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-- Joder, se me hizo tarde, definitivamente madrugar no es lo mío -- gruñí metiendo mi laptop a la mochila y saliendo rápidamente de la habitación a grandes zancadas.
Anoche estuve despierta hasta altas horas haciendo un trabajo de literatura que debo presentar hoy a la profesora Foster.
Bajé las escaleras de la casa como pude, incluso saltándome algunos escalones para llegar más rápido al comedor donde estaba mi hermano mayor ya casi terminando de desayunar.
-- Uno de estos días vas a caerte y te romperás las costillas.
Escuché su voz reprendiendome cómo casi todos los días, no sé cómo le hace para estar tan reluciente a esta hora, su ropa no tiene ninguna arruga, su peinado es jodidamente perfecto y sus zapatos totalmente relucientes, yo a duras penas me levanto y puedo caminar.
Si bien no nos parecemos en nada, nuestra relación es muy muy buena, desde que nuestros padres murieron en un accidente hace cinco años, él es quién se ha encargado de todo, los negocios, las empresas, la casa, de mí, no se cómo puede con tanto, sobre todo conmigo.
Puede llegar a ser un tipo serio, bastante estricto, pero conmigo es diferente, es el pan más blando y dulce que existe en el mundo.
-- El desayuno está servido, jovencita. Vas tarde otra vez.
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-- ¿En serio? Eres un genio James Barnes, yo casi no me doy cuenta -- respondí sarcástica dándole un gran sorbo al jugo de naranja y un mordisco a las tostadas francesas exquisitas que hacia Margarita, la encargada de la casa.
-- Tu humor en las mañanas verdaderamente es irritable -- dice sonriendo divertido.
-- Entonces no digas tonterías. Me voy o no llego a tiempo para presentar el trabajo que me hizo desvelar, te quiero.