15.- El origen del deseo.

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La épica batalla terminó. El bailarín de aire terminó noqueado y el Kirby desapareció así como se hizo presente. Las autoridades estaban haciendo lo posible por restaurar los daños causados, pero por suerte para ellos, ya no tendrían que hacerlo porque al día siguiente la ciudad quedó como nueva.

Aunque también aparecieron más cosas de las que nadie contempló. De un día para otro, los árboles crecieron a más de 5 metros de altura, el musgo (o lo que parecía serlo) se apoderó de las paredes de muchos edificios, los brillitos mágicos rondaban por cada calle, mosquitos gigantes con apariencia de hadas sobrevolaron por cada rincón de la ciudad, y los animales fantásticos de los libros comenzaron a rodearse por la ciudad.

Pero no había tiempo de lamentos, pues a las orillas de la parte sur de la ciudad, desapareció todo lo que había para ser reemplazado por una playa y el mar abierto.

Lo que parecía ser el deseo de alguien por formar parte de una historia de fantasía se empalmó con otro, quien deseaba estar dentro de un videojuego, pues cada habitante de la ciudad podía visualizar en la parte superior izquierda de su vista (o donde le fuese más conveniente), una barra de vida alusivo a su personalidad.

—Qué molesto —dijo Luis mientras desayunaba. No podía sino sentir molestia por aquella barra de vida que obstruía su vista. Debajo de ésta, se encontraba una segunda barra de vida interconectada, cuya dueña era de Kat.

—Oye Luis, puedo ver cuanta vida te queda —dijo la chica divertida. Al parecer, las parejas podían ver la salud de la otra persona. Y seguramente lo mismo aplicaba por los hijos. Pobres de los padres con más de 10 hijos con su visión toda obstruida.

—Yo también —aunque no podían ver el nombre propio, del lado izquierdo de la barra de salud ajena podía visualizarse el nombre. Y en cuanto lo leyó, su corazón se estremeció. Efectivamente, el nombre que se leía en lugar de Kat era el de Angie. Tal hecho hizo reconsiderar muchas cosas, por lo que habló cambiando de tema—. Te parece bien si vamos a ver la playa que apareció de repente.

—Claro —dijo Kat de lo más normal. Sin embargo, después de varios segundos reaccionó mientras dejaba salir una sonrisa de oreja a oreja. Luis nunca hace planes que tengan que ver con las rarezas de la ciudad, por lo que escucharlo querer ir a la playa nueva le puso de un muy buen humor—. ¡Si! ¡Si! ¡Vamos! ¡Vamos!

Luis asintió sin dejar de mirarla. Ahora más que nunca se sentía más inquieto por el futuro. El que Luis y Kat se conocieran forma parte de un deseo pero, ¿que pasaría si éste desapareciera como los otros deseos del pasado? La respuesta inquietaba al joven, pero lo mejor que podía hacer era seguir disfrutando de los momentos que pasaba con Kat y esperar por un buen futuro.

Cuando acabaron de desayunar, se alistaron para su cita y una vez afuera, Kat quedó maravillada por el cambio tan drástico de la ciudad. Los brillitos saliendo de quien sabe donde era lo que le daba ese aspecto tan mágico.

Al voltear hacia arriba podían ver las copas de los árboles con extraños animales con forma de mono, también había gárgolas sobrevolando la zona, fénix, quimeras, e inclusive hasta una ballena voladora.

—Wow —no había palabra mejor que lo describiera.

Al seguir avanzando, podían notar como en algunos troncos de árboles se alcanzaban a notar inscripciones. La interfaz de videojuego incluso podía interactuar con el entorno. No solo había una barra de vida, sino que también podía dar información de las extrañas criaturas alrededor, y a veces aparecían indicaciones para aceptar "misiones especiales". Obviamente ni Luis ni Kat, ni mucho menos Luis, iban a ponerse a indagar sobre a qué se refiere con misiones especiales.

Por suerte para ellos, los deseos de esta ocasión no causaban problemas y hasta era un deleite visual. Es por ello que llegaron al final de la ciudad y pudieron ver la arena junto al mar.

El deseo de estar a tu ladoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora