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Guillermo hizo el mismo proceso a Cristal que con Alan. Cristal esa noche también tuvo que dejar de vivir y ser enterrada con su ridículo disfraz. Guillermo al acabar con los dos y darles su fin, se fue de ahí, sin dejar rastro, ni huellas digitales había dejado por algún lugar. Sus víctimas serían totalmente incógnitos por más que buscará la policía, no tendrían razón para buscar en el patio de la casa de Alan, todo fue tal y como se pensó y su objetivo se había cumplido.

Guillermo caminó bajo la oscuridad de la noche mientras la luna le hacía compañía, sus zapatos tenían un pequeño tacón haciendo que al chocar con el concreto de las calles sonara. Al llegar a su casa, entró sigilosamente, se quitó su disfraz el cual estaba sucio de tierra y sangre, y por último se metió a bañar. Sentía caer aquellas gotas de agua sobre su cuerpo, el cual estaba agotado, había Sido una noche larga a su manera.

Posteriormente, empezó a buscar información sobre un tal Carlos Vela en redes sociales, se había enterado de ese chico por un sospechoso sobre, que contenía dinero que tenía Alan en el bolsillo de su pantalón. En aquel sobre tenía el nombre de Carlos Vela escrito. Guillermo leía detenidamente todo lo que podía encontrar en redes sociales mientras de reojo miraba una y otra vez el sobre. Estaba arrugado y lleno de tierra.

[...]

Por otro lado, Lionel lo sabía todo. Él habia estado en la fiesta y se dio cuenta de que aquel chico vestido de catrin era Guillermo. Él estaba en un rincón del lugar y vio todo sin decir nada y callar, no tenía de otra forma que esa para sobrevivir a Guillermo. Solo miraba de reojo con temor en sus entrañas. En cuanto notó que Guillermo se había salido de la reunión sólo decidió irse de ahí e irse a casa, no quería saber nada más sobre eso, sabía que posiblemente Guillermo tramaba algo horrible y prefería no estar presente en ello.

[...]

En otro punto, Javier ya se quería ir de esa "divertida" y "alocada" fiesta. Cuando ya eran alrededor de las dos de la mañana, ya no soportaba más. El alcohol lo estaba matando de sueño, así que, antes de irse quería despedirse de Alan por educación y también, para preguntarle de ese domingo que apenas iniciaba pues tenían algunos planes. Lo buscó por un buen tiempo pero no hubo ni una señal de vida de él, así que se acercó a Oribe.

Lo que no sabía es que Alan ya se hospedaba entre la humedad de la tierra e insectos hambrientos esperando su descomposición.

–Oribe..¿haz visto a Alan?–

–No, desde hace un buen rato– suspiró– si no es que horas, no lo he visto para nada– le dio un sorbo a su vaso lleno cerveza.

Javier se tomó de la nuca –¿Es raro, no?–

–Ha de estar echándose a una en su habitación, tú ni te preocupes– Oribe no le quería dar importancia, sentía que era uno más del montón...así como Rafael.

–¡Alan no es así! Vamos a buscarlo, Oribe, por favor– en Javier se notaba cierta preocupación por su amigo y compañero de locuras.

Fueron a la cocina y había muchas parejas y a cada una de ellas le preguntaron por Alan, hasta que llegaron a un chico que nunca habían visto.

–Buenas noches ¿Saben dónde está Alan?– preguntó Javier preocupado.

–Espera a tí nunca te he visto...– Oribe lo señaló y lo observo detenidamente al chico que tenían al frente.

Aquel chico estaba muy confundido –Soy Carlos Vela, amigo de Alan– miró de reojo a esos chicos– pero no vamos en la misma preparatoria, es por ello que tampoco sé quienes son ustedes–

Oribe rodó los ojos –¿Dónde está Alan?–

–No lo sé– Vela no quería ver a aquellos chicos a los ojos –¿por qué quieren verlo? De seguro se está dando el lujo de la noche– rió y siguió tomando del vaso rojo que tenía en su mano.

–¡¿Te parece que es un juego?! Alan no aparece por ningún lado, los chicos que están en la sala nos comentaron que le pidieron unas cubas y lo vieron venir aquí pero que habló con una chica y ya no volvió– Javier preocupado reclamo por la actitud de Carlos.

–Pues yo que debo estar sabiendo ¡Son ridículos!– Carlos empujó el hombro de Javier con su hombro y salió de la cocina, sin decir nada más, sin mostrar algo más. Pero esto les fue sospechoso a Oribe y Javier, pues actuó de forma extraña aquel chico nombrado Carlos.

La música aún retumbaba en aquella casa, los vidrios de las ventanas parecían que iban a romperse, el suelo se movía al ritmo de la música provenientes de las bocinas, y todos aún disfrutaban aquella fiesta, todos sin saber y  sospechar que habían fallecido dos personas aquella noche de completa locura y de fiesta. Todo marchaba normal...en plena luna llena, en plena pérdida de cordura.

Javier no tuvo de otra y se fue a casa, aún con preocupación, pues si era gran amigo de Alan y le estaba carcomiendo la duda de que había pasado con él. Caminó bajo la oscuridad mientras volteaba a todos lados con terror, algo le incomodaba, algo le hacía estar muy alerta, no sabía que era pero el estar así lo ponía muy nervioso y sólo se limitaba a abrazar la bolsa de tela que traía.

Por otro lado, Oribe siguió en la fiesta mientras disfrutaba de snacks, alcohol y amigos/as, a él no le importaba ni un poco lo que pasara con Alan, tal vez era su amigo, pero Oribe desde que Rafael lo "traicionó", no quería permitirse confiar en gente, es más, para él nadie era amigo, mejor amigo, pareja, simplemente conocido o desconocido. O tal vez ¿Oribe solo estaba siendo un exagerado? Claro, Rafa en las condiciones que vivía, se veía obligado a tomar un poco de dinero ajeno para comer ese día.

El reloj marcó las seis de la mañana y muchos jóvenes de la fiesta se habían quedados dormidos ahí, algunos tirados en el suelo y otros por los sillones, sillas, etc.

El sol apenas iba saliendo y marcaba que iniciaba un día nuevo.

Esa mañana, Guillermo se despertó temprano e hizo su rutina normal, para él era un día más en cual debía seguir llevando acabo su vida, su plan...tal vez esta vez tocaba Oribe, él se llevaría la peor parte, caería en el océano más profundo y ahí se iria  a desintegrarse psicológicamente. Porque para el protagonista de todo, la mejor parte, el premio gordo.

𝐑𝐮𝐞𝐠𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥𝐥𝐨𝐬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora