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— No ha sido una pregunta, me acompañarás esta noche con mis amigos y punto, ahora solo ve a arreglarte — su voz es imponente como siempre.
Pero mi atención está puesta ahora mismo en el ibro que tengo en mis manos.
Es lo único que me ayuda a mantener la cordura, lo único que puede sacarme de esta pesadilla.
La lectura me hace imaginar un mundo diferente para mí.
— Sé que me estás escuchando.
— Si, lo hago — la reto con la mirada — y por milésima vez te digo que no iré — la escuché gruñir por lo bajo ante mi negativa — tus amigos no me caen bien y sé que yo tampoco a ellos, solo déjame aquí.
Detallo cómo muerde el interior de sus mejillas, se le ve enojada, frustrada y la verdad es que me importa poco.
— Eres mi esposa.
— ¡SOY TU TROFEO! — me atrevo a levantarle la voz por primera vez desde que estoy aquí — te recuerdo que estás conmigo porque hiciste negocios con mi madre — cierro el libro y me acerco a ella con una seguridad que hasta yo misma me desconozco — TÚ — la señalo con mi dedo índice a la altura de su pecho — me compraste como si fuera un maldito animal.
— Te comportas como uno — no puedo creer lo que estoy escuchando — y creo que va siendo hora de domarte.
La veo quitarse el saco de su traje, mirándome fijamente, luego se quita el cinturón…
— ¿Qué estás haciendo?
En sus labios se despertaba una maldita sonrisa llena de malicia.
— Lo que debí hacer desde el primer día que llegaste
Doy varios pasos hacia atrás tropezando con el sofá en medio de la sala mientras la veo quitarse brutalmente los botones de su camisa
— Voy a Recordarte que eres de mi propiedad
— Si te acercas un paso más, gritaré
— Nadie te escuchará, estamos en medio de la nada y mis empleados no se meterán en esto, saben lo que les espera si lo hacen.
Y si, esta maldita casa está alejada de todo, un terreno que al parecer era de sus padres.
— ¡Lena, por favor! piensa bien esto — se me cae una lágrima enorme — voy a odiarte por el resto de mi vida Lena Luthor
— No creo que me odies más de lo que ya lo haces ¿O sí?— ríe irónica
Hace un amarre extraño con el cinturón simulando unas esposas, se acerca con la mirada más fría que he visto en mi vida.
— Lena…
En segundos la tengo a centímetros de mí y suelto un quejido de dolor cuando amarra salvajemente el cinturón en mis manos.