Capítulo 13

244 40 8
                                        


Cómo cualquier otro día, el sol se colo por las ventanas y la brisa de la mañana jugo con las cortinas; pero aquí entrenos. ¿Es normal que las ventanas que estaban cerradas estén abiertas de la nada?

Eran las 5:00 AM cuando la mañana de Lan Wang Ji inició, todo pintaba empezar normal, sin tanto caos o bueno, eso parecía.

Los conejos estaban en la puerta de su habitación, al abrir la puerta ambos entraron impacientes y se dirigieron rápido hacia el ventanal.

— ¿Qué sucede pequeños?

Lan Wang Ji se acercó a ellos para averiguar a qué se había dirigido encontrando un pequeño charco de sangré en el piso de madera; no sé asustó pero aún así salió a ver si había alguien afuera o no.

Evitando manchar su camisa blanca de sangre.

— Lan Zhan.

Si la sangre no lo asustó, Wei Ying si lo hizo.

— ¿Eres un fantasma acaso? — lo dijo tan rápido que Wei Ying río divertido.

— Lan Zhan ¿Quieres hacer algo divertido hoy? — se acercó deslizando su mano acariciando su pecho.

Lan Wang Ji trago grueso y asintió.
Estaba dispuesto a dejarse llevar por los deseos de Wei Ying.

— ¡Vamos al parque de diversiones!

Lan Wang Ji se marchito como flor ante el calor del sol abrasador.

Asintió desanimado. — Mn.

...

Wei Ying corría de un lado a otro alegre por las delicias que se encontraba, ver los juegos mecánicos y algunos juegos de azar se apresuró a ir donde Lan Wang Ji cuando vio que muchas chicas le rodeaban.

Lan Wang Ji se alejo de la multitud y fue donde Wei Ying estaba, ahora considero que fue una mala idea salir de casa.

Para su sorpresa Wei Ying habló primero.

— Vamos a casa, aquí hay muchas gatas rompe hogares babeando por tí.

Wei Ying vio a varias chicas viendo de forma lasciva a su hombre, sintió un revoltijo en el estómago; detuvo a Lan Wang Ji y jalo un poco su camisa por los hombros mostrando su hombro.

Las gatas rompe hogares se sonrojaron al ver la piel desnudar del chico Lan, obviamente Wei Ying sintió más coraje y clavo sus dientes en el hombro de Wang Ji.

— Vamos a casa, aquí hay muchas moscas.

Agarro de la mano a Wang Ji y lo guío a su casa.

...

Llegaron y lo primero que hizo Wei Ying fue acariciar la mordida que le había hecho a Wang Ji, se sintió mal por sus impulsos posesivos.

— Lo siento, no era yo.

Se acurrucó en el pecho de Lan Wang Ji y él acaricio la espalda del Patriarca, le gusta esa posición; sentirse como un bebé en brazos siendo consentido.

— Lan Zhan... Yo... ¡Ay!

Gimió de dolor cuando los dientes de Wang Ji se clavaron en su hombro, le dolía pero luego ese dolor fue reemplazado por un escalofrío.

¿Qué lo causó? Lan Wang Ji paso su lengua lamiendo la mordida en el hombro de Wei Ying.

— Con que así jugamos... ¿¡He!?

Wei Ying se lanzo sobre Wang Ji y comenzó hacerle cosquillas, en un solo movimiento el segundo jade terminó encima de él parando abruptamente el juego animado que tenían.

— Lan Zhan. — Wei Ying se acerco para besar sus labios y un solo roce le dió un choque eléctrico que sus cuerpos compartieron.

Un beso lento y torpe comenzó entre ambos, era torpe ya que no sabían que expresar mediante ese beso. Y lento para disfrutar cada momento del roce de sus cuerpos.

— Lo siento, me porte mal ayer. — Wei Ying se disculpó.

Desde la mañana se sentía culpable y quiso disculparse de forma adecuada por lo cual había hecho una cita en el parque.

— No tenía idea de que hubiera muchas gatas rompe hogares en el parque. — gruñó.

Lan Wang Ji sonrió y beso nuevamente los labios de su chico malo.

— ¿Estabas celoso?

Asintió. — Sí.

Se abrazaron luego de unos segundos y el estómago de Wei Ying gruño de hambre.

— Quiero arroz chino. ¡Iré a comprarlo!

Se levantó del sillón y fue a por la billetera de Wang Ji y saco todo el dinero.

— ¿Te acompaño? — Wei Ying negó.

Queria comprar algunos dulces de camino a casa y si Wang Ji iba con él no lo dejaría.

— Cuidado. — Wei Ying asintió.

Le dió un último beso, pero este fue más apasionado y un poco más intensidad.

— Espérame.

Se marchó rumbo a la tienda que estaba a 6 cuadras fuera de la residencia.

Wang Ji sentía una opresión en el pecho, le resto importancia y se dispuso a jugar con los conejos.

ParaleloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora