Los medios de comunicación se han visto inundados de rumores y especulaciones durante las semanas previas a la boda: ¿llevarán los miembros de la realeza vestidos o sus uniformes militares? ¿Era cierto que Lena había ordenado que se soltaran diez mil palomas sobre la ciudad después de la ceremonia? (Ella le había asegurado a Kara que no era cierto: sólo eran mil, lo cual era perfectamente razonable). Y quién estaba invitado y quién no. Cuando llegó la semana de la boda, Lena estuvo a punto de decidir que se rendiría y que volaría en secreto a Las Vegas y se fugaría, porque un mes de noticias interminables sobre el evento era casi suficiente para que dejara de asistir a las bodas de por vida. Ambas estaban dispuestas a admitir que la interminable planificación había sido tediosa, aunque trataran de hacerla divertida, pero estaban haciendo una declaración. Iba a ser, potencialmente, la mayor boda del siglo, con su retransmisión en directo a todo el mundo, y con la decoración más fastuosa para ella. Nadie dudaría de su amor y compromiso mutuo. Kara se había sorprendido cuando Lena había abogado por lo más grande y lo mejor para todo, habiendo supuesto que Lena querría una boda pequeña e íntima, pero cuando se dio cuenta de que Lena la quería lo más grande y cara posible, no tuvo que preguntar para saber por qué. No importaba cómo había empezado su relación -no importaba por qué-, se habían enamorado por su cuenta, y toda la ocasión iba a ser un gigantesco joder a todos los implicados en el contrato, porque lo habían hecho por su cuenta. Kara estaba muy dispuesta a hacerlo.
Habían pasado meses revisando la decoración del pastel y debatiendo si diez pisos eran demasiados y si la vainilla era demasiado aburrida. Hubo interminables reuniones con diseñadores, hasta que encontraron al perfecto para ayudarles a diseñar individualmente sus vestidos, asegurándose de que se complementaran entre sí. Casi todos los días, durante un mes, hacían venir al palacio a los cocineros más destacados del mundo para que les preparasen la comida, con la esperanza de que fueran ellos quienes tuvieran el honor de servir el catering de la boda. Había sido una buena práctica para ambas, con la constante atención mediática, y habían salido airosas, a pesar de las reservas iniciales de todos. No importaba que la gente dijera que se iban a derrumbar bajo la presión, o que no llevaban suficiente tiempo juntas, los habían ignorado y habían seguido juntas, y finalmente llegó el día de la boda.
Kara no fingía que no estaba nerviosa -sabía que Lena fingiría que no lo estaba, aunque sí lo estaba- y no podía evitar juguetear con su anillo de compromiso mientras estaba sentada ante el tocador, con el pelo perfectamente rizado y recogido en su sitio. La idea de que las cámaras la enfocaran la ponía nerviosa, y aunque había sido igual en su coronación, esta vez no sólo tenía que asegurarse de no caerse, sino que tenía que fingir que no estaba nerviosa porque Lena no iba a aparecer. Era una tontería, y lo sabía, pero era esa vocecita molesta en el fondo de su mente que no desaparecía, aunque sabía que Lena iba a estar allí, quizá vestida de blanco, pero posiblemente con algo escandalosamente negro y gótico, sólo para cabrear a la iglesia. Sin embargo, a Kara le parecería divertido, aunque la hiciera gemir; se casaría con ella en harapos y seguiría pensando que Lena era la persona más hermosa que había visto nunca. Pasara lo que pasara, hoy se casarían, y Kara rezó en silencio para que todo saliera bien.
—¡Deja de moverte! —la regañó Alex mientras entraba, con el pelo recogido en rulos y una bata de seda color marfil atada a la cintura—. Te vas a desmayar si hiperventilas así hasta el altar.
—A ver si eres tan displicente cuando tú misma vayas al altar —dijo Kara, lanzándole una mirada exasperada.
Alex se rio mientras se acercaba a ella, colocándose justo fuera del camino de la mujer que la peinaba, para que no interfiriera.
—No saldré en la televisión nacional... espera, en la televisión mundial.
—Gracias, eso ayuda mucho —refunfuñó Kara, apretando los labios en una línea sombría—. ¿Te pusiste en contacto con Jess?
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Déjame ser tu reina [Supercorp]
FanfictionPrimera parte de las series: "Ella es una reina, su alma es de la realeza" de Lostariels. Cuando Kara llega inesperadamente al trono de Krypton, pronto se encuentra formando parte de un plan aún más grande que fue puesto en marcha por sus padres mue...
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