Hace casi diez minutos estoy contemplando fijamente como mi alumno resuelve la consigna. No podría sacar mis ojos de encima de él, ni aunque quisiera. Me parece fascinante verlo pensar y esforzarse hasta que lo logre. Sus gestos de decepción cuando se confunde son verdaderamente hermosos, al igual que la sonrisa que se le dibuja en el rostro cada vez que hace bien algún ejercicio.
Simplemente disfruto de verlo hacer cosas tan simples como respirar, porque hasta eso hace que parezca algo entretenido de ver. Sí, hay muchas veces que lo detesto más que a nadie en este mundo, como ayer cuando intento chantajearme, e hizo sonrojarme, o cuando veo que le ofrece esa sonrisita a otras en lugar de a mí. Lo sé, tengo novio, y creo que él también está empezando algo con Staphanie, pero saber eso no impide que fantasee con volver a estar en sus brazos.
Ni siquiera sé porque ni desde cuando tengo estos pensamientos sobre el. Creo saber como se llama este sentimiento, pero estoy negada a pensar que sea cierto. Tampoco sé como probarlo de todas formas. ¿Cómo sé que me estoy enamorando? ¿Basta con que solo al verlo sonreír, ya esté esperando el momento en que vuelva a curvar sus labios en otra sonrisa? ¿O que sienta que los minutos no existen cuando estamos juntos? ¿O que no me aburra de mirarlo? Tengo miedo de estar enamorándome. No solo por lo que conlleva ese sentimiento. Más que nada, es por el que temo. Sé que me lastimara, y no quiero. ¿Por qué no puedo sentir esto por Luke?
-¿Madie? Madie... –Chasqueó sus dedos delante de mis ojos para traerme de vuelta al mundo real, desconectándome de mis pensamientos –Terminé.
-¿Si? Déjame ver – Dije tendiendo mi brazo para que me diera el cuadernillo con los ejercicios. Una vez en mis manos, revise los ejercicios, donde sorprendentemente ocho de diez estaban bien – Solo hay dos mal. Vuélvelos a hacer
-¿Solo dos? – Estaba sorprendido de lo bien que los había hecho.
-Sí, Matt. Vas genial, termina esos así los corrijo y ya puedo irme – Dije sonriendo, para ocultar mi cansancio.
Estábamos estudiando en el comedor, pero había dejado mi mochila en el sillón de la sala de estar, así que me dirigí a buscarla con la intención de guardar las cosas para poder ir a casa, pero cuando doy un vistazo rápido al sofá, no estaba allí, ni en el suelo. Vuelvo al comedor donde Matt ya había terminado y estaba esperándome para que le corrigiera la tarea.
-Había dejado mi bolso en el sillón... y ya no está –Comenté confundida.
-La empleada quizás lo llevó a mi cuarto – Dijo tras pensar unos segundos. Luego se puso de pie y empezó a caminar hacia las escaleras. Al notar que no lo seguía, agregó-¿No vienes?
-Ehm... claro – Comencé a seguirlo.
Subimos las escaleras hasta un no muy angosto pasillo, y abrimos la segunda puerta de la izquierda, la cual daba a su habitación. Se encontraba igual que la última vez. Nada había cambiado en casi dos meses.
-Eureka –Gritó al ver mi mochila.
La señaló para que la viera y después fue a buscarla. Se encontraba en la silla de su escritorio. Tendí mi mano para que me la entregara, pero no lo hizo, en su lugar la arrojo hacía un lado y tomó mi mano con una de las suyas. Me quedé sin habla en un instante.
–Sé que dije que no volvería a tocar el tema... pero desde que recibí ese llamado no dejo de pensar en ti.
Ese corto comentario hizo que se me erizara la piel. No podía respirar, se me habían cerrado los pulmones. No era capaz de decir palabra alguna. Mi cuerpo no funcionaba, salvo mi ruidoso corazón que no paraba de latir, y sus latidos eran cada vez más rápidos. Comenzó a acercarse lentamente hacía mí, todavía sosteniendo mi mano. Su boca se dirigió a mi oído. Cerré mis parpados.
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Quédate cerca
Genç KurguMi vida era tranquila. Misma rutina todos los días. Mismas amistades de siempre. Mismo trabajo. No era lo que se llama una chica popular en el instituto ni mucho menos, pasaba desapercibida muy fácilmente y por eso, cuando el chico lindo y codiciado...
