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Bruce estaba por enloquecer, necesitaba encontrar dos millones en efectivo, fue hasta la bóveda de los Wayne, con Alfred siguiendo sus pasos, el hombre parecía dudoso pero igual habló.

-Esto es muy mala idea.

Bruce lo ignoró.

-Señor Wayne, está arriesgándose demasiado haciendo tratos con estos hombres por esa chica.

-Esa chica- repitió Bruce sin dejar de caminar- no voy a dejar que le hagan daño a Delancey.

-Usted no entiende, señor Wayne. Es peligroso involucrarse con ella, está metida hasta el cuello en la prostitución, nada bueno saldrá de esto. Y usted lo sabe.

Bruce respiró profundo.

-Alfred, no voy a dejar ir a Delancey- respondió seguro- estoy enamorado de ella.

-¿Está seguro de que es bueno abrirse a la primera mujer con la que entabla conexión?

-Alfred- dijo al borde- no necesito que te metas en mis decisiones, estaré bien.

-Amo Bruce, no intento meterme en sus decisiones, solo quiero que lo piense bien, ¿cómo sabe que Oz cumplirá su palabra?

Bruce pasó una mano por su rostro, estaba a punto de quebrarse, su voz tembló cuando dijo:-Voy a salvar a Delancey, eso es lo único que tengo en mente ahora.

[...]

Delancey nunca fue muy religiosa, en cambio su mamá, era una mujer de Dios, al menos así le decían sus abuelos, recordaba leer una pesada biblia todos los días, las idas a la iglesia, los canticos, todo. En ese momento su vida era bastante feliz y decente, ahora, cree menos en Dios que nunca.

Se siente tan lejos de el, tan triste, tan abandonada. Tan alejada de el. No sabe que hizo para merecer lo que le sucede ahora, pero sabe que no lo merece. Sabe que no merece lo que está sucediendo. 

Escuchó el chillido de las ratas que pasaban por las alcantarillas cerca de la habitación dónde estaba, se mantuvo acostada en el colchón sucio que estaba ahí, porque no tenía fuerza para nada más. Aún envuelta en el saco de Bruce, miraba el techo oscuro de la habitación sin bombilla.

Sabía que el la sacaría de ahí, aunque lo sabía, tenía mucho miedo.

Escuchó el cerrojo de la puerta y se incorporó apoyando su palma abierta del suelo, la luz la cegó y colocó la otra mano como barrera, para recuperarse.

-Levantate.

La tomaron fuertemente por los brazos, uno de los gemelos colocó un saco en su cabeza, haciéndola llorar y forcejear, pero ellos eran más fuertes, la sacaron a tropezones y lloriqueos, aún semidesnuda, llevando el saco de Bruce.

-¡Sueltenme!- gritó aterrada, mientras intentaba zafarse de su agarre- ¡por favor! ¡sueltenme! ¡déjenme en paz! ¡por favor!

-Esto es más difícil de lo que crees para nosotros- dijo uno de los gemelos, atando sus pies inquietos con una cuerda, mientras el otro la sujetaba lo mejor que podía, luego fue con sus manos y por último, quitó el saco de su rostro, para ponerle una mordaza.

Ella miró el mundo exterior con ojos vidriosos, la oscura gótica detrás de uno de los gemelos, entonces la tomaron como una muñeca y la tiraron a la cajuela del auto.

[...]

Cuando Bruce volvió al iceberg, aún tenía veinte minutos de sobra, se dirigió al despacho de Oz, quien lo esperaba sentado detrás del escritorio, con sus dedos entrelazados sobre su barriga, reclinado en su silla.

godforsaken | bruce wayne. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora