❝Ari tiene un flechazo con Rivers, una alfa, que es la mejor amiga de su hermano Osvaldo y llega a vivir con ellos.
Donde Rivers ignora a Ari y su "tonto" enamoramiento, pero todo cambia cuando la pequeña ojimarrón se presenta como omega.❞
•𝐴𝑑𝑎𝑝...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—Juan...— susurró la castaña nerviosa.
—Tranquila, Ari, no debes darme explicaciones.— interrumpió el chico negando con la cabeza.
Ari se sentía sucia de alguna manera.
Juan era su novio aún, era un alfa, y ella estaba marcada por otra alfa, eso estaba mal, la hacía sentir como la peor persona del mundo.
—Yo realmente quiero...
—Ari.— interrumpió de nuevo —Soy un alfa, y como tal entiendo lo importante que es encontrar a tu omega o a tu alfa. Y si tu ya has encontrado a tu alfa, no estoy molesto, lo entiendo.
—¿Eso qué significa exactamente?— preguntó la ojimarrón.
—Significa que...— Juan suspiró y lo miró a los ojos. —Realmente no tiene que significar algo precisamente.
—¿Cómo no?— preguntó la omega enojada.
—Solo digo que si yo encontrara a mi omega no me gustaría que tuviera un novio.
¿Juan quería terminar con ella?
—¿Estás terminando conmigo?— preguntó la ojiamarrón ofendida y triste.
—¿Tú quieres hacerlo?— respondió Juan.
—¡Eso no es una respuesta, Juan!— chilló indignada.
—Eso tampoco lo es— contraataco —Has encontrado a tu alfa. De eso no tengo dudas.
Ari no contestó, solo bajo la mirada evitando los ojos de Juan.
—Ari, ¿Rivers es tu alfa?— preguntó en un tono dulce y tranquilo.
La castaña se sonrojó por la pregunta y dentro de ella había un dilema de qué era lo que debía responder a eso.
—No.— mintió en un susurro. —¿Qué te hace pensar eso?.
—Mhm...— pronunció Juan fingiendo estar pensando —No lo sé, siempre te ha gustado y ahora apestas a ella, puedo apostar lo que sea a que ese es su aroma.
—¿Qué tiene que ver que me gustara con que sea mi alfa?— preguntó la ojimarrón.
—Nunca ha dejado de gustarte.— contestó con simpleza.
—¡¿Qué?!, eso no es verdad y aunque lo fuera, ¿Eso qué?— se defendió la omega.
Juan suspiró resignado a que eso era una pelea sin fin.
—Omega, no vas a ganar nada negando que Rivers es tu alfa, si están destinados a pasar, no puedes pelear contra tu instinto.
—¿Qué significa eso?, que Rivers sea o no mi alfa, no significa que voy abrir las piernas para ella a la primera que me lo pida o que voy a dejar que me marque.
—Pero apestas a ella— acusó Juan.
—¡No es cierto!— chilló la omega.
—Lo es y lo sabes. Pero según tú, si no es el aroma de Rivers el que tienes encima, ¿De quién es?— preguntó.