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Algo roto

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—Tienes a tu mamá algo endiosada.

—No te soportaba como hija.

Hana vuelve a venir para la cena. Mi única respuesta a los toques en la puerta es un «lárgate» como las veces anteriores que vino para según ella, ver cómo estaba.

Puedo sentir mis ojos hinchados de todo lo que he llorado en lo que quedó de tarde y ahora noche. Tanto que se me empiezan a cerrar por si solos.

Me levanto yendo al baño lavando mi cara y parezco un tomate cocinado.

Que mierda tan mierda.

¿Qué más falta? ¿Que vengan a buscarme solo para mandarme a trabajar en un prostíbulo como en las novelas?

Cómo dices «novelas» solo pasa en novelas.

Pues que de la nada alguien que estaba muerto, aparezca vivo, también sale en las novelas.

En vano me lavo la cara porque de nuevo quiero llorar. Me pregunto si la supuesta familia materna que alguna vez tuve sabrá de esto. No lo creo. Son muy rectos para estar de acuerdo con este tipo de cosas. Lo que me lleva a pensar que esto es solo y únicamente plan de Wilmer.

Vuelvo a mirar por la ventana y según yo han pasado suficientes horas para deducir que ya todos están dormidos. Tengo que irme.

Quiero irme.

No me importa nada. No quiero seguir compartiendo oxígeno con personas en las que no puedo confiar.

Agarro la chaqueta de Damon y me la pongo por encima del sueter que llevo. Abro y salgo sigilosamente de la habitación, caminando tratando de hacer el ruido menos posible. Paso de largo por las escaleras ya que me entra la curiosidad por saber cuántas habitaciones hay en la casa.

Se supone que en una duerme Hana, en la otra Wilmer y en otra ella ¿No? ¿Duerme con él…?

Descarto el pensamiento al instante que aparece. Sería tan enfermo

Continúo doblando en una esquina donde hay una puerta abierta, dejando apenas visible un haz de luz muy tenue dibujándose en el suelo oscuro. Escucho unos murmullos adentro y con pasitos muy cortos termino acercándome a un lado de esta, para observar por la ranura lo que parece ser un despacho y dentro están Wilmer y la japonesa. Ambos conversan tranquilos y la chica se mueve de un lado a otro en la silla giratoria mientras que mi tío tiene el cabello desordenado para lo habitual y una posición muy relajada.

Me debato en sí irme o no. Debería hacer la primera, pero me llama la atención saber que hablan. Quizás de este tema en concreto. Quizás pueda sacar algo.

Suelto aire por la nariz y finalmente vuelvo a mirar por el espacio en la puerta, acomodándome mejor para estar al tanto si van a salir y también para agudizar mejor mi oído.

—¿Crees que está saliendo como esperabas? —le pregunta ella a él y asiente haciendo un mohín con los labios, jugando con su lapicera, mirando distraídamente la computadora encendida en el escritorio.

—¿Por qué lo cuestionas?

—El daño psicológico que está teniendo ella es… grave, Wilmer, lo sabes. De por sí… me has dicho que no es muy estable —él de nuevo asiente.

—Lo sé. Aunque confío en ella —mira algo en su mesa—. También confío en que tú me vas a ayudar.

—¿En qué?

Marcando los erroresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora