"De la misma manera que nacen monstruos físicos, ¿no puede haber monstruos de alma? Puede que la cara y el cuerpo sean perfectos, pero si un gen defectuoso o un óvulo mal formado pueden producir una monstruosidad corporal, tal vez sea posible que el mismo proceso genere un alma deforme... un alma que nace sin generosidad o sin conciencia..."
- EAST OF EDEN, John Steinbeck
Cuando era muy pequeña, Hermione solía tener un sueño que se repetía con molesta insistencia. En el, caminaba por el borde de algún precipicio desconocido cuando sus piernas resbalaban y comenzaba a caer por el abismo sin fin. Al despertar, siempre en mitad de la caída, el miedo le paralizaba el corazón y sus gritos traían consigo los consuelos de su madre, quien le aseguraba que no había nada que temer, pues siempre despertaría antes de llegar al final del abismo. Y ella le había creído... hasta ahora.
Porque ahora, tantos años después, revivía la sensación de caminar por el borde de un abismo; y cuando la varita de la bruja se alzó contra el pecho del rubio, se sintió caer, caer por el abismo sin fin de siempre. Pero esta vez la luz impactó en Draco y ella supo que el abismo llegaba a su fin y que caía y que golpeaba contra las duras rocas imaginarias, sin despertar de la pesadilla; y era tan fuerte el golpe, que el alma se escapaba de su cuerpo.
Y se vio a ella misma, paralizada de miedo, mientras lo observaba a él, convencida de que la maldición asesina lo había alcanzado y que todo llegaba a su fin. Que no habría tiempo de preguntas ni aclaraciones, ni tampoco segundas oportunidades. Que él estaba muerto, y que ella moriría con él.
"Huye conmigo", la voz de él resonó en su cabeza una y otra vez, como si su subconsciente quisiera atormentarla regresando a aquel momento en que, de haber tomado otra opción, quizá el final sería distinto. De haber aceptado huir con él, ¿habría cambiado la historia de ambos? Ya nunca lo sabrían.
Pero entonces él soltó el aire en sus pulmones y ella comprendió que seguía ahí, vivo, que aún respiraba; y entonces su cerebro comprendió la naturaleza de la maldición que lo había golpeado: MEMORIATUS.
No era la maldición asesina, pero su efecto no sería menos letal: "Memoriatus", el contrahechizo capaz de regresar los recuerdos olvidados. Cuatro sílabas ridículas que solo tenían efecto si su ejecutor había sido parte de esos recuerdos. Alguien como Lestrange, que estuvo ahí cuando Draco se negó a matarla; que fue testigo de cómo el Señor Oscuro daba muerte a Lucius y Narcissa; que debió estar presente la noche que el rubio mató a sus padres, o de lo contrario, no podría hacer que su sobrino recordara lo que hizo.
Y en el rostro de Draco el desconcierto iba tomando forma, mientras levantaba sus ojos, buscando los de ella, solo para encontrar ahí la confirmación a sus miedos.
-HP-
Bellatrix Lestrange no podía dejar de deleitarse en el espectáculo frente a ella. ¿Sería en verdad posible que el hijo de Lucius hubiese caído precisamente por la sangresucia cuyos padres había asesinado?
Resultaba tan adorablemente siniestro, en su opinión, que de haber sido otras las circunstancias, habría reído hasta reventar. Pero no era precisamente risa lo que le provocaba al saber que el infame protagonista de aquella tragedia era ni más ni menos que su sobrino. El hijo de su hermana. El mismo en quien ella había puesto sus esperanzas tanto tiempo atrás, sin importar cuántas desilusiones recibiera a cambio.
Desde el instante en que volvió a verlo, siendo ya un adolescente, por debajo del chiquillo mimado que Narcissa había hecho de él, ella notó un talento innato que explotar. Vio su facilidad para los hechizos mentales, su inclinación por la magia oscura y su indiscutible astucia. Al día siguiente decidió que era su deber educarlo para tomar en este mundo el lugar que le correspondía, y al menos en ese entonces, el mocoso parecía fascinado con la idea.
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OBLIVION
Fiksi PenggemarDRAMIONE. SEGUNDA GUERRA MÁGICA. DRAMA, ROMANCE, SEXO Y FINAL CASI FELIZ Mientras Hermione era torturada por Bellatrix en la Mansión Malfoy, Draco recibió la orden de matarla, y se negó a hacerlo... o eso dice Harry Potter, pues ella estaba inconsci...
