Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

FLORES Y TRAMPAS.

47 4 1
                                        


FLORES Y TRAMPAS.


*


"Anda,

deja que descubra los montes de tu mapa.

La concupiscencia secreta de tu alma.

Y ven a mis brazos,

dejemos los datos,

seamos un cuerpo enamorado."


Anda. / L. E. Aute


*


No podía postergarse más. El momento de enfrentarse a Zeth tenía que llegar, y llegó. Un pequeño y precioso restaurante fue elegido para el reencuentro. Kyu esperaba con los nervios a flor de piel. Cómo en su primera cita. Zeth llegó minutos después. No muchos. Luciendo tan hermoso cómo siempre. Al verlo, le dedicó una esplendorosa sonrisa. Se acercó deprisa y Kyu se levantó con cortesía. El chico, aprovechando el momento, se arrojó a sus brazos estampando un beso en su mejilla. – Estoy tan feliz de verte.


- También yo, Zeth ¿nos sentamos? – De manera extraña, Kyu se sentía un tanto incómodo. El mesero no tardó en llegar y ambos pidieron un té para charlar mientras ordenaban algo. Zeth se encontraba de vacaciones por un par de semanas. Suficiente para pasear por Seúl y disfrutar la ciudad. - ¿Hay algo nuevo en Seúl que puedas recomendarme? – Preguntó emocionado. – Tal vez podamos salir e ir al cine. – Sugirió cómo al azar.


Había decenas de lugares que sugerir. Muchos planes que idear, pero Kyu no estaba tan seguro de ello. Las preguntas de Zeth aumentaron conforme avanzaba la tarde. Dónde trabajaba, cómo eran sus compañeros, y, la más importante, si estaba saliendo con alguien.


Kyu, de la manera más concreta, trató de responder a los cuestionamientos de Zeth. Dudando en la pregunta final sin que el chico apenas lo notara. El rostro de Cheol jugueteó en su mente, pero no podía decir que salían, por qué no lo hacían. Era incorrecto.


**


Después del trabajo se dedicó a buscar una suplente para Sumi. Cheol, aunque no quisiera reconocerlo lucía algo agotado por cuidar de la abuela y eso podría afectar su, ya de por sí, precario rendimiento escolar. Después de la amenaza de su tío Liu, aquella de mandarlo de interno fuera de Corea, Jung Min se encontraba con los nervios de punta.


No todos los padres eran buenos padres, y los de Cheol eran un claro ejemplo que entraba en la segunda clasificación. La indiferencia podía doler tanto cómo otras formas de herir, y quizá por eso Cheol había hecho de sí mismo el más fiel retrato de la desobediencia y la obstinación. Mandarlo lejos sólo supondría un acto sutil y violento a su rebelde, pero noble corazón.


Y es que Jung Min estaba seguro que detrás de toda esa fachada de desinterés e indisciplina, se escondía un chico vulnerable con necesidad de afecto. La falta de ello, era lo que llevaba a Cheol a cometer una y mil locuras con tal de tener atención. Jung Min estaba preocupado. Aunque no lo admitiera, quería para Cheol lo mejor y, sobre todo, quería verlo siempre sonreír.

Las cuatro y diez.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora