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Tres días no parecían mucho, pero para Giovani se le hicieron una eternidad. Los minutos corrían tan lento que casi era un martirio. Isabela se estaba recuperando, pero aún no había despertado, al menos ya no estaba pegada a miles de máquina y su cuerpo se estaba rehabilitando relativamente rápido a pesar de su condición.

Y si a eso se le sumaba que no habían llegado los resultados de los exámenes de ADN, si, tenía mucho estrés.

En esos días había hecho caso lo mismo de forma mecánica. Pasaba la noche en el hospital, dormía en el sofá esperando alguna respuesta positiva por parte de su esposa. En la mañana después de parte médico, se intercambiaba con Kamil mientras él volvía a la mansión, se bañaba y cambiaba, llevaba a Allen a la escuela y él entraba en la mañana en la empresa para poner todo en orden. Salía temprano para volver al hospital para quedarse con Isabela y trabajaba desde allí.

Kamil se encargaba por esos momentos de recoger a Allen y llevarlo a que viera a la mujer en la cama. Allí él le contaba cómo le había ido el día, hasta la tarde del tercer día donde el niño había dejado de ser fuerte y tras no recibir respuesta por parte de ella explotó en llanto nuevamente.

Giovani tuvo que sacarlo cargado de la habitación y tenerlo en sus brazos al menos media hora antes que Allen dejara de sollozar fuertemente. Nunca había consolado así a alguien antes pero ahora, con la sospecha de que él podría ser su hijo había un sentimiento cálido creciendo dentro de él que no quería ver las lágrimas en el rostro del menor.

Kamil se lo había tenido que llevar de vuelta a la casa para que descansara después de que se había quedado dormido con su rostro cansado sobre su hombro. Lo bueno era que Giovani tenía el tamaño y la fuerza para tenerlo cargado por tanto tiempo.

***

Giovani se lavó el rostro en el baño de la habitación de hospital notando leves ojeras debajo de los ojos. Con razón, no había podido dormir bien en los últimos días debido a la preocupación. Salió y se sentó al lado de Isabela agarrando la mano de ella y besando sus nudillos.

-Bela, despierta por favor. Todos te estamos esperando- murmuró contra ellos deseando que sus palabras se volvieran realidad- Tengo mucho que decirte.

Su voz estaba apretaba en su garganta. Se inclinó hacia ella y dejó un beso rápido en sus labios para después acariciar su mejilla. Isabela era hermosa cuando dormía, pero prefería que lo hiciera a su lado, en su cama y envuelta en sus sábanas.

En eso sintió como los labios de ella se movían ligeramente soltando un leve jadeo. Giovani sintió el corazón de él latir fuerte en su pecho

-¿Bela? ¿Bela?- comenzó a llamarla a ver si ella reaccionaba.

Al principio no fue mucho pero poco a poco y él hablándole Isabela comenzó a dar signos de despertar. La puerta se abrió y el doctor entró y al notar los movimientos de ella tomó sus signos vitales.

-Ella despertará muy pronto- le dijo con una leve sonrisa- Solo hay que tener paciencia.

Giovani asintió y esperó con calma, pero ansioso por dentro. Le tomó más de una hora, pero Isabela por fin abrió lentamente los ojos. Parecía confundida, aturdida, como intentando centrarse en su alrededor. Giiovani acarició su mejilla con cariño

-Shhh, calma, ahora todo está bien. Estás a salvo- le habló suave haciendo masajes en su otra mano.

Isabela giró su rostro un poco hacia él intentando quitar la nebulosa de su cabeza.

-Agua- pidió con la voz ronca.

Giovani al momento le sirvió un vaso y con paciencia la ayudó a sentarse en la cama, poniéndose él detrás de ella para que se recostara contra su pecho. Durante el proceso ella se quejó por el dolor en el costado de su vientre.

Como estafar al Ceo siendo virgenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora