Esa voz que fue todo para mí durante mucho tiempo, la única que quería escuchar en mi vida sin cansarme, la única que hacia que mis pesadillas se esfumaran, pero escucharla ahora me producía unas náuseas enormes, estaba paralizada, mi estómago se revolvió tanto que las ganas de vomitar fueron inminentes, mi respiración era demasiado angustiosa, sentía punzadas enormes en mi pecho, mi piel ardía como si tuviese una daga perforandola, no podía dar ni siquiera un paso ni mover mi cuerpo.
Quería hacerme la tonta idea de que no volvería. Pero Wanda tenía razón. Ahí estaba ella detrás de mi, sentía su maldito perfume, ese perfume que siempre le regalé.
Cerré los ojos tratando de respirar bien, pero nunca pasó y en vez de eso las lágrimas empezaron a salir como una quebrada en mis mejillas sin poderlo evitar.
-- Mamá, mamá, mamá, es la tía Yelena -- joderrrr se acerca Aarón agarrándo mi mano -- ha vuelto y ya la conozco en vivo -- dice con alegria, que mono mi niño.
Disimuladamente me seco el rostro para que mi hijo no se de cuenta fallando en el intento Me agacho quedando a su altura con una sonrisa finjida que luego se convierte en sollozos.
-- Mi amor -- acario sus mejillas con las manos hechas una gelatina -- ¿Podrías ir donde la tía Wanda?
-- ¿Mami estás bien? ¿Por qué hay agua en tus ojos? -- me limpia delicadamente
-- Estoy bien cariño -- beso el dorso de su mano -- ve con Wanda, bebé, ella te necesita.
-- ¿Estás segura? ¿Quién te hizo daño? Puedo defenderte mamá
-- ¡Ay amor! -- una sonrisa melancólica salió de mis labios temblorosos -- eres un chico valiente, mi chico valiente -- doy un beso en su frente -- ahora ve con tu tía, ella está triste y te necesita -- mi hijo, porque es solo mio, asiente con una sonrisa.
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