- IX -

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6 - Cólera

TW: Este capítulo tiene lenguaje que puede resultar sensible para algunos lectores.
Proceder con precaución.
Se recomienda reproducir la canción en multimedia en la parte señalada. Refleja el sentir de Alberto.

—¿Estás bien, Alberto? Lamento si te lastimé. Tenía que sacarte cuanto antes o te habrían llevado. Ya debes de estar seco, ¿no es así? Anda, ven, te ayudo a levantarte.

Nuevamente su muñeca fue tomada por las manos intrusas y de su cabeza cayó la supuesta red, que en realidad era una gran toalla lisa.

—Gracias —dijo una vez de pie.

—No hay por qué.

Alberto emprendió camino detrás de su rescatista, disimular era lo más viable en ese momento. Lo habían visto y de no haber sido por dicha persona, no la habría contado.
   Se sentía incómodo, sin poder entablar conversación. Quería decirle más que sólo un simple gracias, al final de cuentas le había salvado la vida mas no encontraba las palabras correctas para hacerlo, ni ellas estaban dispuestas a abandonar su lengua.

—Qué milagro que volviste. Me da… gusto volver a verte, Alberto —mencionó su rescatista sin voltear a verlo—. Debes tener más cuidado; desde que Emilio Visconti ganó las elecciones, el mar ha sido un caos, están más atentos que nunca ante la presencia de marini. Las señoras Aragosta me dijeron hace poco que no han podido ir a Angelica a visitar a su hermana debido a eso.

—No sabía que era político. ¿En qué estaban pensando al votar por él? Toda esa familia está repleta de imbéciles —escupió con molestia—. Estúpidos monstruos de tierra.

—El hecho que parezcas un pez escorpión* definitivamente no es casualidad, con justa razón te apellidas Scorfano, jajajaja —rió con ternura mientras, por primera vez desde el rescate, lo miraba a los ojos—. Sigues siendo el mismo temperamental de siempre.

—Alberto/Luca-, yo… —respondieron al unisono—. Lo siento, tú primero —dijeron una vez más—. No, en serio, primero tú.

—Luca, dejaré de lado mi orgullo un instante. Te agradezco por tu ayuda. Me salvaste la vida, de verdad. No creí que saldría de ésa. No sé cómo fue que estuviste justo ahí en el momento que lo necesité pero te debo una. En serio gracias.

—No hay por qué agradecer nada. Hubiera sido estúpido de mi parte dejarte ahí a tu suerte. Fue causalidad, ¿sabes? Algunas mañanas voy al muelle antes de ir a trabajar —explicó con desgano la última parte. Entonces Giulia decía la verdad aquel día—; por suerte logré verte antes que ellos. La próxima vez intenta rodear la barranca, ahí casi no suelen haber lanchas.

—Te agradezco.

Continuaron su camino en silencio unos metros más antes de llegar a la plaza principal. Podía ver sus brazos y tobillos escapar por las orillas de sus ropas, así como su cuello; delgados, pálidos, incluso con algunos moretones. Resonaban incesantes en su cabeza las voces de Giulia y Smuca señalando que esa condición del joven había sido provocada por su partida de aquel día, que el haberse ido de Portorosso había provocado su declive, que el haber terminado lo condujo a lucir como un cadáver viviente.
   Su inesperado reencuentro estaba a diez metros de terminarse y sus sentimientos se encontraban en una disputa entre querer alargar ese momento y aclarar lo sucedido o terminar con ello lo más pronto posible.

—Giulia me contó que le harían una comida especial a Massimo por el día del padre. Me imagino que se pondrá muy feliz con la sorpresa.

—¿Ella te invitó? —Cuestionó con confusión en su voz. No lo había visto en dos años ¿y ahora esperaban que convivieran debajo del mismo techo como si nada hubiese pasado?

Tritone - Alberca/LubertoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora