Capitulo 33

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Timothée había salido temprano, siempre sale todos los días y por estar encerrada todo el día en mí habitación junto a las peleas, se me olvida que tiene una vida de rey, aún que suene estúpido. Volverá hasta la tarde noche, a lo cual me escabullí sin ser detectada por aquellos ojos de dagas de Ester. Pareciese que le gustaba hacerme la vida imposible, le gustaba molestar. Me dirigí hacia la casa de los duques Coppola a darle una grata visita, quería despejar mí mente de las cosas extrañas que habitan en el castillo de Timothée, y ¿Que mejor que visitando a la duquesa Coppola y a Lissa?. Me gustaría igual coincidir con Fabrizio pero a la ves no, por alguna razón no quería verle pero a la vez si. Si lo veía me volverían a invadir aquellas ganas de odiar con más  razones a Timothée, Fabrizio me despertaría de nuevo que Timothée es un odioso. Me anunciaron cuando llegué, me encontraba parada en la pequeña sala de estar a dónde me llevaron, tenía mis manos cruzadas mientras veía aquellos retratos en pintura, los reliquias que poseía el duque Coppola que le encantaba presumir ante sus invitados.

—¡Vivian! —exclamó Lissa atrás mío

Con los brazos extendidos y una gran sonrisa se acercó a mí a darme un caluroso abrazo que fue inmediatamente correspondido con gran fuerza. Al separarnos pude visualizar a la duquesa Coppola que se encontraba con una gran sonrisa entre labios.

—Duquesa —saludé

Me acerqué a ella para darle un abrazo, la última vez que la había visto fue el día del jardín y a Lissa,  el día del dichoso baile y cumpleaños del duque de Bologna.

—Mi señora —saludó

Me detuve en seco con los brazos extendidos mientras la miraba haciendo una mueca. La duquesa soltó una pequeña risa para después abrazarme.

—Joven Vivian —susurró

Sonreí entre labios mientras me separaba. Quedé en medio de aquellas mujeres que adoraba muchísimo.

—Tenia mucho tiempo que no venía —mencioné observado su lindo hogar

—Que bueno que ya estás aquí —respondió Lissa

—Tu otro hogar —mencionó la duquesa

—Aww —musité—. Me van hacer llorar —mencioné

Rieron para después llevarme al lugar donde siempre platicábamos y tomamos café. A su jardín en la mesa de herrería color blanco con sus respectivas sillas en juego. Las tres tomamos asiento y el café junto a galletas de chocolate llegaron al instante cuando la duquesa ordenó que trajeran. Inhale para que ese dulce aroma de la casa de Lissa llegase a mis pulmones, ésta casa que me transmitía tanta paz. Lissa tosió para después hablar:

—¿Cómo comenzamos? —cuestionó

—Yo propongo que hablemos primero de Vivian —respondió la duquesa

Sonreí cabizbaja para después alzar el mentón.

—¿Que les digo?... —susurré

Esa pregunta fue más para a mi que para ellas. Comencé platicando de la carta que les envié, después de aquella situación bochornosa de la fuente, el estrés que me causaba la ama de llaves de Timothée y al final nuestra relación que va por buen camino.

—Por ahora, he aprovechado de que Timothée se ha ido —mencioné

—¿A dónde fue? —cuestionó Lissa

—Yo que sé, no me dice lo que hace en el día —respondí con desdén—. Tampoco es como si me importase —bromee

—Pero las cosas van bien, ¿No? —cuestionó la duquesa

A través del Odio| T. C.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora