Desperté como una media hora antes de llegar a Plaza Cerro. Seguía en el colectivo pero el ver la señal de la ciudad hizo que el miedo me invadiera de inmediato, había hecho una pelotudez tan grande como una casa, escapé de acá por una razón más que válida y la razón por la que vuelvo es porque mi novia me terminó. Por más que el miedo me invadió, no me quedó otra que seguir con el plan y bajarme en la terminal cuando llegamos. Me sentía horrible, acá si hacía frío. Curiosamente el tener el barbijo y mi gorro me hacía sentir un poco más seguro, quizás si no podía ver mi cara no me iba a reconocer en caso de que me viera otra vez. Me quedé en la terminal una hora, tenía que procesarlo todo y el que aparecieran voces randoms en mi cabeza no ayudaban nada. Después de una hora ya me despejé y salí de la terminal, ahí se presentó otro problema ¿Esperar un taxi o irme caminando con el riesgo de que me lo encuentre por ahí? Luego de pensar la pregunta se sintió muy obvia la respuesta por lo que esperé afuera un taxi.
Un taxi apareció y le di las indicaciones de la casa a la que nunca pensé que volvería. Durante el viaje vi mis cicatrices nuevamente, me sentí horrible además de que mientras más las veía más quería tocarlas y mientras más las tocara más quería hacerme más cortes. Un ciclo horrible ya que no podía dejar de verlas. Mientras íbamos para allá el taxista hizo un comentario sobre mi y Liz, no sabía que hablaba conmigo pero era obvio que hablaba de mi, algo como "chicos trastornados vivían ahí" y una mención de mi papá. Mantenerme en silencio fue incómodo y triggereante pero me lo tuve que aguantar de todas formas. Cuando llegamos pagué y esperé en la casa.
Tenía miedo.
Golpee las palmas y esperé unos segundos, escuché "voy" de mi tía y por hábito empecé a rascar mi brazo izquierdo. Ella abrió la puerta y me quedó viendo unos segundos, bajé mi barbijo y ella jadeó de la sorpresa, llamó a mi tío y ambos caminaron hasta el portón donde se quedaron de pie viéndome. La tía abrió el portón de la reja y alzó su mano para golpearme, pero como sobresalté al verla, ella la bajó.
—¿Ahora te aparecés? —dijo ella claramente molesta, ni siquiera podía verla a la cara.
—Lo siento tía —dije en voz baja, sintiéndome mal por todo lo que causé.
—¿Lo siento? —dijo ella con un tono ofendido— ¿Solo vas a decir eso? ¿Después de todo lo que me hiciste pasar? —no sabía si lo decía enojada, triste o ambas, pero realmente no estaba feliz de verme.
—Fue difícil para mi también —murmuré, alzando mi mirada para verlos a ambos.
—Ni se te ocurra- —alzó su mano de nuevo, e igual que antes me sobresalté por el miedo— eso ya lo sé, pero no podés escaparte un año y medio y volver como si nada —dijo molesta.
—Lo sé —la voz se me entrecortaba.
Ni la tía ni el tío me ha pegado cuando era chico, pero que ellos no me hayan pegado no significaba que no me asustara cuando alzaran sus manos, después de todo no es que estoy bajo su cuidado porque mis papás se murieron. Esa sería una razón mucho mejor que la verdadera. A veces me preguntaba si es que ellos si querían golpearme por mi actitud, pero pensar en eso hacía que quisiera llorar y escapar nuevamente, así que ahogaba mis pensamientos pensando en cualquier otra cosa, a veces hasta pensaba en mis pesadillas y pensamientos intrusivos con tal de no pensar en que ellos quizás me odiaban.
—¿Tu hermana si quiera sabe que estás acá? —preguntó el tío ahora, lo ví unos segundos y asentí con la cabeza.
—Lo sabe —a ellos no les importaba si mentía, pero si lo hacía había más probabilidades que no quisieran llamarla para comprobarlo— vine porque
—¿Tuviste otra recaída verdad? —dijo el tío con puro asco y decepción en su voz, realmente quería llorar y decirles la verdadera razón, pero solamente asentí viendo al piso esperando que no estuvieran tan enojados— Si que sos un desastre, dale pasá Joaquín, antes de que los vecinos te vean
El tío me agarró del hombro y prácticamente me obligó a entrar. Odiaba que me llamara así. Mi pieza seguía intacta así que después del sermón que ya automáticamente ignoro fui a acomodarme ahí. Estuve tirado en la cama una hora en lo que seguía procesando todo lo que sucedió. Sabía que ellos me obligarían a seguir terapia pero no tenía la energía para eso, no otra vez.
Antes de ir a dormir revisé que todo estuviera cerrado con llave y que las rejas estuvieran en condiciones. Cerré las puertas, las ventanas, moví las rejas para asegurarme que estuvieran sólidas. Y aún así terminé durmiendo dentro de mi placar para asegurarme que no me encontrarían. Dejé todo en el cuarto como estaba y mantenía las cortinas cerradas a todo momento. No podía arriesgarme a que él me viera. Lo último que necesitaba era que él me encontrara.
Me siento mal por lo que le hice a Liz.
Estar en esa pieza otra vez se sentía extraño, era como lindo, nostálgico pero triggereante al mismo tiempo. ¿Por qué el tío insistía en llamarme de esa manera? Ese no es mi nombre y no sé que los hace pensar que pueden llamarme así sin pensarlo. Tardé mucho en dormirme. Estaba dentro del placar en silencio, respiraba de manera silenciosa y me concentraba en hacer el menor ruido posible. Ni siquiera sé porqué volví. Miré mi brazo con más detención. Mi cicatriz había aumentado de tamaño, no sabía que era posible pero seguro sucedió porque es mágica y lo que sea. Me pregunto si mis tíos le avisaron a Martina. Me pregunto si Martina estaría feliz de verme. Mi cabeza se comenzó a inundar de horribles pensamientos. Liz me odiaba, Martina seguramente me odiaba, los tíos odiaban que estaba acá. Estaba completamente solo y todo hubiera sido más fácil si tan solo me hubiera drogado hasta morir, si tan solo me hubiera disparado, si tan solo no fuera un cobarde maricón que se matara de una vez.
Salí del placar con mucho silencio, y como si mi vida dependiera de ello caminé sin hacer ni un ruido hasta la cocina y luego al baño. Me miré en el espejo del baño, era horrible. Me senté en el borde de la ducha y comencé a pasar el cuchillo por mi brazo, primero no apliqué presión ya que no sabía si iba a soportarlo. Luego me sentó como cobarde al creer que no podía soportarlo y comencé a hacer cortes. Mordí el cuello de mi remera para soportar el dolor y sentí como mi vista se nublaba por que había comenzado a llorar. Hice muchos cortesitos y cuando terminé me sentí aún peor. Lloré en silencio un par de minutos en el baño y regresé a mi pieza sin hacer ruido. Me metí en el placar otra vez y seguí llorando. Me pregunto si me suicido la maldición se acabará y literalmente dejaré de ser una molestia para todos los que me importan.
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La Cicatriz
FantasyDylan descubre una extraña cicatriz en su brazo izquierdo, al intentar descubrir que le sucede termina conociendo a una bruja que le deja más preguntas que respuestas. Junto a ella y un grupo de personas que conoce, descubrirán que todos tienen una...