03

239 34 3
                                        

-Que bueno que llegas. Creí que estarías cansado de tanto trabajo, así que rebusque en la cocina y prepare esto -señalo la mesa- cenemos juntos ¿si?- parpadeo un par de veces intentando convencer al menor, con la mirada.

-¿Por qué haces esto Kim?

-Este último par de meses solo has cuidado de mi. Es mi forma de agradecer tanto. - Respondió simple encogiendo sus hombros.

-¿Par de meses? -suspiró- va cerca de medio año Kim

-Te agradezco que me dejes quedarme contigo aún

-No te deje, simplemente no parece que quieras irte

Seis meses, exactamente habían pasado ya seis meses desde que Kim empezó a vivir con Nakunta. Habían pasado varias cosas, desdé pláticas algo profundas, hasta peleas y discusiones como si de una pareja se tratase.

Suspiró frustrado y se sentó a la mesa, Kim por su lado, sonrió victorioso y se sentó frente a él, sirviendo grandes porciones de comida para ambos.

-Espero que te guste.

-Es incluso mejor que la comida de lata o el ramen que solía comer durante mi vida de "soltero" -dijo llevando un bocado de Thai pal a su boca.











✴✴✴✴✴










Estaba terminando de limpiar la cocina, cosa que odiaba más que a Nakunta, quien por cierto había ido a bañarse. Sequé mis manos con el trapo de cocina y me dirijo a su habitación o mejor dicho nuestra habitación.

Así es, hacía dos meses que habíamos acordado dormir en el mismo lugar, con la única condición de que fuese al lado contrario. Mis pies dando a su cabeza y viceversa.

Era tarde y lo único que añoraba en esos momentos era la comodidad de la cama y la cálida manta sobre mi. Vivir con Nakunta no era cosa fácil, tenía que despertar temprano, hacer el desayuno, limpiar, ir a trabajar, regresar, hacer la cena, algo de limpieza, darle de cenar, limpiar de nuevo, yo era la cenicienta en esa casa.

Un infierno que nunca me había pasado, ahora estaba presente. Pero no me quejaba, pues yo había ideado esto antes que nadie, así que no había nadie a quien más partirle la cara más que a mí mismo.

Entre a la habitación y visualice  a Nakunta frente al espejo, quitándose la campera, de la cual un trozo de papel cayó al suelo. Me acerque a levantarlo pero me lleve una gran sorpresa.

Mi rostro palideció, sentí un vacío en el estómago e inclusive mis piernas flaquearon por unos segundos. De no haber sido por Nakunta quien me sostenía, hubiese caído.

Reí por mis adentros, amaba y agradecía mi decisión de haber tomado esos cursos intensivos de actuación. En ese momento quería reír por lo ingenuo que estaba siendo, pero arruinaría todo.

-¿Estás bien? Palideciste

-¿P-porque tienes esto? -señale la foto en mis manos.

-¿Lo  conoces?

Mierda ,no, no podía decir que si, eso arruinaría todos los planes. Pero tampoco podía decir que no, pues no tendría razón de palidecer. Piensa Kim piensa.

-Él... Estaba siguiéndome.

-¿QUE? ¿Desde cuándo?

No esperaba escuchar sus ritos tan cerca de mis oídos, así que pegué un pequeño brinco de sorpresa. Pareció notarlo, pues tomó mis manos y fuimos a sentarnos al borde de la cama.

Hate me || JeffTaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora