Final.

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—¡¡Hiyuu-san!! -gritó Araki corriendo hasta donde se desvanecía el cuerpo de su instructor.

Katsuki aprovecha el momento de desespero, desenvaina su arma listo para enfrentarse a quien sea.

—¡¡Bastardo!! -le dice el pelinegro a Izuku, quien no le permite llegar al hombre muerto. —¡¿Quién mierda eres?! ¡¿Quién diablos te ha enviado?!

—Déjalo, de nada te sirve saber mi nombre. –con la mano izquierda sostiene la hoz mientras que con la derecha el peso de hierro.

Los otros rebeldes que estaban escondidos salieron a atacar, Katsuki se acerca rápido; pero Izuku, quien los tenía más a su alcance, lanza la hoz hacia ellos tan rápido que no les da tiempo de defenderse.

Araki desenfunda su katana, quiere aprovechar ese pequeño momento en que el ojiverde no puede atacarlo con la hoz, pero siente al cenizo acercándose por detrás. Cuando voltea, las katanas de ambos chocan.

Más hombres se aproximan, Izuku deja a Katsuki pelear contra el pelinegro, de cualquier forma tiene que acabar con ellos ahora o después, ¿Para qué esperar? Prefiere cazarlos antes de que estos lleguen al ojirubí.

—¡Hijo de puta! -insulta Araki a Katsuki, este ni se inmuta, siguen en un duelo de quién aguantará más la espada del otro.

En el momento en que uno flaquee, el otro puede tomar la ventaja de esto, y si es tan fuerte, hasta podría ganar.

Quién lo diría, la resistencia del pelinegro se acaba, Katsuki le desvía la katana y en un rápido movimiento vuelve a blandirla contra el pecho de Araki.

Hubiera sido una estocada mortal, sino fuera porque Araki se mueve; sin embargo, su oreja es cortada y parte de su hombro también.

Cae de rodillas tocando el lugar donde se suponía debía estar su oreja, la sangre sale sin detenerse, maldice una y otra vez en voz alta, el cenizo no sabe si darle el golpe final.
Entiende que el chico está afligido por la muerte de alguien a quien probablemente admiraba, y que los planes que tenían ya no podrán cumplirse.

Lo entiende, pero él también tiene su motivo para pelear y no va a perder.

—¡¡Mátame!! -grita exasperado el pelinegro, haciendo que hasta Izuku volteara a verlo. —¡No puedo blandir la espada con un solo brazo! -le dice con lágrimas en los ojos.

El corte de Katsuki logró detener los movimientos de su brazo derecho, solo sentía pesadez en este, no podía levantarlo más.

Bakugo dudó mientras lo veía arrodillado frente a él, blandió su katana para sacar la sangre que quedó en esta y se dio la media vuelta yendo hasta donde Izuku peleaba contra otros, acabando fácilmente con ellos, sin necesidad de su ayuda.

—¿Cómo es que sabías el nombre de esas personas? -le pregunta ya llegando a su lado.

—Esa información llegó a mi por casualidad. -responde mientras forcejea tratando de quitarle la espada a otro con la cadena de su kusarigama. —Si el tal Yoshida aparece, me pregunto qué tan bueno será.

—¡Ja! No creo que sea la gran cosa, después de todo... -Katsuki gira su katana hacía atrás, y corre entre los tres hombres en línea frente a él, cortándolos en un santiamén. —Estos tipos son muy débiles.

—Nunca cambias. -sonrió Izuku con la katana recién robada entre sus manos. —Pienso que yo tengo ventaja ya que no están acostumbrados a mi estilo.

—Para ser un pacifista eres bastante presuntuoso cuando peleas. -dice finalmente regresando a su lado.


 -dice finalmente regresando a su lado

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Dekubaku En Edo - [Finalizada]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora