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Isabela agarró el vaso de leche de la mano de Allen y lo dejó en la mesita. El niño casi tenía los ojos cerrados y dio un gran bostezo que se sincronizó con el de Kiki que al final había terminado durmiendo con él. Ella sonrió y le beso la frente acomodándolo en la cama y tapándolo.

Ese día había sido incluso mejor que el de su boda original. No había sido igual de ajetreado que aquella vez, pero si más divertido, íntimo, y esta vez con sentimientos reales. Era extraño, pero antes no tenía casi nada, apenas lo suficiente para ofrecerle a Allen, y ahora, hasta un padre y una vida estable podía darle. Se sentía... realmente aliviada.

-Bela, te ves feliz- Allen le dijo con una leve sonrisa.

-¿En serio?- ella inclinó la cabeza- Quizás es porque lo estoy.

-Te lo mereces- la sonrisa de Allen se hizo más grande, y se acomodó- Y ya vete, Giovani parecía que se iba a desmayar cada vez que te apartabas de él. Me parece que va a ser un papá muy baboso.

-Alleeeennn- Isabela no pudo evitar carcajearse y sacudirle el cabello- Este niño, dale cierra los ojos.

El menor le hizo casi e Isabela apagó la luz de la lámpara y salió de la habitación. Al cerrar la puerta recostó su espalda y cerró los ojos. Un suspiro de nervios salió de sus labios y sus mejillas se volvieron rojas.

Era esa noche. Lo sabía muy bien. Giovani había esperado con mucha, mucha paciencia y no aceptaría un No por respuesta, bueno si, si ella no quisiese él seguiría esperando, pero costaría convencerlo de detenerse una vez que comenzara.

Pero a quien mentía, ella también quería de una vez unirse en cuerpo y alma a Giovani. Así que caminó en dirección al cuarto, aunque se quitó los zapatos de tacón a mitad de camino. Sentía el vestido incluso apretado.

Era casi medianoche, solo ese día había permitido que Allen se acostara tan tarde pues al final pocas veces tenían fiestas, aunque la de ella continuaba. Al final no había podido ni cambiarse de ropa y deseaba además un baño... que sabía bien quien se lo daría.

Tocó con sus dedos el nuevo anillo en ellos. Era hermoso, pero más que una joya, era lo que representaba y le sacó una sonrisa. Ah, hacía tiempo que no se sentía tan feliz en su vida. Sentía que podría subir montañas en ese preciso momento, hacer cualquier cosa.

Y con esa misma sonrisa entró a la habitación que estaba ligeramente iluminada, solo las lámparas aportaban una luz amarilla agradable e íntima.

-¿Giovani?- ella lo llamó al no verlo como mínimo en la cama. Se extrañó que con lo desesperado que estaba no estuviera esperándola allí desnudo. Mas no recibió respuesta.

Ella dejó los zapatos a un lado y se preguntó si estaría en el baño, closet o había bajado.

-Bueno, al parecer no estaba tan desesperado- dijo ella alzando los hombros e intentó llegar al cierre detrás de su vestido cuando unos brazos desde atrás abrazaron su cintura y la apretaron a un cuerpo duro.

-¿Quién se supone que no está desesperado?- la voz masculina y familiar resonó en la oreja de ella y la hizo temblar recostándose contra él.

-Pues el que es mi esposo y que no me respondió cuando entré a la habitación y no me ayuda con este vestido que ya es molesto. Que desconsiderado de su parte.

-¿Quién es el nombre de ese idiota de no estar a la vista de su esposa cuando lo llama y que no le ha quitado la ropa todavía.

Isabela miró por encima del hombro para encontrarse con la mirada violácea de Giovani.

-No sé, tú dime, estoy segura que lo sabes muy bien.

El Ceo sonrió e inclinó la cabeza para agarrar los labios de ella con los suyos mientras la apretaba más contra él.

Como estafar al Ceo siendo virgenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora