Fuutaro es un estudiante sobresaliente pero insociable. Hasta que un repentino trabajo como tutor hace que su vida se altere completamente. Ahora debe ayudar a unas peculiares estudiantes con problemas de aprendizaje para evitar que repitan curso. ¿...
Los fuegos artificiales se seguían lanzando. En la azotea, Nino no podía sentirse alegre disfrutando de los mismos, ya que su única compañía era la persona que más detestaba en el mundo.
–Dicen que el primer japonés que vio unos fuegos artificiales fue Ieyasu Tokugawa –explicó–. Aunque tienen su origen en China, llegaron a la isla de Tanegashima desde Europa junto con los fusiles...
–¡Para de una vez, pesado! –le espetó–. ¡Me estás matando de aburrimiento! ¡Y no sé qué estoy haciendo viendo los fuegos artificiales sola y triste contigo!
–¡A mí no me eches la culpa! –se defendió Fuutaro.
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Nino estaba furiosa. ¿Por qué un plan tan bien preparado se había echado a perder de esta manera? Lo peor de todo es que todas seguían dispersas, el tiempo corría, y si no reunía a las demás antes del final de los fuegos sería un desastre.
–Las estoy llamando por teléfono, pero no me contestan –dijo nerviosa, apretando el dispositivo en la mano.
En ese momento, el teléfono sonó. Miró la pantalla. Era Yotsuba.
–¡Yotsuba! –exclamó contestando a toda prisa–. ¿Estás con todas las demás? Ya han empezado los fuegos. ¿Dónde estáis?
Recibió la respuesta.
–¿Eh? ¿Estás tú sola? ¿En la torre del reloj? ¡Voy a buscarte, no te muevas de donde estás!
Nino miró que Fuutaro seguía con expresión seria.
–Tu hermana está bien. Está con Yotsuba –le comunicó.
–Bien –el tutor respondió con toda seriedad.
–¡No te quedes ahí parado! ¡Ayúdame a localizar a las demás! –ordenó, perpleja por la reacción de él.
–¡Ya voy! –exclamó Fuutaro.
Ella suspiró. ¿Qué le pasaba por la cabeza a este tipo para estar tan serio en una situación tan crítica?
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Fuutaro sacó a toda prisa su teléfono. Pero en cuanto miró la agenda, recordó que los únicos números que tenía en el directorio eran los de su padre y Raiha. Y de nada servía que llamase a Raiha, ya que acababa de escuchar que seguía con Yotsuba.
Ahora se lamentaba de no haber pedido los números de contacto de las hermanas.
–¡Maldita sea! ¡Este teléfono no sirve para nada! –se quejó.
–¡El que no sirve para nada eres tú! –gritó Nino dándose la vuelta y bajando la cabeza en gesto abatido–. Con lo que me he esforzado para terminar los deberes... ¿Por qué ha tenido que pasar esto?