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Me encontraba frente a la enorme ventana de mi habitación. Observando desdeñosa a varios niños colocar trastemente una zanahoria como nariz en un muñeco de nieve.
Enderecé mi espalda en el respaldo de la silla y con la yema de los dedos, empecé a dar leves golpes en el brazo de esta misma. Y así pasé un rato bastante largo sin quitar la mirada hacia la calle.
Hace dos años que nos mudamos desde Irlanda a esta ciudad y a esta casa por el trabajo de mamá.
Y aunque no haya logrado adaptarme del todo a New York, prefiero estar aquí, en un país ajeno que en el nuestro, donde todos nos dieron la espalda, incluyendo la familia de mi padre a quien ni siquiera le importó separarse de su esposa e hijos.
Pero bueno, que se le puede hacer… hay padres así, si es que se les puede llamar padres.
Ahora tenemos una nueva vida, en un vecindario bastante tranquilo.
La casas se ven enormes, o por lo menos esta lo es, de una planta pero muy espaciosa, tiene cinco habitaciones cada una con baño interno y un baño de acceso rápido para visitas, el despacho de mi madre, una pequeña biblioteca donde suelo pasar buen tiempo, la cocina es de ensueño con una isla inmensa que mamá mandó a remodelar para que yo pudiera usarla y ahí acostumbramos a tomar todos los días el desayuno, dos salas, comedor y con un jardín que cautivó a mi madre desde el primer instante.
Y hablando de ella…
Escucho sus pasos cerca, el resonar de sus zapatos altos es inconfundible y acertando, a los segundos se escuchan golpes en la puerta.
— Cariño ¿Puedo pasar? Necesitamos hablar
Suspiro cerrando los ojos efímeramente, mi intención era no contestar para que se fuera, odio cuando no se me respeta mi petición de estar sola.
— No voy a irme de aquí tan fácilmente y sabes que puedo ser la mujer más paciente de todo el mundo.
Y me consta…
— ¿Vas a abrirme?
— Dije… que quiero estar sola — contesto irritada.
— Athena, ya sé que pediste estar sola… — escucho un breve silencio — pero tus hermanos y yo estamos preocupados por tí, apenas y en el almuerzo tocaste el plato, te la pasaste jugando todo el tiempo con los cubiertos y no queremos que enfermes.
Claro… por supuesto que es por eso. A veces dudo que me sobreprotegen demasiado porque realmente me quieren o porque enferma sería una carga más pesada para ellos.
Escucho murmullos afuera, mis hermanos están con ella.
— Y no pienses que eres una carga para nosotros, eso jamás