Capítulo 3

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Victoria

El padre de Josep cumple años y está tarde cenaremos todos juntos en casa. Es la primera vez en mucho tiempo que compartimos mesa, por lo general sus pares están de viaje o simplemente comen fuera.

-¿Vieron el anuncio del Rey esta mañana?- La madre de Josep sonaba emocionada.
-Si- dijo Josep molesto -Ni se te ocurra enviar ese formulario- dijo con voz tranquila pero amenazante, levanto el cuchillo con el que estaba cortando su carne y me apunto con él.
-¿Por qué no?- preguntó el señor Carlo y se llevo comida a la boca sin quitar los ojos de su hijo
-Porque es mi prometida, no puede ir a un concurso en el que el premio es casarse- su padre soltó una carcajada
-Por favor, Victoria solo ira a divertirse, justamente como tu lo haces. No hay nada de malo, aun son jóvenes y no están casados todavía. Victoria no hára  nada malo, ¿verdad, pequeña?- casi me río en su cara, el señor Carlo me hablaba con cariño pero sus palabras estaban completamente llenas de advertencias -Ella es lista, sabe de la deuda que tiene con nosotros y no hará algo que no deba. Además- hizo una pausa y se giro para ver de frente a Josep, -no creo que quieras que tu padre este en la mira del Reino, solo por incumplir un mandato.
-Pero…
-Pero nada, Josep. No hablare mas de esto, tengo negocios importantes y no los echaras a perder solo por tus estupideces.-se levantó de la mesa -Victoria, envía ese maldito formulario, ni siquiera sabemos si te quedaras, pero no necesito a los perros del Rey olfateando mis negocios.
-Si, señor Carlo- la mirada de Josep decía que me asesinaría, por suerte, su madre también lo vio. Ella levantó una ceja cuestionando su actitud y él simplemente se levantó de su silla, golpeó la mesa y se fue, escuchamos como azotaba la puerta de la entrada y la señora Cassie me sonrió y me hizo una seña para que me retirara. Le agradecí y me fui a mi habitación.

Definitivamente no planeaba entrar a ese estúpido concurso, no era por Josep, era por mi. No me interesaba encontrar esposo, mucho menos un Príncipe, no soy una chica de Príncipes. No puedo ni imaginar como seria salir con uno, me imagino todo lindo, color de rosa. Todo lleno de flores y animación brincando alrededor. No es que tenga algo en contra de los animales, unicornios y esas cosas, pero definitivamente sería todo tan aburrido y exasperante, me da escalofríos incluso de pensarlo.

Me recosté en mi cama y abrí mi laptop, busque en las redes del Reino el formulario. Tenía dudas de hacer esto, pero no quería tener problemas con Carlo, ya era demasiado para mi lidiar con su hijo. El formulario no era tan complicado, ni tan largo, realmente solo pedía datos básico y fotografías.

Formulario Real para Princesas


Nombre: Victoria  Edad: Veintitrés
Dirección actual: Montebello #345
Altura: 1.59 .Peso: 51 kg
Color de ojo: Café. Color de cabello: Castaño Oscuro
Profesión: Estudiante Estado civil: Soltera
Color favorito: Rosa. Flor favorita: Jazmín

¿Esta dispuesta a renunciar a sus actividades actuales?: Si

¿Esta ustedes dispuesta a contraer matrimonio en caso de ser elegida por alguno de los Príncipes?: Si

-Mencione tres actividades/pasatiempos de su preferencia:

*Cantar
*Bailar
*Ver televisión

*Adjunte dos fotografías personales (Rostro o cuerpo completo)*

Obviamente no quería entrar al concurso, esperaba que no me eligiera ya que mi perfil era lo más aburrido. Cerré de golpe la laptop y me deje caer de espaldas sobre mi cama.

-¿Qué estará haciendo ese idiota?- me pregunté , estaba tan molesta de no saber nada de él, que no podía sacarlo de mi mente… a quien engaño, ese idiota no sale de mi mente en ningún momento.

Sentí unas manos tomar mis tobillos y jalarme un poco, estuve a punto de gritar cuando asomo su cabeza frente a mi y empezó a subir lentamente sobre mi cuerpo.

-¿Así que soy un idiota?- sonrió y empezó a hacerme cosquillas -No sabía que pensabas tanto en mi- volvió a hacerme cosquillas y grite, JK subió su mano  y tapo mi boca -Si gritas te van a escuchar y me van descubrir.- se escucho el pomo de la puerta, alguien estaba intentando abrir. Volví a intentar reírme cuando la mamá de Josep pregunto si todo estaba bien y JK no retiraba su mano de mi boca para poder contestarle. Nos empezamos a manotear entre risas silenciosas hasta que por fin me dejó responder.

-Estoy bien, Señora Antonella- grité mientras JK a probar mi concentración, jalando uno de mis pezones con sus dientes. -Estaba intentando cambiarme y casi me caí. Lo siento
-Esta bien, ten más cuidado- hizo una pausa y jadee contra mi mano, cuando JK introdujo un dedo en mi centro, sabía que ella aun no se iba así que no podía hacer ruido y él lo sabía y lo estaba disfrutando  -Bueno, descansa, No te lastimes
-No se preocupe, ya me acosté- dije con la voz un poco entrecortada. Escuchamos sus pasos alejarse de mi puerta y JK empezó a reír, golpee su brazo pero su boca ya estaba sobre otro de mis pechos. Lo que comenzó como un juego, terminó con nosotros sin ropa. Era la primera vez que veia a JK completamente desnudo, no podía describir lo fascinada que estaba cn su cuerpo, completo… todo él. Estaba marcado en todos los lugares correctos, era fuerte e impresionante, y yo simplemente estaba embelesada con él.

-¿Por qué no había sabido nada de ti?- Le pregunte mientras abrazaba su cuerpo y mis dedos trazaban pequeños círculos en su pecho.
-Lo siento, uve que hacer algunas cosas estos días, tuve un pequeño cambio de domicilio- sonrío sin animo
-¿Te descubrió?- levante mi rostro y lo observé, tenía mucho miedo que Josep haya dado con él.- soltó una carcajada y tuve que tapar de inmediato su boca. Tomó mi mano y la retiro, dejó un beso en el dorso y fijó la vista en mi
-No te preocupes por eso, ¿De acuerdo?- acaricio mi mejilla -Me preocupa más que te molestes conmigo- no necesite preguntar, mi cara lo decía todo. -porque… no podre verte por un tiempo. Esto no es por Josep, esto es por mi familia y una estupidez que me esta afectando demasiado, pero lo resolveré.. ¿Esta bien?- asentí, no sabía que otra cosa hacer, porque honestamente, no me estaba dando nada de información, pero tampoco era nada de él para exigírsela.
-Esta bien, no tienes porque darme explicaciones de algo que no me incumbe- su rostro se tornó molesto y me aparto de su cuerpo
-Tienes razón. De que me preocupo…- empezó a hablar mas bajo pero lo escuché, y me di cuenta que no tenía nada que reprocharle. “Creí que éramos algo pero ya veo que no”, era lo que había dicho para si mismo. Como podría decirle lo que siento por él, cuando se perfectamente que no puedo ofrecerle nada, nada que no lo lleve a la muerte si Josep y Carlo se enteran.

Decidí quedarme callada y verlo salir por la ventana sin despedirse. Mi corazón se había ido con él, sabía perfectamente lo que sentía y sabía aun mejor que mi corazón jamás sería de nadie más.

◇◇◇

Los días pasaron y efectivamente, no se nada de él, que esperaba después de dejarlo creer que yo no quería  nada con él. En fin, estoy en el restaurante, con un estúpido cliente que no deja de pedirme mi maldito número telefónico. Le entregue su comida y me gire para retirarme.

-Ven preciosa, te puedo invitar algo, pide lo que quieras.- me reí, pero mis dedos estaban tan apretados sobre el borde de la charola
-¿Piensas que invitarme algo de aquí es impresionante?- me burlé y me volví a girar para irme, pero él cabron estrello su mano contra mi trasero.


Apreté aun mas mis manos en la charola, y cuando me giré hacía él, el círculo de metal se estrello en la mitad de su cara, cuando el idiota reaccionó yo ya estaba sobre él, con un cuchillo pinchando su garganta.

-Si te vuelvo a ver por aquí, este cuchillo no estará en tu cuello, estará en tus pequeñas bolas, si es que las encuentro.- sonreí de lado y me quite
-¿Estas loca? Quiero hablar con tu gerente
-Enseguida- gire el cuchillo en mi mano y lo clave en la mesa justo a un lado de su mano -Aquí esta mi gerente, ¿Quieres arreglarlo con él?
-Victoria- me grito mi verdadero gerente, detrás de mi. El idiota se levanto de su asiento y se dirigió a mi jefe.
-No volveré a venir aquí, y no te pagaré. Esta loca casi me mata- dijo señalándome, me reí
-Créeme, si hubiese querido ya estarías muerto
-Victoria ya cállate, y tu vete- señaló al sujeto y este salió molesto del lugar
-¿Qué te sucede?- me preguntó
-¿A mi? ¿En serio? Ese idiota me molesto todo el día, y no te vi salir a ponerle un alto, después me toco el puto trasero, ¿Quieres cambiar de puesto o prefieres qué Carlo sepa lo incompetente que eres?

Paolo era el gerente y el hermano de Carlo, este restaurantes era uno de los muchos lugares de Carlo que usaba como cortina de sus negocios sucios. Paolo era un vividor, no tenia ni oficio ni beneficio propio, pero Carlo necesitaba ayuda sin cuestionamientos. El problema es que este sitio era un asco casi nunca tenía gente, la comida ni siquiera era buena y Paolo venía cada que recibía su paga.

-Guarden silencio- dijo Kenia, mi compañera de turno. -Están anunciando a las ganadoras- señaló la televisión y ambos volteamos, estaban dando algunas noticias sobre el concurso y de repente empezaron a decir nombres de algunas chicas, sus profesiones y de más. No me interesaba, sabía que no me habían elegido y eso era lo que quería, no me gustaban las novelas, ni los Reality Shows, así que francamente, saber quienes eran las ganadoras era lo que menos quería.

Tomé un trapo y caminé a la mesa en donde había sido el problema minutos antes, levanté la charola de metal del suelo y empecé a colocar los platos y la taza de café sobre ella. Estaba por dar la vuelta para ir a la cocina cuando escuché mi nombre. No era Paolo ni Kenia, no provenía de la entrada, no siquiera de una voz familiar. Mi nombre venía de la televisión, estaba segura porque conocía la voz de esa chica. Había dado las noticias del Reino desde que tengo memoria, así que sabía que la televisión me hablaba. Era estúpido, pero mi mente no podía pensar en nada en este momento. Dejé caer la charola al suelo, cuando por fin me di cuenta de lo que sucedía.

Voltee a ver a Paolo y a Kenia y sus ojos iban de la televisión, a mi y de regresó. Mi asombro se convirtió en miedo y mi miedo en ira, esto no abría pasado si el idiota de Josep no hubiera hecho su berrinche, de esa manera a Carlo no le habría importado si enviaba o no el maldito formulario. Tomé mis cosas y salí molesta del restaurante, camine hacia el lago, a donde había ido con JK, era el único lugar donde estaría sola. No quería ver a nadie, ni hablar con nadie. No podía huir de esto porque en el maldito formulario acepte todos los términos. Mi teléfono sono y un número desconocido apareció en la pantalla.

-¿Si?-respondí de mala gana
-¿Princesa Victoria?- me puse nerviosa
-¿Quién habla?
-Hablamos del Reino para comunicarle que no pudimos encontrar su ubicación.
-Oh, Lo siento tal vez escribí algo mal- lo que menos necesitaba era que fueran a casa de Carlo, si en un principio era lo que él quería evitar.
-No se preocupe, solo necesitamos una dirección para recogerla mañana. Las instrucciones están que el correo que se le acaba de enviar.- les di la dirección del restaurante y colgué. Abrí el corre en donde venían datos como la hora en la que me recogerían, instrucciones de lo que podía llevar y un pequeño itinerario.

Todos estaba hecho, ya no había marcha atrás y yo entraría al estúpido concurso. Un concurso en donde podría ser esposa de alguien a quien no conocía. Ni siquiera me había preocupado en buscar a los Príncipes,tal vez  eran ancianos punzones y calvos. Quería vomitar antes mis pensamientos, pero no me quedo de otra más que resignarme. Tal vez habría algo que pudiera hacer para salir de ahí antes.

El Diario Real: Princesa Victoria (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora