No te enamores de Nika

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-Pues con un mensaje basta. No creo que tu madre sea de las que hace inspección en la puerta y Aksel está esperándonos.

Me tomó de los hombros haciendo que caminara delante de él por el recibidor.

-No es solo eso, necesito cambiarme - inventé cuando la piel se me puso de gallina por el contacto-. Todos van a estar presentables y yo...

-Yo acabó de llegar, igual que tú.

-Pero estás en tu casa.

-Estás al lado de la tuya, es casi lo mismo -añadió cuando entrábamos al comedor.

Éramos los últimos en llegar.

-¡Ves! Todos están decentes. Necesito cambiarme.

Se acercó a mi oído todavía con las manos presionando mis hombros.

-Tú siempre estás perfecta —dijo en un susurró que me puso de punta el vello de la nuca.

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