CAPÍTULO 1: LA VIDA CAMBIA EN UN SEGUNDO
Seis años habían pasado desde que Blaine se encontrara con el Green que le dio su primer beso. Él ya tenía dieciocho años y llevaba tres trabajando en las minas. Su hermana Emily había muerto por culpa del cáncer y él tuvo que dejar sus estudios a los quince años para ayudar a su familia porque se habían endeudado en exceso. No había parado en esos años, necesitaba ser fuerte para que Ryder pudiera estudiar y tener un futuro mejor que el suyo. No quería ver a su hermano trabajando a su lado.
Por otro lado, no había dejado de pensar en ese joven de ojos verdes que había conocido en el prado. Había sido su primer beso y su primer amor. Sí, parecía imposible pensar que se había enamorado de un chico al que había conocido durante diez minutos pero así era. Sólo eso podía explicar que llevara seis años soñando con él, preguntándose qué haría, como sería, a qué se dedicaría... Sabía que ese pensamiento le hacía daño, que no podía tener nada con él. Era muy probable que nunca lo volviera a ver. Su vida se resumía en once horas diarias en una mina durante seis días a la semana y ocho horas los domingos en casa de los Pierce. Sabía que no era sano pero necesitaba todo el dinero que pudiera conseguir.
Finn, el mayor de los hermanos Puckerman y Mike trabajaban con él. Eso aliviaba su tristeza, ya que ellos le hacían sonreír. Eran los mejores amigos que él podía pedir, lo escuchaban y entendían de una manera que nadie más hacía.
Sin embargo, ese día todo cambiaría. Una alarma empezó a sonar y varios ruidos comenzaron a escucharse. Todos se dirigieron hacia la salida deprisa, esperando que no fuera demasiado tarde para ellos.
– ¿Aun sigues pensando en él? – Sebastian se sentó al lado de Sam. Los dos compartían piso con Quinn mientras estudiaban en la Escuela de Estudios Superiores No Universitarios, la EESNU. Estaban preparándose para ser enfermeros y en esos momentos estaban estudiando. Tenían veinte años y los tres habían decidido formar parte de la Revolución del Árbol para luchar por la libertad para todos. Con esos estudios era como más podían ayudar a la asociación.
– ¿Cómo puede ser que seis años después no lo haya olvidado? – El rubio miró a su amigo, suplicando por una explicación que justificara lo que sucedía.
– Tal vez el que lo hayas idealizado con el tiempo y que sea algo prohibido favorece a que lo desees más. – El castaño lo abrazó. Sabía que necesitaba apoyo.
– ¿Qué será de él? ¿Dónde estará trabajando? ¿Tendrá problemas? – Evans frunció el ceño.
– Seguro que lo vuelves a ver. Ya lo verás.
– Ha habido un derrumbe en las minas. Están llamando a todos los estudiantes de enfermería de último curso, quieren que vayamos a ayudar. A nosotros nos ha tocado ir al lugar del accidente. – Quinn entró en la sala e interrumpió la conversación de sus amigos.
Los tres cogieron sus cosas y salieron del apartamento para dirigirse a las minas, donde tendrían mucho trabajo para ayudar con los heridos que el derrumbe podría haber causado.
Cooper estaba en su casa, acababa de llegar de su trabajo como abogado en uno de los mejores bufetes de la ciudad. Vivía en la mansión familiar, bueno, más concretamente en una pequeña casa anexa que sus padres habían hecho para él. Contaba con tres dormitorios, dos baños, salón y cocina. Era algo discreto para ser residencia de un Blue, pero él no necesitaba nada diferente. Siempre había sido muy humilde, al contrario que el resto de personas de su clase. Nunca había presumido de riqueza y le gustaba tratar con respeto a todos los que trabajaban para él, fueran Greens o Browns. Sus padres lo habían educado con ideales de igualdad y justicia diferentes a los de muchos que él conocía. Sabía que sus progenitores no habían formado parte de la Revolución del Árbol porque no habían sido admitidos. La sociedad se protegía mucho a la hora de admitir Blues porque temían que alguno se infiltrara para arruinar sus planes y delatar a todos sus integrantes.
El timbre sonó y encontró a sus padres tras la puerta, los dejó pasar y los tres se sentaron en el salón mientras uno de los empleados preparaba café para todos. Los señores Bomer miraron a su hijo con nerviosismo. El joven nunca los había visto así.
– ¿Pasa algo? – El abogado preguntó.
– Hijo... Sabes que nosotros te amamos. Eres nuestro hijo y estuvimos mucho tiempo esperándote... Sin embargo, ha llegado el momento de que reconozcamos algo... No eres nuestro hijo biológico, yo soy estéril. Tu madre era una Brown o una Green, no lo sé. Llevamos veinticinco años buscándola para darte respuestas a todas las dudas que pudieras tener, pero no hemos descubierto nada. No hay ni rastro de ella... – La mujer miró a su hijo preocupada.
– ¿Me apartaron de mi madre? – El joven preguntó sorprendido. Tenía demasiadas emociones dentro de él, pero sobre todo, mucho dolor.
– No lo sabemos seguro porque no conocemos a tu madre pero es muy probable que sí. – El padre aclaró.
– Doctor Bomer. – Uno de sus empleados interrumpió la conversación. – Ha habido un derrumbe en las minas y le necesitan en el hospital.
– Parece que va a ser un día largo... ¿Venís a ayudar?
Los tres se levantaron y se montaron en el coche. El menor estaba todavía afectado por la noticia pero la perspectiva de ayudar era mucho mejor que quedarse sentado pensando en preguntas que no tenían respuesta. Cuando habían salido de la casa, el mayor decidió hablar porque consideraba que era seguro.
– Habrá muchos Browns en el hospital. Tendrás que extraer muestras de saliva, pelo o lo que sea de cada uno y guardarlas en un bote con su nombre. Quiero encontrar a tu familia. – El médico aclaró.
– ¡Pero eso es ilegal! – Cooper gritó.
– Tranquilo, hijo. Si lo haces bien nadie se enterará. Llevamos un año haciéndolo aunque no ha habido resultados positivos todavía. Piensa en qué es más ilegal, robar una muestra para que una madre encuentre a su hijo o robarle el bebé a una mujer para dárselo a otra familia. – La madre explicó.
– Desgraciadamente, en la sociedad en la que vivimos, lo ilegal es intentar reunir a la madre con su hijo. – Cooper evitó la mirada de su madre, sabiendo que estaba siendo injusto.
William Schuester y Artie Abrams llegaron juntos a las minas. Eran los líderes de la Revolución del Árbol y habían acudido para salvar todas las vidas que pudieran. Normalmente los servicios sanitarios oficiales no se preocupaban de los Browns por lo que, salvo que los heridos fueran fáciles de curar o sus familias pagaran grandes cantidades de dinero, no harían nada. Los banqueros y prestamistas aprovechaban estas situaciones para hacer mucho dinero pero siempre había personas que ni siquiera podían pedir préstamos. Ahí entraban ellos, para intentar salvar alguna vida. El propio Schuester había estudiado medicina en la clandestinidad gracias a una doctora Blue que le enseñó todo y los dos se encargaban de operar en el hospital que habían creado en el cuartel general.
– Han mandado a todo novatos y estudiantes. Los médicos y enfermeros están en el hospital por si llevan a alguien pero no va a haber traslados, al menos eso es lo que pretenden. – Shannon Beiste comentó. Ella era la doctora ojiazul que había sido la mentora de Will. – Salvo que sea muy obvio que no están haciendo nada o que pueden salvar a alguien. ¿Cuántos podéis acoger en la sede?
– No muchos pero haremos lo que podamos. – Abrams comentó. Él sólo aportaba dinero, estaba estudiando medicina pero todavía no tenía los conocimientos necesarios para ser realmente útil. Eso sin contar su silla de ruedas, que era un obstáculo más en situaciones como esas, ya que la zona no estaba asfaltada y estaba llena de piedras.
– Tú quédate junto a los coches de la sociedad, pronto traeremos a los primeros trasladados. Organiza todo. – Schue ordenó y el joven asintió. Esa sería una tarde muy complicada para todos.
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El Niño De Tus Ojos (Blam+Coopbastian boyxboy)
FanfictionUn mundo en el que el color de tus ojos define tu vida, dos niños que se enamoraron con tan solo un beso, dos corazones incapaces de olvidar, dos amores imposibles, una lucha por la libertad, dos hermanos que nunca se conocieron y una familia rota p...