Ayudándome de mi celular me las arreglo para llegar al bar de anoche. Estaciono a media cuadra para no ocupar directamente la entrada, tomo mi bolso y me encamino hacia el lugar confiada. Debo conseguir este trabajo si quiero quedarme y no hay mejor manera de convencer a un empleador de que eres buena para el puesto que creértelo tu misma; o al menos eso decía la página de internet que leí sobre primeros empleos y causar una buena impresión.
Entro en el bar sonriendo y me dirijo a la barra en donde el chico de la otra noche está sirviéndole un trago a un tipo. Ni bien acaba, me mira y alza las cejas.
—Si soy sincero, pensé que no ibas a volver —suelta un suspiro diría que de alivio.
—De verdad quiero el trabajo —Dejo mi bolso en un taburete y me siento en el de al lado—. Habría vuelto aunque no me hubieras dicho que lo hiciera.
—Me gusta, esa es la actitud —sonríe y toma una botella de licor.
—¿Quieres un trago? —Comienza a servir, pero enseguida niego con la cabeza.
—No soy fan de beber en la mañana, gracias —digo sonriendo.
—Esa era la primera prueba —vuelve a dejar la botella y alza la palma en el aire para que se la choque—. Bien hecho, chica.
—Mi nombre es Dakota —sonrío.
—Yo soy Nick —señala el cartelito prendido a un lado de su pecho—. Bien, Dakota, cuéntame, ¿qué sabes hacer?
En realidad no mucho, pero no diré eso.
—De todo, puedo tomar los pedidos, servir las mesas o atender aquí en la barra...
—¿La cocina? —pregunta cerrando un ojo como si temiera a mi respuesta.
—No se me da bien —No sé siquiera hacer un huevo duro—, pero si me explicas puedo intentarlo.
—Bien, espérame aquí un momento —Golpea el mostrador suavemente y se da media vuelta para luego desaparecer detrás de una puerta.
Al cabo de unos minutos la puerta vuelve a abrirse, pero no es la cara de Nick la que veo, sino la del señor panzón que siempre presenta a los chicos cada vez que van a tocar.
—Buen día, muchacha —dice él extendiendo su mano hacia mí—. Soy Peter Jefferson, dueño del bar y desde ahora también tu nuevo jefe.
—¿Tengo el puesto? —La página decía que no debía decepcionarme si no lo conseguía a la primera, que mucha gente iba a tratarme mal y que cuando hubiera perdido la esperanza aparecería mi trabajo soñado. Teniendo todo eso en cuenta, esto ha sido más fácil que tocar la guitarra con los ojos cerrados.
—Nick me ha dicho que has superado todas las pruebas básicas, lo de la cocina será algo que tendremos que trabajar, pero Saúl se ofreció a ayudar así que no habrá problema.
—Muchas gracias, de verdad —En la página decía que no debía dejar que notaran mi emoción si llegaba a conseguir el trabajo y siento que mi tono me deja en evidencia, pero no importa—. ¿Cuándo empiezo?
El señor Jefferson mira a Nick y él se encoge de hombros. Luego señala una de las mesas y me indica que nos sentemos, así que eso hago.
—Si quieres puedes empezar hoy mismo, tus turnos serán desde las ocho a las doce de la noche y durante la mañana desde las siete a las once. Tienes un día libre a la semana ¿Estás bien con eso, Dakota?
—Sí, perfecto.
—Ahora, hablemos de dinero —Cruza sus manos encima de la mesa—. El pago es de setecientos setenta dólares al mes, aunque si quieres puedes tener pagos semanales. No descontamos las propinas, así que lo que ganes por ese lado será completamente tuyo.

ESTÁS LEYENDO
La melodía que nos une [✓]
Romance[EL ARTE DE UN CORAZÓN ROTO #2 🎤] Cuando tu nombre esté en boca de todo el mundo y de ellas solo salgan palabras hirientes, lo único que querrás hacer será escapar, huir allí donde nadie te conoce e intentar comenzar otra vez sin los fantasmas del...