Jennie Kim, una importante empresaria de Corea del Sur, casada con una joven de su misma clase social. Su vida parecía perfecta...pero para su desdicha, eso estaba muy lejos de la realidad.
Roseanne Park, una joven que después de la muerte de su pad...
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Afortunadamente mi madre pasó tranquila toda la noche. Estoy en espera de que la señora que la cuidará llegue para irme a descansar. A decir verdad estoy agotada. Estuve toda la noche dándole vueltas a la conversación con mi padre y estoy segura que se trae algo entre manos.
—Buen día Srta. Kim, vengo a quedarme con su madre, usted puede ir a descansar.
—Estaba esperándola, muchas gracias. Aquí tiene mi número para que me avise cualquier cosa por favor. —me dirijo hacia la cama donde mi madre descansa y le doy un suave beso en la frente, intentando no despertarla.
—Por supuesto, yo la mantendré al tanto.
Salgo de la habitación y en el pasillo tomo mi celular para llamar a Rosé. Luego de dos timbres escucho su hermosa voz al otro lado.
—Buen día preciosa.
—Buen día amor.
—¿Cómo sigue tu madre?
—Mucho mejor, ahora mismo voy camino a casa para descansar. Esta tarde o noche pienso hablar con mi padre, esa conversación pendiente me tiene algo estresada.
—Jennie...te lo dije ayer pero no está de mas recordarte, lo que necesites, sea lo que sea cuentas conmigo. Estoy tratando de resolver todo para que mi tío y yo podamos viajar, pero por favor no olvides lo que te acabo de decir.
—Es lindo saber que no estoy sola, gracias mi amor.
—¿Me puedes explicar con quién demonios hablas Jennie y por qué le llamas mi amor? —escucho la voz inconfundible de Lalisa a mis espaldas.
—Con quien hable no es tu problema y que yo sepa no tengo porqué darte explicaciones.
—¿Amor, quién es esa que se atreve a hablarte en ese tono? —escucho a Rosé preguntar.
—No es nadie amor, no te preocupes. —puedo ver a Lalisa roja de la rabia e intenta acercarse a mí par arrebatarme el celular de la mano.
En ese preciso momento uno de mis guardaespaldas se para frente a mí impidiéndole el paso.
—Señorita, le agradezco no se acerque a ella.
—Quítate imbécil, ¡¿Qué no sabes que es mi esposa?!
—Le repito, no se acerque a ella o me veré obligado a usar la fuerza para impedírselo.
—Ex-esposa Lalisa, y aprovecho para decirte que no tenemos nada de que hablar. —camino hacia el elevadorretomando mi conversación con Rosé.
—Lo siento, no esperaba verla en este lugar amor.
—Parece que esa idiota sigue sintiéndose con derecho sobre ti. Te llamó su mujer jaja.