Lo mejor tarda en llegar, pero sucede.
Tocó su pecho, intentando detener los desenfrenados latidos de su corazón.
Sus ojos dolían, y sus piernas pesaban por la postura encorvada que mantenía.
Habían pasado minutos desde que yacía de pie en aquel solitario pasillo, el cual afortunadamente nadie había transcurrido. Ni siquiera el mayor.
Se sentía más ligero. Completamente libre y sin algún peso encima de sus hombros.
Finalmente estaba decidido a sacar lo que durante meses calló en su interior, privándose de ser sincero con sus sentimientos. Las cosas estaban cambiando, pues cansado de ser un muñeco fácil de utilizar y dejar, se decidió en finalmente salvarse y avanzar.
Deseaba su paz mental.
"Debo salir de aquí."
Limpió su rostro, era tiempo de detener su angustia y callar su llanto.
Estaba listo a continuar.
Se puso de pie, suspirando con profundidad al observar el camino que debía recorrer para llegar a la salida. No era largo pero tampoco corto, simplemente asimilaba sus pasos como platos rotos. Imposibles de recuperar una vez partidos en mil pedazos.
Justo como su corazón.
Pronto saldría de aquel lugar que tanto lo enfermaba y lastimaba, pero que en momentos le había dado un lugar al que regresar, y a una persona que consideraba suyo. Tal vez el único.
"Mi todo."
Empezó a avanzar en medio de aquel solitario y opaco lugar donde las cuatro paredes le daban confort y nada más.
Sentía el acelerado latir de su inquieto corazón, exclamando el ajeno calor del mayor. El único ser que aparte del propio, le generaba seguridad y armonía.
Aunque doliera lo rechazó.
Aquel dolor instalado en su pecho por cada paso dado hasta la salida, fue ignorado por sí mismo, pues sabía que si cedía jamás volvería a tener la valentía de ceder ante sus pensamientos, y una vez más regresaría a los brazos del mayor, su gran amor, quien al parecer no notaba su ausencia en aquella fiesta.
Tal vez la compañía de aquella mujer era tan resplandeciente que confundía sus sentidos.
Tal vez era tan brillante que cegaba su presencia.
Tal vez y solo tal vez... Ella era mejor que él.
---. Carajo...
"No vale la pena sufrir por ello.
No más."
Golpes dejó en su pecho, tomando con su otra mano la perilla de la puerta que dirigía a la salida. Estaba decidido a abrirla.
Bastaba con empujar y la puerta a la libertad sería abierta.
Él lo haría.
Él quería.
Y sin embargo... no podía.
Su puño se cerraba, sosteniendo con firmeza la perilla que con un solo movimiento se abriría. Aún así no lo hacia. No lograba abrirla, pues sabia que al hacerlo ya no habría vuelta atrás que lo llevara de regreso al mayor.
Su gran amor.
"Por favor..."
Sus ojos ardían, inflamados por el llanto anterior pero siendo nuevamente inundados por las lágrimas que de montón se agrupaban en sus pupilas.
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A|| MewGulf
De Todo"-. No me importaría hacerlo a escondidas de mi esposa -. Susurró Mew, deslizando su lengua por el cuello de Gulf, erizando al instante la piel del contrario -. Mew -. Jadeo Kanawut, sintiendo el calor que sus cuerpos emanaban -. Nunca se enteraría...
