Jacob para el coche y le oigo bajar de él, se acerca a mi puerta para abrirla y me da su mano para ayudarme a bajar.
—¿Dónde estamos?
—Espera
Se acerca a mí y me quita el pañuelo de los ojos. Veo en frente de mí una casa muy grande, con enormes ventanales y paredes blancas, rojas y negras.
—Sigo sin saber donde estamos.
—Es mi casa.
—Oh
Nos acercamos a la puerta para abrir y Jacob busca las llaves en sus bolsillos pero no las encuentra.
—Oh, no. Las llaves.
—¿Qué pasa?
—Me las he dejado dentro.
—¿En serio? ¿Dónde metes la cabeza para dejarlas ahí?
—No lo sé, a ver qué hago ahora.
—Pues tú dirás.
—Espera, ya sé.
Jacob se acerca a la valla de la casa y sube a ella para saltar dentro.
—¿Pero se puede saber que haces?
—Ahora te abro desde dentro.
—¿Acabas de saltar la valla de tu propia casa?
—Sí, lo he hecho.-dice mientras ríe orgulloso
Pasan unos minutos y Jacob abre la puerta para que yo pase.
—Para salir no saltarás, ¿verdad?
—No, tengo las llaves, ya está solucionado.
—¿Es la primera vez?
—¿Qué?-me pregunta sorprendido
—La primera vez que saltas así por que se te olvidan las llaves.
—La segunda exactamente.
—Ah qué bien, o sea que tienes experiencia en esto de olvidar llaves y saltar vallas.
—Yo diría que me defiendo fácilmente.
—Me pregunto si habrá algún deporte olímpico para esto…
—Puede que sí…-dice mientras ríe.
Pasamos al garage de la casa, está lleno de coches y motos de gran valor económico, Jacob pasea entre ellos mientras coge mi mano.
—¿Son todos tuyos?-pregunto curiosa
—Sí.
—Esto te habrá costado bastante.
—Bueno… a mi gustan.
—Y a mí, y a cualquiera.—digo riendo.
Jacob se acerca a uno de los Lamborghini y me sonríe de medio lado.
—¿Quieres subir?
—¿Quieres que suba en un coche de casi medio millón de euros?
—Sí, es más, si quieres conducirlo…
—¿Quieres que conduzca ese coche?-digo sorprendida y casi gritando de la emoción.
—Sí, si tú quieres, claro…
—Sí, ¡sí quiero!
—Pues adelante.—dice sonriéndome y poniendo unas llaves sobre mi mano.—Es todo tuyo.
Le miro dudosa durante un momento y seguidamente cojo las llaves para subir en el coche.
—Este coche es flipante, Jacob.
—Ya.
Abre la puerta del garage y salimos.
—El coche con el que hemos venido es más normalito…
—Sí, es el de la empresa, además no me gusta ir con estos coches a trabajar, los utilizo para cosas más personales.
—¿Cosas personales?
—Sí, para ir a fiestas suelo llevar alguno de estos o simplemente conducirlos por gusto.
—Ah, vamos que para presumir un poco, ¿no?
—No exactamente…
—Sí, sí… te encanta presumir.—digo riendo.
Volvemos al garage y aparco el Lamborghini.
—Sólo cuando es necesario.—dice sonriendo.
—¿Y cuando dices que es necesario presumir?
—En ciertas ocasiones puedes hacerlo.
—¿Sería una necesidad?
—Vale, tienes razón, no es necesario, pero puedo hacerlo, simplemente me gusta impresionar.—dice sonriéndome.
—¿Intentas impresionarme o algo así?
—Tú lo haces a diario conmigo, por una vez que lo haga yo no pasará nada.
—A mí no me vas a impresionar por tener un garage lleno de coches en el cual el más barato ronda casi el medio millón de euros.
—¿Cómo quieres que te impresione?
—No hace falta que te lo diga, sabes como hacerlo, lo has hecho varias veces…
—Oh, ya entiendo… tú eres más de rosas y corazones…
—¿Piensas llenarme la casa de rosas y corazones? Creo que esa idea me suena de algo…
—Puede ser… a un tal Christian Grey le fue bien…
—La idea está bien, aunque la hayas copiado, pero creo que ya me enviaste unas rosas a la librería, de todas formas… puedes impresionarmes de más maneras.
—Se me acaba de ocurrir una ahora mismo, seguro que te encanta.
—¿No vas a decírmelo?
—Hasta mañana no.
—Eso está bien.
—¿Esta tarde trabajabas?
—No, si no no habría podido venir.—digo sonriendo.
Paseamos por la casa mientras la veo.
—Esto es el gimnasio.
—O sea que tienes gimnasio en tu propia casa y aún así pagas para ir a uno.
—¿Te digo un secreto?
—Impresioname.
—Era para verte.
—Claro. ¿Por qué no vives aquí?—digo riendo.
—Me gusta estar con mis padres, aquí vengo en vacaciones y fines de semana para relajarme un poco.
—Está bien, eh.
—Sí.
—Es un poco tarde, tengo que irme Jacob.—digo mirando mi reloj.
—Vale, vamos.
—¿Me llevas en el Lamborghini?
—No, vamos en este.—dice señalando el coche con el que hemos venido.—No me apetece llamar la atención por donde pasemos.
—Oh, pero si sabes que te encanta.
—No siempre.—dice mientras ríe.
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Corazones dorados
RomanceDicen que los cuentos de hadas son sólo fantasía, que nada es real, pero siempre hay una gota de verdad en medio de una mentira. Dicen que a través de una mirada puedes saber como es la otra persona, una especie de conexión instantánea. Dicen que la...