Epílogo

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(...)

Min detuvo el auto frente al soleado campo de aquellas especiales flores amarillas con un redondo centro café. Los rayos de la estrella que iluminaba la tarde se plasmaban sobre todo aquel cultivo, resplandeciendo enamorados ante la escena que frente a ellos se vislumbraba.

Del vehículo pequeño, que brillaba en un color plateado, bajó un animado animal ladrando y correteando, a la espera de que sus respectivos dueños lo siguieran. El perro sacó su lengua con emoción y ladró cuando ambos muchachos estaban fuera del automóvil.

Los jóvenes se tomaron de las manos mientras se aproximaban al canino para darle suaves cariños tras sus orejas.

— Con calma, Bom —rió el menor, mientras le otorgaba caricias al animal quien cerraba sus ojitos con felicidad-. Vamos, ven.

La familia caminó hacia una zona específica en aquel florecido campo, donde el sol brillaba llameante mientras se ocultaba en el horizonte, tornándose el cielo a un tono rosáceo sumamente precioso.

El can comenzó a correr y correr, posiblemente emocionado al sentir el césped bajo sus patitas, o siguiendo a alguna mariposa monarca que había visto revoloteando cerca y no pudo evitar seguir con entusiasmo.

— No se cansa nunca —rió Min, mirando al animal que se revolcaba entre los girasoles. Su novio rió de vuelta, abrazándolo sobre los hombros para tenerlo muy cerca de sí.

— ¿Recuerdas nuestro primer beso aquí, Yoonie? —prreguntó el moreno, con un tono nostálgico que le hacía palpitar el corazón.

— Oh, claro —susurró el mayor, inhalando el perfume ajeno, con su rostro oculto en el pecho de Kim-. Te besaría una y mil veces aquí y no olvidaría ni una.

El amor creciente de ambos fulguraba para hacer al sol envidiarlos mientras se ocultaba receloso. El cariño que ambos tenían entre aquellas flores amarillentas era sublime y envidiable como ningún otro. A pesar de que su amor nació por pequeñas cercanías en la universidad y torpes palabras cariñosas, su historia había comenzado entre flores coloridas y llamativas que decoraban aquel campo donde se repartieron sus primeros besos.

A pesar de que su amor les daba miedo y les hacía detener el corazón cuando temían ser hallados amándose y que aquello fuese mal visto, estando entre aquellas altas plantas los hacía sentir ocultos de todo mal y dolor, como si fuesen cuidados por un manto donde solo eran ellos entre los pétalos dorados.

Había pasado un año desde aquel beso que inició la historia de amor entre ellos, ahora eran capaces de besarse sin la necesidad de ocultarse, con sus corazones latiendo por emoción y no por miedo; sus manos sudando de tanto sostenerse y no por el temor que les agobiaba el corazón. Se amaban libremente, habían conseguido el amor en el otro de la manera más pura.

Mientras se miraban, sumidos en la cercanía del abrazo y en las estrellas de los ojos ajenos, el perro había saltado justo detrás de Yoongi, golpeando la parta trasera de sus rodillas con sus peludas patitas y haciendo que cayera sobre su amado.

— ¡Bommie! —gritó el de hebras menta entre risas, al ser sujetado en el aire por su novio, quien se lanzó al suelo suavemente de forma exagerada, con Min sobre su pecho. Ambos rieron enormemente enamorados.

Sus ojos se encontraron entre risas y sjs corazones empezaron a unir sus latidos volviéndose uno. Con cariño, Namjoon sujetó la cintura ajena y se acercó a plantarle un beso en los labios a su enamorado.

Sus labios se encontraron y su amor creció y creció.

Pero, aquel acto de cariño se detuvo cuando la lengua del can irrumpió entre sus rostros, dando lametones a sus mejillas.

— ¡Bommie! ¡Bom, detente! —chillóMin entre risas, cubriendo su rostro mientras Nam se limpiaba la baba de las mejillas entre carcajadas—. ¡Bom! ¡No interrumpas a tus padres mientras de dan besitos!

Pero ahora no importaba cuanto les interrumpieran los besos, los centímetros de diferencia o el qué dirán, tenían toda la vida para besarse y ahora nada detendría aquello.

Su amor florecería como girasoles coloridos.

sunflower love | namgiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora