Giovani dejó que el agua caliente de la ducha corriese por su cuerpo empapando su cabello oscuro, escurriendo la espuma del champú. Sin embargo, no disfrutaba del baño como tal, su mente estaba más centrada en otra cosa, o más bien, en otra persona.
Isabela era todo un misterio para él. Incluso Kamil, que lo consideraba una bestia a la hora de realizar las tareas con los mejores resultados, la estaba sudando gorda para saber el pasado de ella. No sabía cómo lo había hecho, pero la mujer tenía más secretos que encantos.
Y quizás eso fue lo que le llamó la atención en un primer momento. Los ojos de Isabela eran algo que tentaría a cualquier hombre a pecar en todos los sentidos. No era la mujer más hermosa y exuberante del mundo, había conocido algunas que harían volar la cabeza de arriba y debajo de cualquier hombre, pero ella... simplemente lo volvía loco. Como ahora que su cuerpo comenzaba a emocionarse.
Con una leve sonrisa apagó la ducha y salió, rodeando su cintura con una toalla, y secando su cabello con la otra. El baño inundado en vapor y un delicioso olor florar, pero... la mujer que debía estar acompañando esa habitación desnuda junto con él estaba desaparecida completamente.
Habían dejado las maletas y desempacado rápido para ir a cenas a la mesa sueca donde no pudo evitar reírse de Allen que parecía una ardilla saltando de un lugar a otro. Se imaginaba que no estaba acostumbrado a ver tanta comida y tan diversa a su alrededor. Después de cenar, tanto él, como Allen e Isabela, y Kamil que, a pesar de parecer tranquilo y disfrutando de las pequeñas vacaciones, estaba al tanto de su trabajo de guardaespaldas.
Después la planificación que había tenido en su mente era que cada uno fuera a su cuarto y eso incluía a Isabela, pero en el mismo que el de él. Su habitación tenía una cama King size lista para usar. No podía tener sexo con penetración, pero había tantas formas de devorarse a la mujer que no se contendría. Pero la muy... se había dado a la fuga.
Giovani arrojó la toalla que secaba su cabello a la cama y salió de la habitación encontrando a Kamil que preparaba un trago en el bar.
-¿Giovani, quiere uno?- le indicó la bebida pero este negó con la cabeza.
-¿Dónde está Isabela?
Kamil se tomó la atribución de mirarlo de arriba abajo y ver que estaba casi desnudo y con agua todavía perlando su piel.
-Si tiene intenciones de pasar la noche junto a Isabela, creo que no va a poder ser posible. Ella se fue a dormir con Allen hace como diez minutos. Y me pidió que no los molestaran que estaban muy cansados.
Giovani se llevó la mano al rostro y apretó su entrecejo.
-Dame paciencia. Mañana la cargo y la encierro para que no se escape de nuevo- y diciendo eso agarró el trago recién preparado por Kamil y se lo tomó de golpe.
Se dio media vuelta y entró al cuarto cerrando la puerta de un golpe fuerte. Acto seguido Isabela abrió levemente la puerta y sacó un poco su cabeza. Miró a Kamil y le alzó el pulgar para volverse a esconder en el cuarto de Allen.
Kamil no sabía por qué la había ayudado cuando él era fiel a Giovani, pero la imagen de ella casi rogándole que pasara lo que pasara no la dejara pasar la noche con él aún estaba en su cabeza y le hacía alzar ligeramente las comisuras de sus labios. Se notaba que la mujer no estaba preparada para ser devorada todavía y no todos los días veía a su jefe y amigo sudando la gota gorda.
***
La pregunta de que si está molesto era ahora la que debía hacer Isabela esa mañana, cuando desde que había visto a Giovani, este se mostraba realmente... molesto, mas no la hizo.
El hombre se encontraba acostado en la tumbona al lado de ella. Se encontraban en la piscina. Tenía unas gafas de sol que ocultaba sus ojos cerrados y un bañador que consistía en un short oscuro ajustado que dejaba en evidencia todo su cuerpo que bien trabajado estaba y que él no escondía. Más de una mujer se lo había comido con los ojos, mas no la que él quería que se lo comiera con los ojos.
Isabela, sentada en la tumbona adyacente, la mirada de ella centrada en el niño que chapoteaba del otro lado de la piscina en un flotador cerca de Kamil. Era increíble que las tumbonas estuvieran del otro lado de la zona más baja de la piscina. Algo bastante inconveniente por lo que el Ceo pensaba quejarse.
-Ayer se suponía que dormirías conmigo. Es nuestra luna de miel- Giovani la sacó de su atención y ella lo miró rápidamente para centrar su atención de nuevo en su hijo. Podía estar junto a Kamil y saber que estaría a salvo, sin embargo, eso no quitaba que se pusiese nerviosa. Solo lo dejaba allí porque al niño le gustaba la piscina... pero a ella no.
-Allen no le gusta dormir solo, al menos no cuando es una cama nueva. Es un niño asustadizo- explicó ella con calma.
Giovani alzó una ceja y alzó las gafas de sol sobre su cabeza despejando su frente del cabello que descansaba allí.
-Dudo que ese niño, con el carácter que tiene le tenga miedo a algo. Tiene una lengua mucho más afilada que tú-
-Tener una lengua afilada no significa que no tengas miedo de lo que te rodea- ella hablaba con la espalda tensa y eso por supuesto no pasó desapercibido por él.
-¿Hablas por él o hablas por ti?- se sentó en la tumbona girándose hacia ella.
Isabela no habló, solo se limitó a mirarlo por el rabillo del ojo y a desviar el tema. Si, ella tenía muchas cosas a las que temer, cosas que no podía decir fácilmente, involucrar a más personas en sus asuntos traería peligro a quienes la rodeaban.
-Hablo por él. Allen es una caja de sorpresas
-Tú también.
Las miradas de ellos se encontraron, aunque Giovanni frunció el ceño y la repasó de arriba abajo otra vez. Y protestó por algo que lo venía incomodando desde que habían salido de las habitaciones
-Te compre varios bañadores, porque tienes puesto uno tan poco sexy- gruñó refiriéndose en el traje de baño enterizo que incluso cubría con el pareo parte de sus piernas.
-¿Qué tiene mi traje de bañó?- Isabela se hizo la desentendida.
Giovani esperaba ver la delgada figura de ella con aquellas prendas que había escogido él mismo imaginándose como le quedarían. Su fantasía se había roto en pedazos con aquella prenda que cubría todo lo que tenía que cubrir.
-Nada, pero yo quería verte en uno de los que te regalé- había insinuación en su voz- ya me mostraste todo tu cuerpo, no tienes por qué esconder algo más.
Las mejillas de Isabela se encendieron recordando lo último que ellos dos habían hecho en su habitación y se levantó de golpe por la vergüenza.
-Yo iré a ver cómo está Allen.
Dejó la toalla que tenía en sus manos sobre la tumbona y casi salió huyendo. Giovani sonrió levemente. Que huyera todo lo que quisiera, esa noche definitivamente la tendría debajo de él gimiendo.
Isabela caminó rápido hasta el borde de la piscina. Su corazón palpitaba duro en su pecho, nerviosa al recordar el cuerpo desnudo de él, de cómo su erección se rozaba contra su sexo y de cómo casi habían tenido sexo. Se estremeció por la idea y su sonrojo aumentó.
Fue entonces que se dio cuenta lo cerca que estaba en el borde de la piscina. Casi podía ver su reflejo en el agua. Dio un paso atrás. Algunos leves recuerdos del pasado pasaron por su mente y se estremeció, pero esta vez no de buena manera. Trago en seco y dio otro paso atrás, solo no calculó que alguien pasara corriendo detrás de ella.
Aquella mañana no había muchas personas en la piscina, pero si algunos niños y adolescentes revoltosos y precisamente uno de ellos la empujó sin darse cuenta. Isabela se vio cayendo dentro del espejo de agua.
Ella... no sabía nadar.
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Como estafar al Ceo siendo virgen
RomanceGiovani, solo necesita dos cosas para mantener su posición de Ceo. Primero, una mujer virgen con una edad específica. Y segundo, que se mantenga así al menos los dos primeros meses del casamiento. Absurdo ¿verdad? Pero si cumple con esos objetivos...
