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Guillermo sonrió de lado, había hecho que Lionel cayera en su juego, todo aquello eran simples mentiras para poder atrapar a aquel chico y dejarlo ahogarse en un grito. Guillermo claramente se había cansado de aquel chico y simplemente quería que este dejara de oponerse en su camino, la única forma era haciendo de la única manera que el gustaba y veía viable.

El chico de rulos salió del aula con ruidos secos de sus tennis y se fue a la biblioteca de la preparatoria para pedir unos libros. Mientras estaba ahí veía a todos los jóvenes que entraban y salían con su mirada pesada y oscura.

–Aqui están... los tienes que entregar en dos semanas– mencionó la chica del mostrador.

Guillermo tomó los libros y salió de ahí –Sí, muchas gracias. Hasta luego– caminó por los pasillos de la preparatoria hasta donde llego a una de las áreas verdes de aquel lugar. Pero a lo lejos volvió a ver a aquellos chicos que odiaba con todo su ser, y otra vez se acercaban a él. Guillermo simplemente se sentó debajo de un árbol y dejó que la gente actuará, de todos modos su odio ya lo tenían.

–Yo tengo una pregunta para ustedes ¿No se cansan de seguir a Oribe? Digo, porque la dignidad ya la perdieron– Guillermo se quitó los lentes y los miraba detenidamente.

Oribe se puso en cuclillas y tomó el mentón de Guillermo –¿Sabes qué te podemos meter a la cárcel por intento de homicidio?–

–¿Sabes que te puedo meter a la cárcel por haber dejado en tal estado a Rafael?– Guillermo sonrió y achino sus ojos.

Oribe se enfureció tanto que soltó un golpe en el rostro de Guillermo. El chico de rulos sólo se pudo limitar a tomar su nariz, pero no le dió tanta importancia y se levantó del suelo para soltar un golpe volado, dando así en la sien de Oribe y este cayó inconsciente al pasto. Todos los presentes, se quedaron atónitos y en total silencio por tan movimiento tan exacto de Guillermo.

–Cuídate Alan...vas a terminar como Rafael o peor– amenazó Guillermo para después tomar sus pertenencias e irse.

[...]

Los días pasaron y los planes de Guillermo no paraban, las cosas se daban dependiendo de cómo movía sus torres en el tablero. Parecía todo ponerse a su favor. Había unas piezas incómodas, pero que no ahogaban.

Por otro lado, todos hablaban sobre la emocionante fiesta de Halloween en casa de Alan Pulido. Tenían que ir disfrazados de lo que quisieran. También siempre decían lo mucho que se iban a divertirse y por ello, casi todos sabían sobre esa gran celebración. Claramente Guillermo no era un invitado a esa emocionante fiesta, pero no importaba eso, era un momento perfecto para deshacerse de alguien, ya era el momento preciso.

Guillermo trató de conseguir todos los datos de la fiesta, cosa que logró pero ahora había otro problema ¿Cómo carajo iba a entrar a esa estúpida fiesta? Después de que lo estuvo pensando por un buen tiempo recordó que había una chica que gustaba de él, esa iba a ser cómplice aquella noche. Buscó a la chica por días hasta que se encontraron en el comedor. La chica iba caminando con su almuerzo.

Guillermo suspiró y habló –¡Oh! Hace mucho que no te veía, Cristal...luces muy linda hoy– llevó su mano a su nuca y veía a los ojos a aquella chica.

La chica estaba sorprendida por eso, pensó que nunca iba a poder interactuar con Guillermo –Si verdad... tú también luces muy lindo hoy, con tus ricitos, tus ojitos almendrados– suspiró la chica completamente pérdida en el físico de Guillermo.

Guillermo rió –Muchas gracias ¿supongo?– suspiró mientras quitaba el almuerzo de la mano de la chica para irse a sentarse en una mesa, la chica lo siguió.

𝐑𝐮𝐞𝐠𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥𝐥𝐨𝐬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora