Jack el Destripador

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La identidad del autor del brutal de asesinato de cinco prostitutas del East End de Londres en 1888 sigue siendo un misterio que alimenta todo tipo de teorías más de un siglo después. De hecho, a pesar de haber transcurrido más de un siglo, los investigadores siguen intentando descubrir al asesino con las técnicas de ciencia criminal más adelantadas que existen.


En 1888, una serie de horribles crímenes cometidos en el barrio de Whitechapel horrorizaron a los londinenses y a Europa entera. Nada se supo del autor, bautizado como Jack el Destripador, lo que da idea de su brutal modus operandi.


A finales del siglo XIX. es la más poderosa de las naciones de la Tierra, y Londres, la mayor ciudad del mundo. Incluso sin saberlo, eso es algo que cualquier viajero puede intuir de una mirada. Las torres del Parlamento de Westminster se alzan orgullosas para hablar del dominio político británico, del mismo modo que los bancos de la controlan el comercio internacional. Mientras, el Times da cuenta de las diversiones de la aristocracia en todo lo que va del music hall a las batidas para la caza del zorro. Para guardar la paz, la Armada rige los mares y la admirada policía británica "revela, nada más verla, el esplendor del Imperio". Desde el palacio de Buckingham, la reina Victoria corona la edad de mayor brillo y poder de la historia de Inglaterra.

Sin embargo, no todo es brillo en aquella Inglaterra. Y para comprobarlo no hace falta irse a las minas de carbón o a los "satánicos telares"de Manchester. A muy poca distancia de las elegancias del West End, todavía existe en Londres una zona "inexplorada como Tombuctú". Es el y, dentro del East End, Whitechapel es el lugar donde la miseria toca fondo. Hablamos de un dédalo de callejas inundadas por las emanaciones malolientes del Támesis. De unos bajos fondos donde las enfermedades, el alcoholismo y la prostitución causan estragos entre sus ochenta mil almas. De un barrio cuyas casas, hacinadas, parecen inclinarse amenazadoramente sobre quien reúna el valor para pasearse a su sombra. Whitechapel es el que el resto de Londres no quiere ver. Pero, en el otoño de 1888, toda Inglaterra terminaría por volver los ojos a esa barriada de mala nota. Porque Whitechapel iba a ser el siniestro escenario de los crímenes de Jack the Ripper, el Destripador.


En el barrio donde tuvieron lugar los crímenes del Destripador vivían 80.000 personas hacinadas entre la suciedad, el alcoholismo y el crimen. 


EL ENIGMA DEL ASESINO

Es posible que Jack el Destripador no fuera el más mortífero de los asesinos; a cambio, bien puede ser de los más crueles y –sin duda– es el más famoso de todos ellos. Será que su nombre todavía nos evoca ese miedo que sólo pueden provocar unos pasos en la oscuridad, el resplandor de un súbito cuchillo en una calle solitaria. Será que algunos criminales nunca fueron capturados, pero que a él hubo que ponerle un alias porque ni siquiera se capturó su identidad. Será, en fin, que "los crímenes de Whitechapel" conmovieron los cimientos bienestantes de la sociedad victoriana y desvelaron la existencia de una Gran Bretaña distinta, humillada y pobre.


Sin embargo, estas explicaciones no bastan para aclarar por qué, más de ciento veinticinco años después, la figura del Destripador se ha convertido en leyenda; por qué siguen apareciendo libros y más libros en torno a sus crímenes; por qué hay revistas especializadas en estudiar su perfil o por qué las investigaciones han llegado incluso a dar nombre a una materia, la "ripperología", a medio camino entre la ciencia y la mera especulación. La respuesta es sencilla: de haber sido apresado, Jack el Destripador hace mucho que hubiera dejado de interesarnos. Pero ocurre que, tanto tiempo después, lo que sabemos de él es, en esencia, lo mismo que sabían en su tiempo: nada. Nada cierto, nada seguro, absolutamente nada. Por eso, a nadie debe extrañarle que, de tantos misterios como rodean al Destripador, cada pocos meses aparezcan puntualmente nuevas hipótesis sobre su identidad. Las ha habido para todos los gustos y todas las fantasías, como puede comprobarse con un dato: si para algunos the Ripper fue nada menos que un encumbrado personaje de la Casa Real, otros han postulado que el asesino era un gorila escapado del zoo. Entre ambos extremos, el elenco de los sospechosos abarcará desde gentes de tanto mérito como Lewis Carroll (el autor de Alicia en el país de las maravillas) hasta pobres como un zapatero londinense, cuyo único pecado fue el de ir por las calles con las herramientas de su oficio.

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