El arte de ser nosotros

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Estoy dándole la espalda, con la cabeza sobre la almohada, y él lleva un rato acariciándome la columna vertebral. No dice nada, pero sospecho que está pensando en algo.

Me doy la vuelta para mirarlo a los ojos. Su mano se queda suspendida en el aire. Al final decide apartarme el pelo de la mejilla.

-Creía que estabas dormida.

-Vuelves a tener insomnio, ¿verdad?

-¿Puedo pedirte un favor? -Me roza la mandíbula con los dedos- Háblame sobre algo. Sobre lo que te apetezca.

-¿Crees que eso te ayudará a dormir? Él ya tiene los ojos cerrados.

-No es que me aburras. Tu voz me relaja.

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