Capítulo 26

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Kara se encontraba en una de las salas de estar del palacio, sentada junto al fuego mientras dibujaba la vista al otro lado de la ventana. Era Nochebuena y todo el palacio olía a pino y canela. Kara rebosaba de ilusión, aunque estaba un poco nerviosa y apagada por culpa de Lena y su familia. Sin embargo, tenía a Alex, a Eliza y Astra, y juntas, las cuatro formaban una de las fiestas navideñas más improbables, pero al menos habría amor y felicidad; eso ya era algo. Mañana sería aún mejor, ya que los amigos de Kara y algunos de Lena vendrían a reunirse con ellos para la cena de Navidad, y eso era más que suficiente para que Kara tuviera el espíritu navideño. Por primera vez en mucho tiempo, el palacio estaba engalanado con árboles y muérdago, también con las más bellas estatuas y adornos importados de todo el mundo, Kara incluso había ordenado que se colocaran luces, y por la noche, todo el palacio brillaba como un faro de luz en medio de la ciudad. Había cientos de personas fuera de las puertas, día y noche, desde que se habían colocado las fastuosas decoraciones, y a Kara le encantaba situarse en las ventanas y verlos ir y venir, alegrándose un poco por el hecho de que, al menos, todo el mundo estaba contento

        —¡He encontrado el aguardiente de menta! —exclamó Alex sin aliento mientras entraba en la habitación con la botella agarrada en las manos—, y también he encontrado a alguien.

        —Sírveme un vaso de eso, ¿quieres? —le dijo Lena a Alex mientras pasaba junto a ella y se desplomaba en el sofá frente al fuego. Miró a Kara y sus cejas se alzaron—: ¿Qué demonios llevas puesto?

        Kara cerró su cuaderno de dibujo y sintió que su cara se ponía tan roja como el jersey que llevaba. Tenía la cara de un reno en la parte delantera y un pompón rojo en la nariz. Kara cruzó los brazos sobre el pecho, cohibida, mientras lo miraba.

        —Es un jersey de Navidad -todos los llevamos todos los años- y el aguardiente es para el chocolate caliente. Otra tradición.

        —Oh, joder, son una de esas familias —refunfuñó Lena—, déjame adivinar, ¿hacen galletas? ¿Y qué hay de ver una película?

        Alex se rio, cogiendo tres vasos del armario de los licores en el lado del fuego de la habitación y añadiendo un chorrito del licor a cada vaso, antes de hacer malabares con ellos mientras se acercaba al fuego. Le dio uno a Kara, y luego le dio un codazo a Lena, que se puso de pie, aceptando el vaso y moviendo las piernas para que Alex pudiera sentarse a su lado.

        —Sí a las galletas -de jengibre- y Kara probablemente nos hará ver Elfo porque lo hace todos los años y parece encontrarlo tan emocionante como siempre.

        Lena dejó escapar un fuerte gemido y echó la cabeza hacia atrás contra el sofá:

        —Debería haberme quedado en casa y darle cuerda a mi madre, suena menos tortuoso.

        Dejando escapar una carcajada, Kara le dedicó una pequeña sonrisa.

        —No lo dices en serio.

       —No, no lo digo en serio —suspiró Lena.

       —¡Oo, eso me recuerda! —dijo Kara, poniéndose en pie de un salto y vaciando su vaso. Lo puso en la mesa de café y le hizo una seña a Lena para que se pusiera de pie, pero Lena gimió de nuevo, escarbando contra las almohadas y frunciendo los labios ligeramente mientras miraba a Kara.

­        —Estoy cómoda.

        Resoplando, Kara le dirigió una mirada exasperada y comenzó a alejarse.

        —Bien, espera aquí y vuelvo en un minuto.

        Subió las escaleras y rebuscó en su armario un regalo envuelto y escondido, lo sostuvo bajo el brazo mientras salía de la habitación. Maggie la esperaba fuera, con el mismo jersey navideño que llevaba todos los años desde que se convirtió en guardaespaldas de Kara y ésta había insistido en que lo llevara -negro con un diminuto muñeco de nieve sobre el pecho izquierdo- y Kara le dedicó una brillante sonrisa. Volvió a bajar las escaleras a toda prisa y las encontró exactamente donde las había dejado; arrojó el regalo en el regazo de Lena cuando pasó junto a ella de vuelta al sillón. En un momento de pánico, Kara se dio cuenta de que se había dejado el cuaderno de dibujos fuera, y sabía que ninguna de las dos habría echado un vistazo, pero sólo de pensarlo se le aceleró el corazón, porque éste... estaba lleno de Lena, más que los otros, y sería mil veces peor que Lena viera los pocos que ocupaban los anteriores. A lo largo de los últimos meses, la proporción de Lena con respecto a otros paisajes y objetos fue creciendo, hasta que ella era lo único que Kara podía esbozar, aunque no estuviera allí. Tras meses de observaciones, se sabía de memoria todos los rasgos, y sabía cómo se curvaba el labio en una sonrisa, y cómo se formaba ese pliegue entre las cejas cuando fruncía el ceño, y el hoyuelo en la mejilla que Kara quería besar cada vez que aparecía. Saber cómo se veía era la parte fácil, pero Kara quería saber lo que ocurría en su interior; quería saber cómo se sentía Lena, sobre todo con respecto a ella, pero también con respecto a todas las demás cosas que mantenía tan guardadas y cerca de su corazón.

Déjame ser tu reina [Supercorp]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora