CAPÍTULO 6: LA COMPETENCIA

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CAPÍTULO 6: LA COMPETENCIA

Sam había dormido en el hospital de la Revolución del árbol. No soportaba la idea de estar separado de Blaine por más tiempo del necesario. Sabía que era demasiado pronto para comportarse de esa manera tan posesiva pero se había dado cuenta de algo. El Brown lo recordaba, habían sido dos las veces que había despertado susurrando su nombre. Eso no tenía que significar que sentía lo mismo que él, pero sí significaba que había estado pensando en él todo ese tiempo... Seis años eran muchos, sobre todo cuando dos personas se habían visto una sola vez. Aunque tal vez, al compartir su primer beso, entre ellos se había creado una complicidad especial.

El rubio entró en la habitación del chico que le había robado su corazón y comenzó a trabajar. Cambió el suero y la medicación, miró su temperatura para asegurarse que no había infección tras la operación, tomó la tensión...

Estaba terminando cuando un chico moreno que no conocía entró acompañado de la señora Anderson.

– ¿Cómo está? – El desconocido preguntó mirando al enfermero.

– Ha pasado buena noche y todavía no ha despertado. Es bueno que descanse. – El Green explicó. Sin embargo, el sonido de la conversación había despertado al enfermo.

– ¿Nick? ¿Qué haces aquí? – El ojimiel preguntó confundido.

– He venido con tu madre antes de irnos a trabajar... He estado tan preocupado por ti... No sabía nada, no estabas en las listas de fallecidos ni de heridos.

El chico se agachó para besar los labios del herido pero éste parecía algo confundido con todo lo ocurrido. Sam no pudo evitarlo y salió de allí corriendo. No había pensado en la posibilidad de que Blaine tuviera pareja. Eso era algo inesperado para él pero no pensaba rendirse. Él iba a luchar por el amor del Brown, costara lo que costase.

Sintió una mano en su hombro y él se volvió para quedarse frente a Pam. Él la miró con cautela, había algo que no le gustaba de esa situación.

– Él es lo mejor para mi hijo. – La mujer comentó.

– No sé de qué me habla. – El rubio decidió intentar engañar a la otra.

– Sé lo que sientes por mi hijo pero debes ser consciente de que ésto sólo os producirá sufrimiento. En este mundo, vosotros no podéis ser pareja. Quiero lo mejor para mi hijo y Nick lo es. Él es un buen chico, su familia no lo pasa tan mal. De hecho, él pudo estudiar y es recepcionista. – La madre de Blaine explicó. En ese mundo, que un Brown pudiera ser recepcionista y trabajar en una oficina era un gran logro. Su labor se reducía a repartir el correo, preparar cafés y recibir llamadas y visitas. Sin embargo, eso era lo máximo a lo que podían aspirar en su clase.

– Yo soy enfermero y soy buena persona. Mis padres son una familia importante dentro de los Greens y conmigo a Blaine jamás le faltaría nada. Sé que él no ha tenido la oportunidad de estudiar pero yo puedo encargarme de todo para que no tenga que trabajar en las minas. – Evans no pensaba rendirse, aun si tenía que enfrentar a la madre de su amado.

– Hay algo que jamás podrás darle, una relación normal. Sois de distinta clase y el que siquiera seáis amigos es ilegal. No voy a permitirte que lo veas, en cuanto se recupere me lo llevaré a casa y no volverás a verlo jamás. – La señora Anderson se volvió y comenzó su camino hacia la habitación de su hijo. Cuando estaba a punto de llegar, Sam decidió hablar.

– No puedes obligarlo a nada y yo no voy a permitir que nada me separe de él. Lo amo y voy a luchar por él y por nuestro futuro...

– No existe un futuro para vosotros que no sea dolor e incluso muerte... ¿Estás dispuesto a arriesgar la vida de mi hijo? – La mujer preguntó.

– No. Estoy arriesgando la mía para conseguir leyes que me permitan estar con él. La Revolución del Árbol es una realidad y pronto las cosas cambiarán. – El Green explicó.

– ¿Qué pasará con Blaine si mueres? ¿Qué pasara con vosotros si fracasáis?

Pam entró a la habitación sin esperar respuesta a sus preguntas. No las necesitaba, sabía que había explicado su punto y si el otro no lo quería entender, no lo conseguiría con una conversación más larga.


Nick se agachó para besar los labios de Blaine pero éste parecía algo confundido con todo lo ocurrido. Sam no pudo evitarlo y salió de allí corriendo. El herido lo vio salir antes de volverse hacia su amigo.

– ¿Por qué has hecho eso? – Anderson preguntó algo más frío de lo que había planeado.

– ¿No te habías dado cuenta de que me gustas? – Duval lo miró asombrado.

– Sí, claro que me había dado cuenta pero... De eso a besarme hay mucho camino... ¿Por qué lo hiciste? – El enfermo lo miró, esperando una explicación.

– No sabes lo que es intentar encontrar a la persona que amas y que la única pista que tengas de él es el nombre de su padre en la lista de fallecidos...

– ¡Qué! – Blaine lo interrumpió, todavía no le habían dicho que su padre estaba muerto.

– No... ¿No lo sabías? – El secretario lo miró confundido.

– No me lo habían dicho...

Anderson comenzó a llorar y su amigo lo abrazó para calmarlo. Sabía que era una mala noticia y que era normal la reacción del joven. Lo que ya no era tan normal era que el herido lo apartara bruscamente. La señora Anderson entró y se quedó mirando la escena atónita.

– ¿Por qué no me lo dijiste? – El herido preguntó sin moverse.

– Tienes que recuperarte y una mala noticia no ayudaba en nada... – Pam intentó excusarse.

– ¡Tenía derecho a saberlo! ¡Fuera de aquí! ¡Los dos! – Blaine gritó y los otros dos salieron, tenían que ir a trabajar así que tampoco podían quedarse a intentar consolar al joven.

Cuando Sam se dio cuenta de que los dos Browns abandonaban la habitación, él corrió para ver como se encontraba Anderson. Lo encontró llorando desconsoladamente y no lo dudó. Se tumbó a su lado y lo abrazó, apoyándolo en su pecho y dejando que sus brazos lo sostuvieran. No sabía qué había pasado pero él no pensaba en dejarlo solo.

– Tú tampoco me lo dijiste. – El moreno susurró cuando estuvo más calmado. En ese momento el rubio se dio cuenta del motivo del llanto.

– Queríamos que te recuperaras, estás todavía muy débil. – El Green respondió y, sin pensarlo, besó la cabeza del otro. Los dos siguieron en esa postura en silencio.

– Lo del beso... – El ojimiel comenzó pero el otro no le dejó terminar.

– No me debes ninguna explicación.

– Él siente algo por mí pero yo no siento nada por él. – El Brown explicó aunque el otro no lo esperara.

Los dos siguieron en esa postura durante mucho rato pero, lamentablemente, Evans debía ir a trabajar. En el hospital no debían notar su ausencia, por lo que debía cumplir con su horario. Antes de irse, besó la frente de Anderson con todo el amor que pudo mostrar. Era la primera vez que tenía ese gesto con el otro, pero el que no fuera rechazado lo ayudaba a pensar que podría haber perdido la batalla con la madre de ese chico, pero que hacía falta mucho más para que perdiera la guerra. No sabía lo difícil que sería para él librar dos batallas a la vez, la que correspondía a la Revolución del Árbol y la del corazón de Blaine Anderson.

El Niño De Tus Ojos (Blam+Coopbastian boyxboy)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora