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AL ESTE DEL EDÉN.

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AL ESTE DEL EDÉN.


*

"Fue en ese cine ¿te acuerdas?
En una mañana al este del Edén,
James Dean tiraba piedras
a una casa blanca,
entonces te besé."

Las cuatro y diez / Aute.

*


El sol de ese final de verano todavía quemaba un poco, podía sentirlo sobre los distintos espacios de su piel. La mañana era aturdida por tantos deberes de escuela y las muy pocas ideas para llevarlos a cabo. Con el cuaderno en la mesa y una taza de café al lado, Hyun Joong hacía intentos infructuosos por concentrarse. Entonces la vio: el viento jugaba travieso con su vestido. La brisa de primavera era más que brisa de primavera. Era un viento rebelde, impropio a la temporada, haciendo su sorpresiva aparición junto con ella: Young Mi.


Un papel escapó de sus confundidas manos y Hyun tuvo la suficiente habilidad para atraparlo. Sus ojos, seguro, no podían disimular el asombro al mirarla tan bonita, porque ella se sonrojó cuando él le alargó el objeto robado por el viento.


Young Mi.


A partir de ese día aquella mesa, de aquél café, fue el escenario de sus sonrisas y sus sonrojos. No pasó mucho tiempo antes de que Hyun Joong le pidiera fueran novios. Ella dijo que sí y lo demás fue historia. Tenían diecinueve años y demasiada prisa por hacer las cosas, tal como si no hubiera un mañana.


A él se le daba mal el francés y ella lo ayudaba pues tenía facilidad en ese idioma. Cosas de la vida que estudiaran casi lo mismo. La escuela de Young Mi no estaba muy lejos de la suya, y en bastantes ocasiones Hyun se preguntó cómo no la había visto antes. Ella le contestaba que se habían visto en el momento indicado. Hyun Joong consideró que era así, tanto como consideró adecuado cada momento con ella; de llevarla al cine, de soportar películas antiguas que a ella le fascinaban, de besarla por primera vez, de esos labios tímidos y esas sonrisas discretas, de todas esas otras visitas ala vieja sala y esas manos urgentes intentando colarse debajo de su blusa que Young Mi apartaba con un prudente golpecito.


Aunque no fue adecuado el sermón de aquél malhumorado guardia, amonestándolos por conducta inapropiada y preguntándoles su edad. Young Mi estaba tan avergonzada que no habló en todo el camino de regreso. Hyun aún reía al recordarlo.


Así pasó un año.


Young Mi seguía siendo la misma aunque Hyun Joong notó una palidez fuera de lo usual en ella a la que no le dio tanta importancia. Hasta esa tarde. Young Mi llegó con los ojos llorosos y una mala noticia plasmada en un papel, con sellos y firmas y augurios de malos tiempos para los dos: una enfermedad maligna estaba minando sus huesos, sus risas, toda su existencia. Young Mi lloró hasta desbordarse en el hombro de Hyun Joong, sin saber de la decisión que él ya había tomado. Sus padres, por supuesto dijeron un rotundo "no", pero cedieron ante la evidencia de que de todos modos lo harían.


La boda se llevó a cabo con una sencilla fiesta, llena de invitados que los miraban suspicaces por la urgencia de ese acto. Hyun no quiso explicar sus motivos, no a extraños. Al final de cuentas estaría con Young Mi, en una lucha contra el tiempo. Aquella frase tan trillada a ellos los hizo vivir a contrareloj: "hasta que la muerte los separe".

Las cuatro y diez.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora