Yoongi pasó todo el día peinando su cabello sin parar, tratando de estar conforme con sus hebras color menta. Estaba usando una camisa blanca, pantalones y chaqueta negra y unos botines converse. Lucía sencillo y estaba cómodo, pero algo dentro de él lo hacía sentir demasiado sencillo, demasiado soso y nada encantador.
Quería sorprender a Namjoon, o por lo menos hacerlo mirar dos veces.
— Yoongi, detente —lo regañó finalmente Jungkook, quien se encontraba acostado en el pecho de su novio en el sofá mientras veían televisión—. Por Dios, él llegará en cualquier momento y tú no dejas de peinarte y cambiarte la camisa.
Min solamente bajó la cabeza y se sentó en el sillón junto a la melosa pareja.
— Quiero verme bonito.
— Yoongi, te ves bonito —su amigo lo animó—. Seguro él lo pensará. Deja de pensar tanto que te haces daño solo.
El de hebras color menta asintió rendido. No serviría de nada arreglarse tanto si Namjoon no gustaba de él. Claro que apuntaba por el peor escenario a la primera, pero su poco conocimiento sobre los intereses amorosos de su amigo lo justificaban.
Antes de que Yoongi pudiera abrir la boca para pedirle a sus amigos que lo maquillaran o para cambiarse los zapatos, el timbre resonó en el pequeño departamento.
— Hola, Yoon —saludó el joven en la puerta cuando esta le fue abierta.
Los ángeles debían estar cantando para Yoongi porque lo único que podían observar sus ojos era una belleza fulgurante que irradiaba sublimidad.
El negro era el color de Namjoon, ahora lo había decidido. Por la forma en la que sus suaves hebras estaban teñidas dando aquella vibra tan seria y dominante y a la vez luciendo tan tierno en él, ya que, para Yoongi, Namjoon era como un enorme osito: grande pero cálido, con una suavidad emanada de su ser que solo era visible para aquel que se detenía a mirar.
Y ni hablar de como le quedaba el verde, simplemente parecía que todos los colores le quedaban magníficos. Probablemente era él, no el matiz.
— Hola, Joon —saludó Min, aún embobado, detallando las facciones de su amigo con tanta suavidad que parecía estar buscando la procedencia de dicha belleza.
Namjoon rio levemente, mirando hacia otro lugar para evitar avergonzarse por la manera en la que el mayor lo escudriñaba.
Sin embargo, cuando Min había abierto la puerta, había quedado embobado en la forma en la que se veía; el negro le quedaba precioso, todo le quedaba precioso. Yoongi se veía muy atractivo y varonil sin siquiera esforzarse y hacía que las mejillas de Namjoon se ruborizaran. El azabache contrastaba con su piel tan blanca como la leche y su cabello tan claro; era simplemente una belleza armoniosa que dejaba a cualquiera sin habla.
Jungkook y Seokjin los miraban, aguantando las ganas de reír desde el sofá, ya que la forma en la que solo se miraban sin hablar con sus caras incendiadas en carmesí era muy divertida.
— Diviértete. Nos vemos luego —Jungkook lo sacó de su trance.
Yoongi se despidió de forma apresurada, tornándose aún más colorado —si eso era posible— debido a la situación.
— El color te queda muy lindo —mencionó, mientras caminaban a la estación.
Namjoon agradeció, con una sonrisa que marcaba sus hoyuelos y Min sintió que se derretía por dentro.
Kim jamás había estado enamorado, jamás había estado con una chica —o chico— en su vida. Claro que el deseo de sentirse amado y acompañado le parecía reconfortante y deseaba tener la oportunidad de experimentar aquello, pero jamás había sentido la necesidad de estar con alguien diariamente o de poder sentir sus labios sobre los suyos.
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sunflower love | namgi
FanfictionSiete centímetros de diferencia parecen poco. Pero para Yoongi marcan la gran diferencia, ya que le prohíben besar a Namjoon. Los labios de Namjoon llegan a la altura de su frente, ¡y Min no quiere besitos en la frente! 𝗔𝗰𝗹𝗮𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 ♡ ─...
