Como si fuera una máquina, Jacob se quito los pantalones y los botines al tiempo que dejaba mis cosas juntas.
Agarré su mano cuando lo note sonrojar, sus ojos se desviaban por todo mi cuerpo. Su mirada oscura me hacía estremecer, pero me sentía a salvo a su lado.
Caminamos hasta meternos en el frío agua, me solté cuando mis pies se fundieron en la arena mojada de la orilla, me quedé unos momentos ahí disfrutando, dejando salir un jadeo de placer.
Con los ojos cerrados aún, camine hasta que el agua me llegó por debajo de los pechos. Jacob me seguía desde detrás.
Me tumbe y me deje llevar por la marea, me encantaba no tener el control.
Cuando lo note a mi lado, deborandome con la mirada no pude evitar preguntarme; ¿qué me veía tan interesante desde aquel día en la playa? Lo más probable es que sintiera pena por mí.
Me levanté dandome cuanta que la corriente me había arrastrado hasta que el agua me llegaba al hombro. Sentí el miedo recorrer mi cuerpo.
—¿Qué pasa?
Jacob tenía su mano junto a la mía, y me miraba directamente a los ojos, me sonrojé ante lo que estaba a punto de decir.
—No sé nadar.
Jacob asintió tras unos segundos con una sonrisa, sin esperarmelo ya me había levantado.
Por instinto, lo abracé con mis piernas por la cintura, y mis brazos se afianzaron en su cuello.
Lo tenía muy cerca, lo miré pudiendo ver sus tupidas velas, el ligero vello que tenía en el bigote, y esos ojos que antes parecían oscuros pero ahora se asemejaban más al caramelo.
—¿Te parece si vamos un poco más adentro?
Sentirlo tan cerca había anulado todo uso del raciocinio, mis neuronas habían muerto al sentir su aroma natural colarse por mi nariz.
Asentí sin terminar de entender sus palabras, solo podía centrar mi atención en su rostro, ¿siempre había sido tan hipnotizante?
Sentía al agua sacudir mi piel, pero me sentía a salvo. No note cuando nos paramos, ni cuando hundió su cara en mi cuello oliendo cuál perro.
Sonreí al sentirlo cuando pude escapar un poco de ese entumecimiento, llevé mis manos a su pelo y tiré levemente de él, quería volver a verlo.
—No hagas eso.
Gruño en mi oído. Mi cuerpo se estremeció poniendo la piel de gallina. Como chica obediente volví a hacerlo, sentía que moriría si no volvía a ver sus ojos marrones.
Me miró con esa mirada oscura que había mantenido desde que empecé a desabrocharme la camisa, sonreí perdiendome nuevamente en sus facciones y su olor.
—¿Siempre has sido tan hermoso o solo es el efecto del agua?
Las palabras salieron antes de que mi cerebro pudiera filtrarlas. Fue entonces cuando volví a la realidad y me reprendí por dejarme llevar de esa forma, ¡apenas lo conocía! Nadie me aseguraba que no fuera un abusador.
Aparte mi vista de él y la centre en el agua transparente, Jacob estaba sonriendo, podía notarlo. Su mano acarició mi cintura.
—¿Te has puesto roja?
Sentía la sangre seguir acumulándose en mi rostro.
—No—esperé un par de segundos para volver a hablar—. ¿Podrías llevarme hasta donde de pie, por favor?
Tras un par de segundos nos volvimos a poner en marcha hasta que de paro, me baje y ya lejos de él, volví a mirarlo.
—Eres hermosa.
Aparte la vista, quise negar, pero no quería parecer como si estuviera desesperada porque alguien me dijera cosas bonitas.
—La belleza es subjetiva.
Empecé a caminar hacía la playa, cogería el bus y me iría de nuevo a casa de Charlie; ya la había cagado suficiente hoy.
Su mano me detuvo, tenía mi muñeca sujeta, el calor que emanaba no era normal. Me giré para encararlo.
—Eres hermosa.
Repitió lento, como si tuviera que explicármelo. Asentí incómoda porque me dejará irme. Jacob soltó mi muñeca, camine aún más rápido hacía la orilla, me quise golpear al notar que no podía utilizar la varita para secarme.
Grité internamente, me puse la falda color café y la camisa blanca. Me senté en la roca con la esperanza de secar mis pies antes de ponerme los zapatos.
Jacob frente a mí se había puesto sus pantalones y me miraba con genuino interés.
—¿Qué pasa?
Pregunte confusa, ¿por qué siempre me miraba de esa forma? No era tan interesante.
—¿Quieres ropa seca? Puedo-
—No te preocupes—le corte disfrutando de los leves rayos del sol—, estoy bien así.
Nos volvimos a quedar callados, cerré los ojos y dejé que mi cuerpo empapara la ropa. Me sentía agusto de esta forma.
Saque un cigarro, lo encendí, sonreí al escucharlo gruñir, luego lo lleve a mis labios y le di una calada. Dejé que el humo me quemara y pudriera por dentro. Luego solté el humo.
El olor de la sal y el tabaco era una mezcla a la que podría acostumbrarme con el paso del tiempo. Tal vez Forks tuviera cosas buenas.
—¿Cuáles son tus demonios?
La tranquilidad se rompió al sentir su voz tan cerca, él estaba sentado junto delante de la roca, como un niño que esperaba por su lección diaria. Tomé otra calada.
—Mi primo tuvo que sacarme de mi casa, mis padres no hicieron nada por impedírselo más que recriminarme.
Sus ojos se abrieron levemente, me miraba con pena. Aparte la vista sintiendo el enfado correr por mis entrañas.
—¿Por qué te recriminaban?
Pensé si decírselo. Me levanté y me puse los zapatos.
—Ya es tarde, me voy a la casa de Charlie.
—Te llevo.
No hablamos más mientras caminabamos a no sé donde, Jacob junto nuestros dedos meñiques, pero ninguno habló de nada más hasta que llegamos a otra cabaña.
Jacob entró unos momentos, salió Billy y me saludo, después Jacob salió con las llaves en sus manos. Nos despedimos de su padre.
—¡Rouse!
Jacob había abierto la puerta del copiloto para dejarme pasar, me giré a ver a Billy.
—¿Qué ocurre, Billy?
—A ver si vienes más seguido.
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MAGIC //Jacob Black//
Hayran KurguPrimrouse Dursley tiene que mudarse a Forks con su tío por unos problemas en el colegio, además su llegada se mezcla con la imprevista boda de su prima Bella. Lo que Primrouse no sabe es que, a días de la boda, conocerá al amor de su vida; un alto l...
