Capítulo II

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La luz se había apagado hace tiempo, me encontraba sola en lo que parecía ser la nada, ¿estoy realmente muerta?, pregunte, pero no había nadie que pudiese responderme, todo estaba vacío, una soledad que esparcía miedo y angustia.

Intente poder ver mi cuerpo, ya no sentía el inmenso dolor al estar siendo atacada por Markus, pero todo era borroso, era como estar a tientas con una venda, mis sentidos solo estaban para recordarme que estoy consciente, que no es un simple sueño.

¿Dónde diablos me encuentro?

Me levanté de una manera un tanto torpe como si nunca hubiese aprendido a hacerlo, empecé a caminar lentamente tratando de poder encontrar algo, pero todo era nada, ¿me sentiría de esta forma para siempre?, ¿qué se supone que debía hacer? El miedo se estaba volviendo parte de mí. Toda mi vida estaba pasando por mi mente una y otra vez, todo empezaba a hacerme sentir desesperada y las voces, esas malditas voces que no callaban aunque hiciese mi mejor esfuerzo.

—por favor para... quiero descansar —grité mientras caía de vuelta al suelo.

Tengo miedo, no quiero estar sola, quiero poder ver o escuchar, ¡no!

Solo necesito saber dónde estoy...

Mi mente cada vez divagaba más, perdiéndose entre la razón y la locura cuando las lágrimas comenzaron a fluir, me equivoque, sí, pero todos cometemos errores, ¿es acaso justo dejarme en esta incertidumbre?, si hay alguien que quiere verme destrozada y no ha tenido suficiente contemplando mi muerte por favor quiero saber lo que falta...

Al mirar de nuevo las palmas de mis manos pude ver claramente, había perdido la venda que limitaba mi vista, pero seguía estando en la oscuridad. Alcance a ver un destello más delante de mí, por lo que me arrastré lentamente tratando de llegar a ese brillo. En algún punto sentí que era casi imposible alcanzarlo porque cada vez que avanzaba me hacía sentir más alejada, pero aquí estaba, el brillo que había visto y lo único que me daba una esperanza era solo un charco de agua. Me sentí decepcionada al ver que no había nada y reí ante mi ingenuidad.

¿Así es verdaderamente la muerte?

—Si Anastasia, a veces la soledad es mucho peor que los castigos en el infierno —respondió una mujer que apareció repentinamente frente a mí. Su brillo hacía que mis ojos se sintieran cegados, por lo que apenas vislumbre su cabello color oro y su voz... era terriblemente dolorosa de escuchar.

—Anastasia, esta última vez tardaste demasiado... Sabes que yo ... —Su voz causaba que todo mi cuerpo se estremeciera, de alguna manera era suave, sin embargo, solo que me hacía sentir un dolor insoportable. Intente taparme los oídos, pero su voz no paraba de sonar, poco a poco aquellas palabras se volvían incomprensibles, ¿era tal vez mi mente la que no podía procesar todo lo que se escuchaba por el gran dolor?

Alce mi mirada, pero era incapaz de ver algo, ante la situación mi desesperación volvía, no quería seguir escuchando y no podía ver más que aquel charco de agua. Intente gritarle que callara, pero su risa se escuchó en mi cabeza como el más puro sufrimiento. Mis manos se habían manchado de rojo, un rojo que hizo que mi cabeza estallara, ya no podía, realmente quería llegar al final de todo esto.

Mis manos llenas de sangre cayeron al agua, pero en lugar de limpiarse todo se volvió rojo. Mi cuerpo se sintió débil y se sumergió en lo que ahora era un río de sangre, podía escuchar a aquella mujer, pero no entendía nada y aun si lo hiciera ahora tenía problemas más graves... Por más que intentaba me sentía a punto de ahogarme, el agua que antes era una nada ahora me cubría todo el cuerpo.

 Por más que intentaba me sentía a punto de ahogarme, el agua que antes era una nada ahora me cubría todo el cuerpo

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Tal vez solo quería verme sufrir...

Repentinamente, sentí algo empujándome, era como si me ayudasen a salir, así que intente con todas las fuerzas que me quedaban levantarme tratando de tocar a aquella mujer, pero en cuanto me acerque desapareció, lo único que la palma de mi mano había tocado era un espejo.

Allí estaba yo, un vestido blanco que solo servía para tapar mi cuerpo, mi rostro lleno de lágrimas que no me había percatado que tenía y nada, no había ninguna gota de agua o de sangre como había pensado. El lugar se iluminó haciéndome ver miles de engranajes por todos lados, algo que ni siquiera había sentido, cada uno de ellos captaba mi atención lentamente hasta que de alguna manera empezaron a caer. Todo se estaba destruyendo, pero en lugar de sentir miedo estaba mirando tranquila cada pieza que caía, cada una de ellas volvía a dejar un espacio negro. Un reloj sonó detrás del espejo y con ello mi mirada otra vez volvía a ser borrosa, sin embargo, algo me decía que no dejara de tocar el espejo. Me levanté débilmente y me apoye en mi mano, otra vez sonaba aquel reloj, con cada ruido que hacía se escuchaba más fuerte, mire al espejo y lo entendí, apreté mis puños y como último acto lo rompí.

 Me levanté débilmente y me apoye en mi mano, otra vez sonaba aquel reloj, con cada ruido que hacía se escuchaba más fuerte, mire al espejo y lo entendí, apreté mis puños y como último acto lo rompí

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Realmente este es mi final


Bajo tu SombraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora