Capitulo VIII: Cabinas; sala de arte

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— ¡Ya es tiempo de pasar al siguiente espectáculo! — Comunican los altavoces de manera repentina

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— ¡Ya es tiempo de pasar al siguiente espectáculo! — Comunican los altavoces de manera repentina.

Me levantó sacudiendo la parte trasera de mi disfraz oyendo como se apagan la música de la misma manera que salió la voz de los altavoces y se encienden las luces con el mismo ritmo.

— Sigan a los lindos payasos que los llevan al siguiente espectáculo — Todas las personas se agrupan mientras yo camino con lentitud para que no me vayan a empujar y no entrar entre tanta gente. Veo a mis amigos desde lo lejos, los cuales están mirando para todos lados como si estuvieran buscando algo, lo que me hace soltar una pequeña risa.

Vuelvo mi mirada hacia aquella esquina.

Eso fue muy raro, pienso mordiendo mi labio inferior.

— ¡Hey! — siento una mano que me tomó del antebrazo — Porque siempre te escabulles — me pregunta Amanda mientras me jala del brazo  pasando entre la gente. Hasta llegar al frente de  los demás chicos — Aquí está — dice poniéndome delante de ella mientras sostiene mis hombros.

— ¿Dónde estabas? — Me pregunta Esteban.

— Estaba allí — señalo las escaleras — dejándolos disfrutar de su "fiestecita" — hago comillas mientras me cruzo de brazos y les muestro una sonrisa de lado a lado.

— Caminen — habla unos de los payasos desde el frente de todas las demás personas. Abren la puerta de metal negro con algunas palabras con grafite rojo en ella dándole ese toque de terror. Está al interior que da está. Está en completa oscuridad.

Se apagan las luces del lugar en el que estamos.  Quedando en completa oscuridad como estábamos antes, la única diferencia es que del techo salen destellos de una luz roja, que se mueve de un lado a otro.

— ¡AHHHHHHHH! — se oye un enorme grito desde la otra sala, muy desgarrador.

— Mierda — susurro sintiendo como los pelos se me ponen de punta. Abrazándome a mí misma.

— ¡Ayudaaa! — Se oye otro grito más desgarrador.

Es una casa del terror, no te vuelvas loca.

Me repito una y otra vez.

— Pasen — Habla la voz de uno de los payasos. Todos van entrando uno por uno, mientras yo me quedo en mi lugar, pegada a una esquina de la pared esperando que todos pasen. Hasta que siento un toque en mi mejilla. Y mi única reacción es tensarme en mi lugar.

¿¡Quién carajos me está tocando!?

Siento como esa misma mano va bajando por mi mejilla hasta posarse en mi labios, presionandolos un poco para desplegarlos. Noto como la misma persona apega su cuerpo al mío y como unos brazos me toman firmemente mientras mis brazos en mi pecho hacen una barrera.

¿Qué mierda está pasando?

La voz no me sale.

Siento como aquella persona se va acercando aún más a mi rostro. Su respiración delata su cercanía. Cierro los ojos paniqueada sientiendo algunos roces de algunas personas que pasan a mi alrededor. Quiero mandar a la mierda a aquel desconocido, decirle que se aleje de mí y muchas cosas más, pero mí maldita voz no es capaz de salir en estos cagados momentos. Y mi cuerpo ni siquiera es capaz de moverse por la acción repentina del desconocido que me ha tomado por sorpresa.

Venecikiller. [EN PROCESO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora