió alegremente mientras sacaba su mano del bolsillo, mostrando el anillo de diamantes mientras Alex se ponía en pie de un salto, corriendo para tomar la mano de Kara en la suya e inspeccionarla por sí misma.

        —No me lo puedo creer. ¿Te has comprometido?

        —Alex —suspiró Eliza, sacudiendo la cabeza con exasperación mientras tomaba asiento en el sofá y compartía una mirada con Maggie, que sonrió ligeramente.

Déjame ser tu reina [Supercorp]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora