EPÍLOGO
Blaine estaba terminado la salsa que pondría a los macarrones que había preparado para la cena de esa noche. Sus hermanos irían a casa por el quinto aniversario del día de la guerra. Había sido un día intenso y para ellos no era un gran recuerdo. Habían visto la muerte muy cerca y eso no era fácil de olvidar. Por eso pasaban ese día juntos, alternando la casa en la que cenaban.
Para él, era el recuerdo del día en el que sufrió las heridas que lo condenaron a estar en una silla de ruedas. Sabía que era afortunado por estar vivo, en gran parte gracias a Sam, que lo protegió con su propio cuerpo y lo desenterró tras la primera explosión.
– ¡Papá! – Un niño de cuatro años corrió a sus brazos, subiéndose a su regazo para darle un beso en la mejilla. El pequeño era rubio y tenía los ojos verdes. – Ya he ayudado a papi a poner la mesa, ¿Qué más puedo hacer?
– Eso quiero saber yo. ¿Qué más podemos hacer? – Sam entró en la cocina con una sonrisa.
– A mí sólo me queda meter al horno la pasta y preparar el aliño de la ensalada. Podéis cambiaros de ropa y lavaros las manos. – El moreno exclamó.
A pesar de los malos recuerdos de la guerra, no podía evitar pensar en lo bueno que había llevado a su vida. Se había podido casar con su amado un año después y habían empezado con la adopción tan pronto como pudieron. Había muchos niños huérfanos por culpa de la guerra y ellos querían darle amor a uno de ellos. Y durante el proceso conocieron a Daniel. Toda su familia había participado en la guerra en defensa del gobierno. La única superviviente había sido su madre y poco después se enteró de que estaba embaraza. Ella siguió con el embarazo porque era lo único que le quedaba de su marido, al que había amado muchísimo. Sin embargo, cuando fue a dar a luz, una complicación hizo que ella perdiera la vida, dejando a su hijo sólo, no había nadie que se hiciera cargo de él. Apenas tenía un año cuando la familia Anderson-Evans lo encontró.
Mucho había cambiado en esos años. El nuevo gobierno había ayudado a los heridos en la guerra, tanto de un bando como de otro. Por eso, la pareja había conseguido una casa adaptada a la nueva situación de Blaine. Las leyes a favor de Blues y contrarias a Greens y Browns habían desaparecido y la igualdad se había instaurado. Tanto así que Ryder había conseguido entrar en la Universidad para estudiar medicina, Sam y Sebastian ejercían de enfermeros, Marley había conseguido una plaza de profesora en una guardería, Cooper seguía como abogado y Blaine trabajaba para el gobierno, en el departamento que se había creado para reunir familias que habían sido separadas por las leyes injustas.
El timbre sonó y el moreno acudió a abrir. Vio a su hermano mayor, acompañado del que desde hacía poco era su marido. Sam y él todavía no habían dado ese paso, pero su vida era la de un matrimonio.
– Hola. Traemos vino. – Sebastian anunció con una sonrisa.
– Hola. Mis dos hombres están preparándose. – El anfitrión anunció.
– Tío Coop, Tío Seb. – Daniel corrió a abrazar a los recién llegados. El mayor lo levantó con el brazo que conservaba completo. El niño estaba acostumbrado. No entendía muy bien lo que había pasado pero sí sabía que había muchas familias afectadas, entre ellas, la suya.
– ¡Cada día estás más grande! ¿Es eso posible? – El abogado se sorprendió.
Cuando Smythe-Anderson iba a cerrar la puerta, su hermana llegó con su novio. De los tres hermanos, Ryder era el único que no tenía secuelas. Sólo una cicatriz recordaba su antigua herida.
Después de los saludos y de que Sam se reuniera con ellos, todos fueron a la mesa a disfrutar de la cena. A pesar delos años que habían pasado, a los Brown todavía les costaba asimilar los "lujos" de los que disponían. Poder comer lo que quisieran, tener ropa propia y no de segunda mano... Eran cosas que no habían tenido durante tantos años que les costaba pensar que sí las tenían.
No fue una noche muy feliz, tal vez porque los recuerdos seguían atormentándolos, pero también era de esperanza y de ilusión. Ayudaba mucho saber que lo que pasara en el futuro no se vería perjudicado por leyes injustas, que su amor era libre y no tenían que esconderlo. Porque el amor ya es muy complicado como para que haya otras personas poniéndole más obstáculos... Porque nadie puede juzgar la manera de amar de los demás, porque nadie puede considerar un amor algo prohibido o aberrante, porque nadie manda en su corazón y mucho menos en el de los demás.
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El Niño De Tus Ojos (Blam+Coopbastian boyxboy)
FanficUn mundo en el que el color de tus ojos define tu vida, dos niños que se enamoraron con tan solo un beso, dos corazones incapaces de olvidar, dos amores imposibles, una lucha por la libertad, dos hermanos que nunca se conocieron y una familia rota p...