35

13 1 0
                                        

Los angeles no existen

|

Me despierto sintiendo una fuente de calor en mi rostro. Una luz pegando directamente en mi cara que, a donde sea que me mueva, por más que entrecierre los ojos¸ sigue. Eso hasta que una corriente de aire parece moverla de lugar.

No tardo en darme cuenta que son rayos de sol entrando entre las cortinas oscuras de una ventana panorámica abierta. La brisa suave de la mañana es lo unico bonito que siento, aunque es totalmente apocada por el dolor palpitando mis sienes. Paso unos segundos tratando de reconocer el lugar, o, mejor dicho, saber que es un cuarto y ya. Aclarando mi mente, tengo recuerdos vagos de la noche anterior, al menos de un principio porque tras mi pelea con Damon tengo muchas escenas claras en mi cerebro, una tras otra.

Siento náuseas y cuando siento que una arcada me viene, me incorporo de la cama en un parpadeo, yéndome de lado chocándome con la pared por el mareo que recibo. Me sostengo de está buscando algo para vomitar porque ni siquiera sé si hay baño. Mis ojos localizan una pequeña papelera vacía, y no pienso dos veces en agarrarla y soltar el vómito que siento que se lleva todo dentro de mí.

Se me vienen más arcadas y regurgito todo lo que había ingerido. Presiento que va más allá de mi borrachera. Recuerdo la pelea con Damon, la mini pelea con Braiden, la enorme pelea con Wilmer y recuerdo la pelea conmigo misma queriendo no desmayarme viendo a…

Las imágenes son más presentes.

Me siento en la cama tratando de recuperarme y respiro hondo. Dejo la papelera y observo dos puertas una frente a mí y la otra a la derecha. Alguna debe ser un baño ¿No?

Elijo la que está al frente de mí y tengo la buena suerte de acertar. Entro acercándome directo al lavamanos. Me lavo la cara despertando aún más. Es una broma, lo sé. Las drogas me afectaron al punto de alucinar. Me miro en el espejo dándome cuenta lo terrible que estoy: pálida¸ con ojeras, ojos hinchados y encima el rímel corrido.

Ni siquiera me molesto en arreglarme un poco. Solo me lavo la boca, echándome agua una vez más, frotando mis ojos saliendo.

Me asomo por la ventana respirando aire fresco y no hay más que arboles extendiéndose por unos buenos kilómetros. ¿En dónde mierda estoy?

Me rasco la cabeza volviendo al interior del cuarto e ignorando la papelera a mis pies, en la habitación no está más que la cama y dos mesitas de noche a los lados. Abro las gavetas como loca buscando algo que ni sé y viendo que están todas vacías, suelto un chillido de frustración.

—¿De verdad esto es un secuestro? —me pregunto cómo idiota y no sé me ocurre otra cosa que—: ¡Wilmer!

Ni siquiera sé si está aquí, pero son medidas desesperadas. Necesito explicaciones, necesito saber si lo que vi anoche era cierto. Seguro solo fue parte de un terrible sueño y no me desperté en ningún momento. Dormí desde el momento que me desmayé en la casa hasta ahorita.

Me froto los brazos ansiosa, repitiéndome eso una y otra vez. Aunque los recuerdos son muy claros para que hubiese sido un sueño. Me quito la chaqueta de Damon lanzándola a la cama y miro la otra puerta sintiendo ganas de abrirla, aunque prefiero esperar que alguien aparezca. Tampoco creo que pueda abrirla y tampoco es que me vayan a dejar aquí encerrada por el resto de mi vida…

Eso creo.

Sacudo la cabeza alejando la paranoia. No necesito sobre pensar. No ahora.

Me siento en la cama sin saber qué hacer. Tengo mucha hambre. Como si no hubiese comido en días. El sol de nuevo pega directamente en los ojos como si quisiera que estuviese más atenta a las cosas, aunque ahora mi cabeza da vueltas y vueltas preguntándome si todo esto es real. Quiero que mi preocupación vuelva a ser una cita doble, no esto.

Marcando los erroresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora