Decir que Min Yoongi estaba nervioso era poco, era incluso una falacia.
El corazón se le saldría de tanto palpitar acelerado y sus dedos se encontraban helados de los nervios. Sus palmas sudaban y su caminar era acelerado. Estaba hecho un manojo de nervios, caminando de un lado a otro para tratar de controlar su agitada respiración y el temblor constante de sus manos.
Hoy era el día, hoy diría sus sentimientos en voz alta, hoy le diría a Namjoon lo enamorado que estaba de él y lo mucho que le gusta él. Le gustaba su esencia, su interior, su forma tan hermosa de ser. Había muchas cosas físicas atractivas en Kim, y su corazón tampoco perdía el brillo. Tenía cualidades sumamente encantadoras: era bondadoso, era conversador, comprensivo, cariñoso, paciente, inteligente... Y Min podría seguir la lista sin fin de las virtudes del moreno, pero jamás acabaría porque, mientras más lo conocía, parecía encontrar más cosas buenas en él.
La emoción no le cabía dentro de sí y su pulso iba histérico.
Sus manos vibraban tanto que el ramo que se encontraba en estas estaba agitándose sin parar. Claro que no un ramo real, hecho de flores cortadas que lentamente se secarían hasta no ser más que dolorosos pétalos que se caerían por un suave soplo. Era un ramo falso, de flores de mentira que había comprado en algún negocio de plantas. Eran preciosas rosas blancas con pétalos de tela y un tallo plástico.
Lo hizo pensando en su amado, él preferiría aquel ramillete falso a lastimar verdaderas plantas.
Luego de haber pasado quince minutos con sus pies vagando por la planicie, decidió encaminarse hasta el pasillo, yendo a paso lento mientras respiraba profundo.
Estaba pensando en qué diría, en cómo actuaría, en qué le diría Namjoon.
En su primer escenario imaginario, se acercaba a besarlo, plantándole los labios como si hubiesen deseado esto toda la vida, lo besaba hasta llenar sus vacíos adoloridos por dolores anteriores. Lo amaba como jamás había amado y sentía por fin que podría ser feliz junto a alguien que no se atrevería a dañarlo jamás. Era irrealmente hermoso, un sueño hecho realidad donde finalmente sus dolores eran borrados con un aprecio que siempre deseo.
Pero, sabía que era tan solo una fantasía.
El siguiente escenario era uno donde era aborrecido. Donde Namjoon lo apartaba repugnado, empujándolo lejos y gritándole a la cara todos los insultos posibles, llamándolo asqueroso, enfermo, marica. Le pediría que jamás en su vida se le acercara de nuevo y saldría corriendo, dejando atrás a Yoongi con su hueco en el corazón, con las lágrimas deslizándose por sus mejillas como una cascada incesante. Lo dejaba solo con su amor no correspondido flotando en su sufrimiento.
En uno peor, le golpeaba el rostro hasta que Min ya no sentía este, hasta que su nariz sangraba y las lágrimas ya no podían bajar. Revivía dolores del pasado donde era insultado sin parar mientras estaba tendido en el suelo con su suplicio.
Sin embargo, se había dicho a sí mismo que estos escenarios eran lejanos a la realidad. Namjoon jamás lo golpearía y dudaba que fuera capaz de llamarlo marica. Confiaba en que lo respetaría y no le gritaría vulgaridades a la cara o lo molería a golpes.
Pensaba en que, quizás, lo apartaría respetuosamente y le diría que aquel amor no era recíproco, que no gustaba de chicos y que no podía corresponderlo aunque quisiera. Le explicaría que no era él, no era su culpa, no era su amor, simplemente era algo inevitable y que alguna vez encontraría a alguien que lo amara tanto como era él capaz de amar. Min no sabría cómo explicarle que aquello era imposible, que su corazón lo amaba con una intensidad que jamás podría sentir por otra persona.
En otro escenario, no lo besaba. Solo le decía sus sentimientos con claridad, tartamudeando irremediablemente mientras abría sus corazón ante el guapo hombre. Namjoon lo escuchaba atentamente y, en el más lejano de los escenarios, esos que le hacían latir el corazón a millón, este lo correspondía, tomando sus manos y diciéndole que lo amaba tanto como él lo hacía. Le besaba él los labios esta vez y Min sentía que flotaba.
Dejando de lado sus ensoñaciones, volvió a la realidad. A la realidad donde podría ver verdaderamente lo que ocurriría al abrir su corazón ante aquel hombre.
Cuando solo habían pasos para llegar, ya el timbre había sonado y los estudiantes se encontraban aglomerados en el pasillo, escapando de los salones que se encontraban en clases hasta esas horas. Entre el montón de personas, a Min se le dificultó diferenciar al pelinegro. Estando de puntitas allí, tratando de mirar sobre las cabezas y no tropezar con sus propios pies, lo vio.
Normalmente, cuando Yoongi ve a Namjoon, se queda sin habla y su pulso de acelera. Se le vacían los pulmones y le cuesta pensar con claridad. Si tuviera que definir cómo se siente estar junto al moreno, diría que es como ver un campo floreado donde no puedes respirar debido a la belleza que encuentras, pero cuando logras hacerlo te sientes sumamente vivo y lleno. Namjoon era vida, era felicidad, era paz interna. Su esencia era aquello.
Normalmente, cuando ve a ese chico, sus mejillas se colorean de tonos rojizos y sus manos comienzan a sudar sin parar.
Pero esta vez, su corazón no se expandió al latir con rapidez, su mirada no brilló como miles de estrellas y sus manos no sudaban de los nervios mientras se acercaba a él.
A lo lejos, solo lo observó enmudecido, con su corazón volviéndose cada vez más pequeño y apretando cada vez más en su tórax. No corrió a él, no dijo su nombre, ni siquiera siguió caminando, tan solo miró mientras su corazón se iba agrietando.
Junto a Namjoon había una chica, una preciosa chica de tez blanquecina y una linda nariz pequeña. Su cabello era oscuro y su hermosa sonrisa era hipnotizante, con sus labios pintados de rosa. Era hermosa, su figura era hermosa, la forma en la que sus facciones se movían al hablar era agraciada y atractiva. Era aquella mujer que tus padres esperan que tengas de pareja.
La mujer que llevas a casa con tus padres en lugar de un chico.
Yoongi trató de mantener la calma, de verdad trató, respirando profundo y aferrando sus manos al ramo plástico. Sin embargo, cuando los labios de la chica se posaron en la mejilla del moreno, dejando allí marcado su labial, él simplemente no pudo soportarlo. No pudo mirar más y solo corrió y corrió lejos. Huyó con los pedazos rotos de su corazón y los pies tropezando debido a los torpes pasos apresurados.
Era un tonto, era un imbécil al creer que Kim alguna vez se fijaría en él, en un chico, en un varón que no tenía nada de lo que tenía aquella guapa mujer con tez tan blanquecina como las nubes.
Escapó a paso veloz, con sus lágrimas bajando como gruesas gotas que le picaban en los ojos y le calentaban las mejillas. Su interior dolía sin parar y sus miedos lo atragantaban hasta formar un enorme nudo en su faringe que solo lo dejaba mudo.
Llegó a su casa con su rostro rojo y empapado en aquellas gruesas gotas de suplicio.
Jungkook y Seokjin lo miraron extrañado desde el sofá cuando llegó a la casa tan destruido, pero, antes de que abrieran la boca para preguntar, el de hebras mentas se encerró en la habitación con sus sollozos y su sufrimiento, ocultándose bajo las sábanas a llorar mientras abrazaba el ramillete como su único recuerdo amoroso, su última memoria de amor antes de que le cayera el mundo a los pies.
Se culpó por enamorarse, se culpó por ser un hombre, se culpó por no poder ser suficiente para Namjoon.
Y cada pedacito de culpa se le incrustó en el corazón como pequeños fragmentos de vidrio que lo dejarían totalmente desgarrado.
La estatura no importaba, él jamás besaría a Namjoon porque no estaba a su altura.
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sunflower love | namgi
FanfictionSiete centímetros de diferencia parecen poco. Pero para Yoongi marcan la gran diferencia, ya que le prohíben besar a Namjoon. Los labios de Namjoon llegan a la altura de su frente, ¡y Min no quiere besitos en la frente! 𝗔𝗰𝗹𝗮𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 ♡ ─...
