En la vida hay amores que surgen ante el primer cruce de miradas y otros, que vienen con el tiempo, sin esperarse; son capaces de destruir cualquier plan escrito y desatar un caos violento que promete una recompensa exquisita: felicidad.
Molly vive...
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Seis meses después.
Cassian
Darcy me sonreía feliz y radiante a través de la pantalla mientras me mostraba a mi sobrino, el pequeño que nació hacia tres meses atrás y que era la copia de mi hermana: un precioso niño de cabello rubio, ojos verdes y piel pálida. Todo lo contrario a Reva, quien heredó los rasgos de Jafar.
—Me recuerda mucho a ti, L, fuiste igual de hermoso al nacer —dijo con melancolía—, no asimilo que en unos años mi bebé también crecerá y se irá de mi lado como lo hiciste tú.
Aquellas esmeraldas se empañaron de recuerdos y lágrimas. Mi hermana aún estaba sensible, Jafar me comentó que había sido difícil para ella el proceso postparto, también que me echaba mucho de menos, se sentía incompleta y la comprendía.
Darcy tomó el papel de madre en mi vida, cuidándome desde que murió mamá y aceptando toda la responsabilidad cuando a papá también lo asesinaron.
—D, podemos vernos en el momento que me lo pidas. —Se limpió las lágrimas con disimulo y abrazó más fuerte a mi sobrino.
—Soy una tonta —suspiró—, no me hagas caso, estoy feliz por ti, L, sé que estar allá significa mucho.
—No eres una tonta, yo también te extraño —dije, lo que ella ya sabía—, en cuanto podamos volveremos a Mardan y nos quedaremos un tiempo más largo, lo prometo. —Asintió conforme.
—¿Y dónde está Molly? ¿Vas a verla hoy?
—Sí, la estoy esperando —respondí, echándole un vistazo rápido a la hora en mi reloj.
—¿Todo sigue marchando bien entre ustedes?
Una sonrisa sincera surcó mis labios. Darcy lo notó enseguida, no necesitaba responderle para que supiera la respuesta.
—Mejor que nunca. Ella trabaja con su papá, yo hago lo mío en la Fortaleza, pero encontramos el tiempo para nosotros, han sido los mejores meses, D —la sonrisa no se borró de mi rostro—, la amo demasiado.
—Me alegro tanto por ambos, se merecen esa felicidad, L —susurró sincera—, ¿con Dixon todo está bien?
Para nadie era un secreto la reticencia de Dixon sobre nuestra relación, jamás iba a aceptar a ningún hombre en la vida de su hija que no fuera él. Sin embargo, lo sobrellevaba, no tenía opción, porque yo no dejaría a Molly, no me iría de su vida a menos de que ella me lo pidiera.
—Mi suegro es todo un caso —froté mi nuca con los dedos, riendo—, pero todo está bien, no te preocupes.
—Eso es inevitable —replicó divertida, me gustaba verla sonreír—, tengo que dejarte, debo alimentar a este pequeño y Jafar está esperándome.
—Te llamaré mañana, dale mis saludos a Jafar y Reva. Te amo, D.
—Y yo a ti, L.
Terminé la videollamada y guardé el celular en el interior de mi chaqueta. Entré al departamento que ocupaba en esta ciudad, dejando las puertas de la terraza abiertas.