Introducción.

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Cuando Carlos y yo nos conocimos todo fue, sencillamente... perfecto. Era el chico guapo al que volteas a mirar, el chico al cual tus amigas le lanzarían piropos peores que un albañil. Era sexy, honesto, buen amigo y tenía la voz levemente ronca lo que lo hacía jodidamente más sexy aún y lograba que yo tuviera ganas de hacerle todos los hijos que él quisiese. Y eso que yo no quería tener hijos. Pero también era agresivo, enojón, problemático y ha andado en cosas turbias. Era el chico que toda madre con dos dedos de frente odiaría. Si la mía hubiese estado viva me hubiera encerrado de por vida para evitar que me acerque a él. Aunque también es seguro que yo la hubiese ignorado y me hubiera metido en su cama de todas formas.

Todos sabíamos quien era Carlos Marco, era el chico guapo con mucho peligro para las chicas buenas. Lo bueno (o quizá no tanto) es que yo no era ninguna "niña buena". No, yo era la chica mala jodidamente follable. Y me encantaba, era una delicia ver a todos esos hombres detrás de mí, algunos tenían suerte y podían pasar por mi cama, o en la suya, daba igual. No me importaba acostarme con quien sea del grupo que estuviese bueno y disponible (o quizá no tan disponible), pero cuando Carlos llegó, con su personalidad eclipsante, en su querida Harley robada y su chupa de cuero, mi cuerpo sólo lo reclamaba a él. El resto dejó de existir para mí, a pesar de que tenía que aguantar verlo de vez en cuando con otra zorra barata y esquelética, no me importaba porque sabía que al final de la noche con quien se iría sería conmigo.

Así que si, todo funcionaba "perfecto", era más de lo que había tenido nunca con alguien. Él parecía quererme, no del tipo quiero casarme contigo y tener muchos hijos amor pero si del tipo, no me importaría pasarme el resto de la vida metido entre tus piernas, aunque yo a él si le quería de la primera forma y en el fondo sé que él era conciente de eso por lo que jugaba tanto conmigo, realmente no me importaba porque lo seguía teniendo. Él siempre iba a mí cuando lo necesitaba. Y me gustaba sentir que yo era lo suficientemente importante para él como para eso.

En definitiva, nuestra relación era lo más bonito que yo había tenido nunca, y estaba tan aferrada a ello que me di cuenta demasiado tarde de que él no era mío. De que nunca lo había sido. Porque apareció ella: esa niña buena que hizo que él se olvidará de mí. Y la odié tanto, y después a él. Éramos el típico trío amoroso, sólo que ella era la buena chica a la que el protagonista protegía de la puta malvada, o sea yo.

Pero no siempre el chico malo
se queda con la chica buena.

- вυrɴιɴɢ мe. [carlos marco y тυ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora