Sano Manjiro

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Hace unos meses se había anunciado el nacimiento del pequeño Ryuuguji, Emma y Draken parecían irradiar luz desde la llegada de su segundo hijo. Con cabello color del sol y ojos tan negros como la noche misma, los adultos no eran los únicos luminosos.

— ¿Y ustedes cuando? — preguntó Emma viendo a su hermano y la pareja del mismo, mientras le daba de comer a su pequeño de cuatro meses y el otro de seis años se mantenía observando.

Siempre era lo mismo.

Si llevan mucho tiempo siendo novios, la gente preguntará por la boda; si se casan y se van a vivir juntos, comenzarán a insistir de maneras sutiles para que tengan un bebé.

Manjiro y (N) podían decir orgullosos que tenían dieciséis años juntos y seis de casados, aún así, tener hijos nunca estuvo en sus planes, al menos no por una parte.

— Porqu- — comenzaba a hablar el pelinegro más pequeño, siendo inmediatamente interrumpido por una seria (N).

— Es muy pronto — dijo ciertamente cortante, se empezaba a cansar de la misma pregunta todo el tiempo. Si no era Emma, era su familia y demás amigos.

— ¿Pronto? — preguntó incredula la rubia — teniendo treinta y treinta y dos años jajaja~... Llevan casados algo de tiempo... Serán los padres más viejos en la liga infantil si siguen pensando que es muy «pronto». Además, vienen diciendo eso desde que se casaron —.

— Entonces es momento de dejar la pregunta de lado ¿No?... Porque insistir durante seis años con lo mismo es algo molesto... Los tendremos cuando sea el momento y por ahora no lo es —.

— (N) — llamó Manjiro a modo de regaño, no le gustó mucho el tono de voz que había empleado.

— Yo quiero sobrinos ¿Saben? — seguía Emma, sin percatarse aún de la creciente molestia en la otra mujer.

— Pues pídeselos a Shin'ichiro o a Izana. Ellos también son tus hermanos ¿No? — ese tono de voz otra vez — y si no mal recuerdo, a uno ya se le pasó la hora —.

Siendo instructora de yoga y spinning, la figura de su cuerpo llevó años de entrenamiento para lucir así, veía a un bebé cómo un arma de autodestrucción, además de un impedimento para todas las cosas que aún tenía planeadas y quería cumplir sin esa enorme responsabilidad sobre sus hombros.

— Mikey es el único que tiene pareja — respondió la rubia, dando su bebé a Draken para que se encargara de sus gases.

— Pues mis más sinceras condolencias por aquellas dos almas desoladas — se colocó una mano en el pecho con falso pesar, logrando que su cuñada apretara los labios.

Ahora ambas mujeres se estaban molestando y los hombres presentes no se encontraban muy dispuestos a meterse en esa discusión.

— Ves a los bebés como una perdida de tiempo, un impedimento o un estorbo... Es lo mejor que pueden pasarte en la vida — al menos Emma buscaba mantener la calma.

— Lo siento, pero no soy como tú — (N) no tanto.

— ¿Cómo yo? — alzó una ceja — ¿A qué te refieres con eso? —.

— Dedicada a mi casa y esclava de mi cocina, siempre dispuesta a cumplir con todo lo que pida mi marido. Típica y perfecta ama de casa cuyo único talento se basa en las tareas del hogar... tengo trabajos, un cuerpo que mantener y muchas cosas que quiero experimentar antes de ponerle una maldita ancla a mi vida con tan solo treinta años de edad — hizo una pausa — además de ser un desperdicio de dinero, pues tengo implantada una Y de cobre —.

Esto último dicho a Manjiro lo desconcertó.

— ¿Te colocaste un aparato anticonceptivo sin mi consentimiento? — preguntó, interrumpiendo en la conversación de las dos mujeres.

ONE SHOTS • Tokyo RevengersDonde viven las historias. Descúbrelo ahora