No te enamores de Nika

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Le acuné en mi pecho cuando su voz empezó a elevarse y su respiración se volvió errática.

-Tienes que calmarte ―dije moviéndonos hacia las almohadas-. ¿Me escuchas, Nika? -añadí sin soltarle y acostándome para forzarle a que descansara la cabeza en mi pecho. Escucha mi voz, solo concéntrate en mi voz, ¿si? Todo va a estar bien, te lo prometo.

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