Capítulo (5)

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CHRISDIEL

Un fuerte ardor en su estómago junto a unas incontrolables náuseas, hacen que él castaño despierte de golpe. Abre sus ojos grandemente, cuándo siente como un líquido ácido reccore todo su sistema gástrico hasta llegar a su garganta. Sin poder contenerse, se levanta y camina rápidamente hasta el baño, abre la tapa del inodoro para posteriormente agacharse y depositar ese mal sabor que tenía en su boca.

Tres arcadas, fueron suficientes para que Christopher sintiera como sus ojos se llenaban de lágrimas, se sentía asqueado y cansado. Tenía más de una semana entera sintiéndose de esa manera, sabía que no era normal, sin embargo, no quería ir al médico puesto que su sueldo lo había gastado entre las compras de la casa y lo medicamentos del ojiverde.

Se levantó con cansancio, para luego enjuagar su boca. Suspiró y regresó a su habitación, miró el reloj y faltaban solamente una hora para entrar a su rutina laboral. Era viernes, y Richard no podía cuidar del ojiverde, por lo que desgraciadamente tenía que dejarlo solo por un par de horas.

Una vez listo, baja al comedor dónde ya se encontraba su hermano sentado.

—Buenos días, Er, ¿porqué no me llamastes para prepararte tu desayuno?— exclama, mientras se dirije a la estufa.

Él ojiverde suspira, para luego mirarlo tristemente.

—N-no quería que te levantarás temprano, no quería que fueras a trabajar— él castaño, suspira también.

Se da la vuelta en su dirección, y camina hacía él.

—Pequeño, sabes que tengo que ir, ya lo habíamos hablado—

—Me da miedo Chris, no quiero quedarme sólo— sin poder evitarlo, unas pequeñas lágrimas resbalan por su mejillas.

Christopher, lo abraza.

—Erick, Richard no puede cuidarte hoy. Además, tampoco te gusta quedarte con otras personas—

—Pu-puedo quedarme con Joey— susurra con sus mejillas sonrosadas.

Él castaño, lo mira con una pequeña sonrisa y una ceja alzada.

—Er, Joel también trabaja—

—Él me dijo que lo llamara cuándo quisiera, ¿puedes llamarlo?—

—Está bien— exclama resignado.

Prefería dejarlo con él rizado, y no sólo.

Toma su celular y marca el número del joven Pimentel.

—¿Buenas?—

—Oh, hola Joel, es Christopher él hermano de Erick—

—Hola Chris, ¿cómo estás?, ¿cómo está Erick?, ¿está bien verdad?— pregunta preocupado.

Christopher, sonríe. Sin duda ese chico quería a su hermanito.

—Él está bien Joel, no te preocupes. De hecho, quería hablar contigo, me pidió que te llamara— él rizado, siente cómo su corazón se acelera.

—Pasamelo, por favor— Christopher, asiente y le entrega el celular al ojiverde.

Erick, lo toma dudoso.

Chiquito (Joerick)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora